Jose Manuel Atencia | Soltando grillos Los míos y los tuyos, la realidad de las primarias

  • Las candidaturas para las elecciones generales revelan la pérdida de poder orgánico de las direcciones de los partidos andaluces frente a los líderes nacionales

Ilustración de Rosell Ilustración de Rosell

Ilustración de Rosell / Rosell

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DE todos los procesos electorales que ha vivido el PSOE en Andalucía para la designación de sus candidatos para unas elecciones generales, el de ahora está siendo, sin duda, uno de los más clarificadores. Las ejecutivas locales han hecho sus propuestas, los militantes han votado, las direcciones provinciales han cambiado el orden sin importarles el resultado y el comité federal del PSOE le ha terminado de dar un vuelco. De ahí que, al final, de lo votado por los militantes a lo que irá finalmente en las papeletas hay el mismo parecido que entre un huevo y una castaña.

Casi todos los partidos políticos se mueven con una democracia interna de primero de primaria. O a dedo, o con elecciones teledirigidas. En Málaga, por situarnos en una provincia concreta, de los cabezas de cartel anunciados, casi todos han sido impuestos por sus partidos en Madrid. O a dedo o con primarias que se han resuelto a dedo: Nacho López (PSOE); Alberto Garzón (Unidas-Podemos) y Pablo Montesinos (PP). La candidatura de Ciudadanos será liderada por Guillermo Díaz, que es el único candidato que ganó en sus primarias. Era el preferido por la dirección de Madrid y salió refrendado en una votación en la que participaron poco más de 300 militantes.

El proceso asambleario en un partido político –pongamos que hablo ahora del PSOE– para designar a los candidatos que concurrían a unas elecciones funciona más o menos así: las direcciones locales hacen una lista con las personas que hay que elegir, movilizan a sus afines y, salen elegidos exactamente los que había designar. Si realmente esto fuese de otra manera, sería imposible creer que los militantes socialistas de Sevilla llegaran a considerar que existen hasta nueve dirigentes mejores que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, para ir de cabeza de cartel por esta provincia. Es evidente que más que votar por una lista, los militantes optaron por lo que le habían pedido: una demostración de fuerza.

El sistema funciona con una fórmula bien sencilla. Hay un sector oficial, que manda, y un sector crítico, que aspira a mandar; pero, a veces, ocurre que el sector es crítico en un sitio y oficial en otro, o a la inversa. En Andalucía, el PSOE está en manos de Susana Díaz, que es el sector oficial en esta tierra. Mientras en España, el PSOE federal está en manos de Pedro Sánchez, que es el sector crítico en Andalucía. Y todos los líos de las candidaturas no tienen más que esa premisa, por muchas asambleas y muchas votaciones que se hayan hecho.

La estrategia de poner sobre la mesa los apoyos orgánicos en Andalucía, para rebajar las exigencias de cambios que planteaba Ferraz, puede ser un buen argumento político en tiempos de batallas orgánicas, pero es un mal ejemplo de democracia interna. Exactamente, el mismo mal ejemplo que está dando la dirección federal con esa otra vuelta de tuerca, la de ir quitando a uno suyo para poner uno mío; o echando a otro de allá, para recolocar otro acá. La realidad final es la que es y lo que se sabía de antemano, que los partidos son instituciones escasamente democráticas en sus mecanismos internos, donde no se premia a los mejores, sino a los más afines.

Los militantes optaron por lo que le habían pedido: una demostración de fuerza

Posiblemente el mejor resumen de todo lo ocurrido en el PSOE en la elaboración de las listas esté encerrado en estas pocas palabras: “Los míos al Congreso, los tuyos al Senado”, que vino a ser lo que le advirtió la dirección federal a la dirección andaluza los momentos previos a llevar las listas a las agrupaciones. Esa frase es la versión renovada de “Tú a San Telmo y yo a Moncloa”, pero, una sin San Telmo, y, otro, escurriéndose de La Moncloa.

El PP es un partido que estos riesgos no los corre. Se les ocurrió hacer unas primarias y salió de presidente el que no estaba previsto. Desde entonces, se acabaron los experimentos. Ahora para las candidaturas a las Generales, ni primarias ni listas ni asambleas. Pablo Casado ficha al periodista Pablo Montesinos y les anuncia a los de Málaga que irá encabezando la candidatura por esta provincia. Y eso es lo que hay. Nunca, como esta vez, está siendo tan claro un hecho: las listas para las elecciones generales se están configurando desde los partidos políticos en Madrid y dirigente alguno de Andalucía está pillando bola. No digo nada de los militantes, que han ido a votar candidaturas que no tienen nada que ver con las que irán finalmente en las papeletas de su partido. O no han tenido, tan siquiera la posibilidad de decidir. Al final, estamos en lo de siempre. El eterno conflicto en toda batalla orgánica: el de los míos, frente a los tuyos. En Unidos Podemos en Málaga, ocurrió otro tanto de lo mismo. Enviaron al líder de Izquierda Unida y se dio por concluido el proceso asambleario. De ahí que todo lo que les he contado, se resume en un único mandamiento. Los míos al Congreso y los tuyos al Senado; los míos a las generales y los tuyos a las autonómicas. Los míos por Madrid, los tuyos por las provincias. Y así es la democracia interna.

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