Gran Circo en el Parlamento andaluz… ¡Funciones televisadas!

El ex presidente de la Junta Manuel Chaves, en la Comisión de investigación de la Faffe. El ex presidente de la Junta Manuel Chaves, en la Comisión de investigación de la Faffe.

El ex presidente de la Junta Manuel Chaves, en la Comisión de investigación de la Faffe. / Antonio Pizarro

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No era necesario dar una bienvenida honorable a Chaves como a Pujol en el Parlament cuando acudió a la comisión de investigación sobre la financiación de Convergencia. Respetuosamente, salieron a recibirlo todos, incluso la CUP, partido siempre dispuesto a exhibir sus formas más pedestres. Demasiadas atenciones con el no Molt Honorable concediéndole trato de Padre de la Patria del 3%. Sin embargo, aun sin darle esa bienvenida a Chaves, algún respeto se le debía al presidente andaluz durante dos décadas. Sí, por supuesto, sobre Chaves pesa la sombra de escándalos de gestión muy alarmantes que ya deberían estar sentenciados. Pero la investigación no está reñida con un mínimo decoro. Claro que lo sucedido en el Parlamento, con un puñado de patanes de la mayoría pataleando por no lograr su objetivo, no es algo que retrate a Chaves sino a quienes pretendían montar un circo televisado como cierre de campaña. 

La imagen del joven diputado de Ciudadanos que presidía el aquelarre, hablándole a Chaves como un cabo chusquero a un quinto pelón, quedará en el archivo de un Parlamento que se respeta muy poco a sí mismo. Es probable que se sienta orgulloso y piense que ya tiene sus cinco minutos de gloria que contar a sus nietos. Hay quien cree que cosas así dan sentido a una vida. El parlamentario porcunense –la justicia poética tiene estas cosas– por demás retrata la deriva de Ciudadanos, algo que suele escenificar a menudo el portavoz del grupo, que es el campeón del tono perruno que se va imponiendo en la cámara. A Cs ya no se les distingue de Vox en la sala. "Juan Marín es otra cosa", te dicen a veces. El problema quizá sea que Juan Marín cada vez se parece menos a Ciudadanos. 

El PP sabe lo que se hace. Supieron entender que Don Ángelo es un símbolo, y con Don Ángelo empezaron la campaña del 2-D y pretendían cerrar la campaña del 10-N. En definitiva, si de los ERE lo que la gente recuerda es al chófer de la cocaína, sin duda de Faffe lo que se recuerda es aquella farra de 15.000 pavos en ese puticlub. Y además el PP ha tenido la habilidad de dejar el papel más rastrero a Ciudadanos, mientras Nieto ponía su mejor gesto de no haber roto un plato –nada que ver con el porcunense– para elevarse sobre la melé chusca. Pero sin duda confiaban en la rentabilidad electoral  de volver a ese episodio indigno de Don Ángelo. Un circo de este calibre no se monta por nada. 

Es probable que hayan hecho un favor al PSOE. De haberlo citado sin ese descarado oportunismo, tras la semana de campaña o antes de ésta, tenían tralla de sobra para darles estopa. La huella de los escándalos socialistas son oceánicas. Pero a las tres derechas notoriamente les interesaba poco la verdad. De haber sido así, habrían hecho una lista de comparecencias iniciada con los técnicos para fijar las claves. Su plan era obvio: colocar a tres ex presidentes y una ministra ajena al asunto en la picota para cerrar la campaña, retransmitirlo por Canal Sur y hacer piezas de vídeo para las redes, según los cánones de Sanmartín. Era un plan estupendo, sin duda, con un único matiz: resultaba muy evidente la encerrona descarada para sacarle rentabilidad electoral. Ahora el PSOE, que sigue debiendo muchas explicaciones, ha podido ejercer un cierto victimismo por las malas formas de la comisión. Un balance glorioso

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En cambio, después de tratar al presidente de la Junta como a un facineroso, los representantes de las tres derechas se deshicieron en cortesías con el dueño del puticlub Don Ángelo. Tiene sentido, por supuesto.

Una diputada de Ciudadanos le dijo: "Muchas gracias por comparecer en su casa, en el Parlamento". Y parecía por momentos que iba a añadir furiosamente: "No como esos miserables socialistas que usurparon esta casa más de treinta años". 

También le pudo decir: "Esta usted en su casa, en el Parlamento…  siéntase cómodo, ya ve que lo hemos convertido en algo parecido a su negocio".

La señora de Vox, llamada Mulas –los apellidos no son bromas, pero la justicia poética tiene estas cosas, como que el portavoz del PP para ejercer aquel pirateo moral se llame Erik– le elogió por dar "ejemplo". Todo un ejemplo. 

Se veía que los presentes estaban encantados. En definitiva, gracias al propietario del club de alterne, tuvieron al menos una función de su circo antes del cierre de campaña. Y se les veía realmente agradecidos, concediendo un trato exquisito al propietario de Don Ángelo. Al dueño del puticlub, como ellos lo llamaban, le preguntaron  cortésmente si en su local se practicaba sexo y había alcohol. Ahí es nada, vaya audacia, ¡preguntarle al del puticlub si había sexo! Queda claro que allí había un puñado de héroes cívicos investigando con un coraje imponente para sacar la verdad a flote.

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¿Era necesario todo esto? ¿De verdad era necesario todo esto? ¿Era necesario tratar de convertir el Parlamento en un circo con las cámaras de la televisión pública para retransmitir la función? ¿Era necesario continuar la tarea constante de demolición del prestigio de las instituciones? ¿Era necesario dar coartadas a un PSOE que sigue arrastrando un lastre de corrupción muy  grave? ¿Era necesario el cinismo de los portavoces de las derechas haciendo el papelón de "ay, pero si era con buena fe…"? ¿Era necesario que la presidenta del Parlamento nunca aparezca cuando hay que defender la respetabilidad del Parlamento? ¿Era necesaria una simulación a sabiendas de que la documentación está bajo secreto sumarial? ¿Era necesario desacreditar las comisiones de investigación? ¿Era necesario evidenciar que la verdad sobre esos escándalos de la etapa socialistas es su última prioridad?... Porque la impresión es que todo eso era y es innecesario, y que sus señorías usan el prestigio de las instituciones al servicio de sus tacticismos electorales cortoplacistas. Los representantes de los andaluces no representan a los andaluces; sólo a sus partidos. Por eso han preferido tratar de pescar en un charco embarrado antes que poner algo de claridad. No es raro que la clase política aparezca en el CIS no ya desacreditada, sino considerada por los españoles como unos de los mayores problemas del país. Pero naturalmente esto no preocupa nada al Tri… al Tricharquito

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