La Voz Invitada de Andrés García Lorca

Incendios: La integración social, clave en la gestión del patrimonio forestal

  • “El urbanismo descontrolado es fuente de muchos problemas con incidencia ambiental”

Incendio en la sierra de “La Contraviesa”, en el paraje de Haza del Lino. Incendio en la sierra de “La Contraviesa”, en el paraje de Haza del Lino.

Incendio en la sierra de “La Contraviesa”, en el paraje de Haza del Lino.

El pasado incendio en la sierra de “La Contraviesa”, que afectó a una significativa masa de alcornoques en el paraje de Haza del Lino, me generó una sensación de pérdida de recuerdos y experiencias unidos a este magnífico paisaje granadino y me motivó una reflexión sobre la realidad de los incendios forestales en nuestra comunidad.

La recurrencia de los incendios forestales en el mundo de clima mediterráneo es una realidad consustancial con el modelo de ecosistema que lo caracteriza y forma parte del sistema natural de renovación de nuestros bosques.

El problema es que el porcentaje de incendios en España producido por causas naturales es del orden del 4% del conjunto de los producidos, en Andalucía la tasa es más alta, mientras que el 96% tiene un origen en factores antrópicos, es decir, por causas provocadas o relacionadas con los seres humanos. Esta diferencia en el origen marca la extensión e intensidad de los incendios forestales en las últimas décadas; en veinte años hemos perdido en Andalucía 6.528 hectáreas de arbolado y 5.163 hectáreas de matorral.

Normalmente, salvo la acción incontrolada de los pirómanos, las causas son indirectas y tienen su origen en los cambios territoriales habidos a partir del éxodo rural que se inició en la década de los años cincuenta del pasado siglo XX.

Ello determinó el despoblamiento rural y con ello la extinción de muchas actividades ligadas a la explotación y manejo de los bosques, así como a los modos de vida que constituían las bases económicas de la población, permitiendo el desarrollo de una continuidad de la superficie vegetada, sin control alguno, así como de materia seca de fácil combustión.

Recordemos el abandono de las tierras labradas, la disminución del pastoreo extensivo o la pérdida de los aprovechamientos del bosque, como el caso del ramaje seco para el carboneo.

Unido a ello la aparición de un fenómeno como el urbanismo descontrolado, que buscaba un cierto nivel de aislamiento en un medio lo más natural posible, ignorando los efectos negativos de su ubicación y una falta de conciencia de los riesgos naturales, generó un marco de peligrosidad respecto a los factores naturales y antrópicos provocadores de incendios forestales.

El factor clima

No podemos dejar de señalar la variabilidad climática y sus efectos, como los períodos de fuertes sequías, que agostaban las masas vegetales naturales o las debilitaban a niveles de crisis de subsistencia por insuficiencia hídrica, favoreciendo la propagación de cualesquiera de los agentes que podían provocar un incendio.

Esta situación exige un control y gestión de los terrenos forestales que, si bien están normativamente desarrollados, tiene muchas deficiencias en la práctica por causa de una inadecuada respuesta ante la realidad de las situaciones de riesgo y ante los mecanismos de control y extinción de incendios. El refrán de que “más vale prevenir que curar”, cobra carta de naturaleza ante esta realidad.

La gestión forestal exige una actuación continuada y programada en el espacio y en el tiempo, no es aconsejable el modelo puntual de campaña, entendida como una definición de control y actuaciones durante un período limitado, aunque sea del máximo riesgo potencial.

El trabajo de protección y cuidado de nuestros bosques obliga a la actuación permanente en campo, por equipos debidamente formados o cuanto menos dirigidos por expertos forestales. No son solo vigilantes que detectan problemas o denuncian situaciones, son trabajadores que realizan labores silvícolas elementales de aclareo, poda o restauración de la cubierta vegetal.

El papel de los ayuntamientos

Los ayuntamientos deben de ser muy cuidadosos en la vigencia y control de la disciplina urbanística, evitando la proliferación de residencias que no respondan a las normas de protección ambiental. El urbanismo descontrolado es fuente de muchos problemas con incidencia ambientales serias, ya sea por la evacuación de residuos y aguas sanitarias, como de riesgo potencial de incendios.

Creemos que es necesario repensar el modelo de gestión ambiental, no solo en lo referente a la estructura administrativa del modelo, si no de los conceptos, como es el caso de la participación social, que debe ir más allá de un figurado sistema de consulta, es conseguir la integración social en la gestión del patrimonio forestal de las comunidades territoriales, como ocurre en las zonas de los pinares sorianos, donde las comunidades locales cuidan y gestionan ese patrimonio forestal, demostrándose, por la evidencia empírica, que son las menos expuestas a los incendios forestales.

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