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Las Marismillas, la residencia de verano de los presidentes

  • Pedro Sánchez cumple con la tradición iniciada por Felipe González y recibe hoy a la canciller Angela Merkel en el Parque

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Las MarismillasLa residencia de verano de los presidentes

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Al menos hasta que Donald Trump llevara sus excesos a Mar-a-Lago, el equivalente a Las Marismillas habría que buscarlo en Camp David, una residencia en la que los presidentes abandonan la Casa Blanca por un entorno más proclive al relajo e incluso a mantener reuniones de alto nivel sin tantas miradas pendientes de la misma.

La residencia de Patrimonio Nacional, continúa con Pedro Sánchez la tradición iniciada en los años noventa por Felipe González y se vuelve a convertir en el lugar de vacaciones del presidente del Gobierno, en esta ocasión con actos oficiales como la visita de la canciller alemana, Angela Merkel, quien añadirá su nombre a una más que completa lista de dirigentes mundiales que han pasado por unas dependencias que convierten a la provincia de Huelva en el descanso de mandatarios de todo el mundo.

Y eso que ha estado a punto de no serlo. Propietarios de un apartamento en la localidad almeriense de Mojácar desde hace varios años, tanto el presidente del Gobierno como especialmente su familia, apuntaban a la localidad del Levante almeriense como destino de sus vacaciones estivales. Un informe realizado por los servicios de Seguridad de la Presidencia del Gobierno lo impidió, al tratarse de una urbanización de apartamentos en los que era imposible garantizar esa seguridad imprescindible entre los mandatarios.

Fue entonces cuando se planteó continuar con esa tradición y la casa palacio de estilo colonial inglés, construida a finales del siglo XIX en una parcela de más de 11.000 hectáreas, reclamó su sitio privilegiado y se aferró a la historia de su pasado como lugar de destino de las vacaciones del jefe del Ejecutivo. Esa historia se gestó cuando el suelo en el que se asienta fue comprado por el duque de Tarifa al bodeguero jerezano Guillermo Garvey, responsable de la construcción del palacio que fue destinado a ser explotación destinada a la agricultura y la ganadería, además de ampliar su superficie con la adquisición de fincas colindantes al mismo. El dictador Francisco Franco la utilizó como finca de caza en los años 40 y el entonces Príncipe de España, Juan Carlos de Borbón, en los 50. En esas tareas se mantuvo hasta 1969, cuando se declaró Doñana como Parque Nacional y los usos de la misma quedaron limitados. La finca fue heredada por los marqueses de Borghetto y la familia Morenés, quienes sufrieron una expropiación por parte del Estado después de un largo proceso judicial que se prolongó hasta 1998.

La residencia presidencial fue obra de Felipe González, quien en 1992 y después de declararla como de uso protocolario, inauguró la costumbre que ha llegado hasta nuestros días y que ha sido seguida por sus sucesores, desde José María Aznar hasta Mariano Rajoy pasando por José Luis Rodríguez Zapatero, también incondicional del Levante almeriense. También fue utilizada como residencia de invitados extranjeros como Tony Blair, Helmut Kohl, los reyes de Bélgica Balduino y Fabiola, así como representantes de casas reales europeas.

El primer dirigente político del que se tiene constancia gráfica que visitó el palacio de Las Marismillas fue Francois Miterrand, en marzo de 1988. La lista de invitados ilustres engordó con la llegada durante esos años de personalidades como Mijail Gorvachov, Helmut Kohl, Mario Soares o Cavaco Silva, entre otros. También el Príncipe Felipe disfrutó en el año 95 de un día de campo en los humedales del Parque Nacional de Doñana durante la serie de televisión que grabó dedicada a la naturaleza y con la que recorrió diversas zonas españolas de gran riqueza natural. En aquella oportunidad coincidió la visita con el último año de la feroz sequía, por lo que el marco tuvo que ser decorado con agua artificial.

A pesar de sus diferencias ideológicas, de las que han quedado constancia en innumerables enfrentamientos parlamentarios, si en algo coincidieron Felipe González y José María Aznar fue en mantener Las Marismillas como centro de sus vacaciones mientras estaban al frente de la Presidencia del Gobierno. A Aznar le visitaron el por entonces primer ministro de Luxemburgo Jean Claude Juncker o el presidente del Partido Popular Europeo, Wilfred Maertens, quienes junto a sus esposas disfrutaron de unos días en el Palacio de las Marismillas en abril del 94. Unos años después fue Tony Blair junto a su esposa Cherie, quienes descansaron en sus dependencias de la más que intensa negociación que llevó a los Acuerdos del Viernes Santo, paso definitivo para la paz que hoy vive Irlanda del Norte. Entre los invitados de Aznar estuvieron también el entonces presidente de México Ernesto Zedillo y el de Colombia, Andrés Pastrana. Con ambos compartió un fin de semana a principios de 2000 cuando los tres regresaban del Foro Económico Mundial de Davos y antes de una visita oficial del mexicano a España. Aznar también llevó a Doñana al primer ministro marroquí Abderramán Yusufi, en julio de 2000, en un momento en que intentaba desbloquear la negociación del acuerdo pesquero UE-Marruecos.

Zapatero también era de los asiduos a embarcar en la localidad de Sanlúcar hasta una residencia a salvo de miradas indiscretas. Suyas fueron las famosas imágenes en las que aprovechaba la privacidad que ofrece el acceso más que limitado a Doñana, para inmortalizar el momento en el que corría ataviado con un chándal.

En los escasos momentos que Mariano Rajoy abandonaba su Galicia natal, hacía de Doñana su destino de vacaciones estivales. No hay imágenes del expresidente en las instalaciones de Las Marismillas, que visitó en repetidas ocasiones con su familia, de cuya privacidad era especialmente celoso.

Tras la moción de censura, Pedro Sánchez continúa con la tradición presidencial a la hora de cruzar el Guadalquivir para acceder a la residencia presidencial del mes de agosto. Al menos habrá imágenes del encuentro que mantiene hoy con la canciller alemana, Angela Merkel, quien ocupará alguna de las 18 habitaciones con las que cuenta la casa palacio. Sobre la mesa, asuntos más allá de la mera visita protocolaria, con la inmigración como primer punto del orden del día. Habrá también visitas al entorno y a los recursos que se dedican a la recuperación del lince ibérico. Doñana se convierte, al menos durante este fin de semana, en el centro político nacional y vuelve a recordar un pedazo del paraíso, literalmente reservado para unos pocos.

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