Estimados mandatarios, váyanse de vacaciones

Que a los políticos les urge un descanso ha quedado evidenciado esta semana, entre otras, con las invectivas contra la cartelería de Igualdad sobre violencia machista

Juan Marín y Rocío Ruiz posan juntos en un acto. Juan Marín y Rocío Ruiz posan juntos en un acto.

Juan Marín y Rocío Ruiz posan juntos en un acto. / J. M. Vidal / Efe

1 Campaña indigna

Toda campaña es discutible, va de suyo. Se puede cuestionar el mensaje, la forma, la oportunidad y hasta las intenciones… pero la reacción de la izquierda a la última campaña de Igualdad sobre malos tratos es mucho más que eso.

Las guerritas culturales, reavivadas por Vox con su catálogo de mitos ideológicos, ha excitado el instinto de la izquierda patrimonializando ciertos campos de batalla como el feminismo o lo LGTBI, Carmen Calvo dixit… y pixit. Lo del Orgullo fue revelador. Se confunde que los conservadores lleguen –por lógica– tarde, con que estén excluidos. En este país hay demasiados repartidores de carnés, ya sean de constitucionalista o de demócratas.

La izquierda andaluza, más allá de eso, parece motivada por un factor indisimulable: se les hace insoportable ver a la derecha en el poder, como si éste les hubiera sido usurpado. Pero, ay, es la democracia, y hubo más votos para ellos. Fue gente de izquierda, esa gente estupenda con una autoestima moral de primerísima, la que no fue a votar por cientos de miles aquel 2-D.

¿Y la campaña? Pues acabemos rápido: no es una gran campaña, pero es semejante a otras tantas, algunas promovidas bajo gobiernos socialistas. Eso sí, cometía un error de partida: prestarse al equívoco de que eran víctimas reales. Por supuesto, como casi siempre, son fotos de modelos que lo mismo sirven para un roto dental que para un descosido de Inditex.

Esa ambigüedad fue el flanco débil por el que se abrió una línea de ataque y, a partir de ahí, aprovechando la debilidad de la consejera de Igualdad, creció el incendio hasta reclamar su retirada por indignidad. Todo un exceso, porque no es la primera campaña que apela a valores positivos inspirando confianza en que tras la denuncia hay vida, algo que recomienda hacer el propio Pacto de Estado.

Otra cosa distinta es la escasa habilidad en la Junta de Andalucía, o más exactamente en Igualdad, ya bajo los focos por otras polémicas como aquella de las evidencias científicas de la brecha salarial. Si entre la ciudadanía cunde la percepción de que Vox está condicionando al Gobierno con su lenguaje de violencia intrafamiliar, es de 1º de Consejero saber que te van a mirar con lupa tu primera campaña, que quizá debía tener un aire menos balsámico.

Con todo, lo sucedido esta semana evidencia, por un lado, que a los responsables de Igualdad ya se les puede presuponer la torpeza como el valor a los legionarios, y, por otro, que la izquierda no ha digerido su derrota. El espectáculo pidiendo la retirada de una campaña ha sido un exceso. Mucho más indigna ha sido la campaña contra la campaña que la campaña. Eso sí, tampoco hay que ponerse estupendos como el presidente y sus adláteres: los mismos no han dudado en usar el terrorismo contra gobiernos de izquierda, ¿van a sufrir ahora un ataque de hay-cosas-que-no-se-tocan?

2 La chupipandi de la Cultura

La marcha de la viceconsejera de Empleo denunciando presiones del PP, es más, "inmensas presiones", y de Fernando Francés con un portazo a la Consejería de Cultura… debe de ser otro de esos momentos estupendos para Elías Bendodo, que define estas huidas como "cambios a mejor". Como los diez anteriores, claro.La marcha de Fernando Francés daba para recurrir al manoseado título de García Márquez, porque esa crónica estaba más que anunciada. La adaptación a lo público del gestor que convirtió el CAC de Málaga en un éxito suscitaba escepticismo.

Ahora, sin el parapeto de Francés, los focos ya apuntan a Patricia del Pozo. Sin necesidad de leer entre líneas la carta de Francés, hay serias dudas de que su perfil rancio dé para alentar ninguna clase de innovación cultural o que su pusilanimidad augure que vaya a afrontar decisiones polémicas. Haciendo el juego de palabras obvio, no va a ser fácil sacar Cultura del Pozo.

Hay un aspecto colateral: Cultura adquiere un perfil centralista muy sevillano, algo que tal vez calme a quienes andan de jeremiada en jeremiada sobre el exceso de malagueños. Del Pozo siempre se ha movido con una pandillita íntima de arenistas, donde está la sustituta de Francés, y la sustituta de la sustituta de Francés: Mar Sánchez Estrella y Macarena O'Neill.

El temor a que la Consejería de Cultura se convierta en la Concejalía de Cultura de Sevilla, cargo que ya tuvo Sánchez Estrella, está justificado. Uno de los proyectos clave de Francés, descentralizar con criterios de proyectos de calidad, se ve ahora no ya lejos sino perdido. No apunta por ahí la nueva Chupipandi de Cultura.

3 ¡Vacaciones ya!

A la consejera de Igualdad le convienen unas vacaciones, por razones obvias, y sin llevarse bibliografía sobre la brecha salarial. A la consejera de Cultura le convienen unas vacaciones, y a ser posible fuera de Sevilla. El consejero Juan Bravo necesita vacaciones y preferentemente no en calidad de Juan Bravissimo, profeta del paraíso fiscal. Al consejero de la Presidencia le convienen mucho unas vacaciones saliendo de palacio a la realidad.

Y ahí podría coincidir con la oposición, a la que también le urgen vacaciones para recuperar la noción de la realidad. A los portavoces parlamentarios broncosos les convienen vacaciones, en algún lugar sereno, sin la protección de la presidenta de la Cámara…. En definitiva, a todos.

Las vacaciones son un derecho, pero sobre todo una necesidad. Ha sido un año duro. En Andalucía, está casi todo por hacer tras el cambio, a pesar de la propaganda que el propio Bendodo ha vuelto a exhibir impúdicamente esta semana: "En seis meses, Andalucía ha pasado del furgón de cola a liderar las cotas de crecimiento en los distintos parámetros de la economía española". Hay síntomas de fatiga mental.

Nunca es una buena noticia que la clase política se quede sin vacaciones y en España va a suceder por la investidura, pero los dirigentes andaluces deberían hacerlo. En una variante de los tres tiempos de la lidia taurina, deberían dejar de mandar por unos días y dedicarse a parar, templar y pensar. Frente al rebalaje de cualquier playa o a la sombra rumorosa de cualquier arboleda, pero parar, templar y pensar. Será mejor para ellos y mejor para todos.

Nota bene: También esta sección echa el cierre hasta septiembre. No sólo los dirigentes necesitan parar, templar y pensar.

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