Andalucía

El PSOE consuma el modelo de bicefalia que más teme

  • Tanto el secretario general como el candidato a la Moncloa deben salir de las urnas: ¿enfrentados?

Pedro Sánchez, ayer en Gijón. Pedro Sánchez, ayer en Gijón.

Pedro Sánchez, ayer en Gijón. / alberto morante/efe

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La campaña electoral de los tres candidatos a las primarias socialistas ya está definida: Susana Díaz quiere representar al PSOE de siempre, Patxi López intenta abrirse paso entre los colosos con apelaciones a la concordia, y Pedro Sánchez se arroga la representación de una militancia enfadada con las instituciones internas. "Pese a las trabas y a los favoritismos, no habrá dique que pare la fuerza de la militancia", dijo ayer Pedro Sánchez en Gijón, en clara alusión a la gestora.

La militancia, esa es la palabra talismán. Sin embargo, la incorporación de la democracia directa en los distintos ámbitos de designación ha llevado al PSOE, sin quererlo, a dotarse de unos estatutos que tienden a la bicefalia e, incluso, a la lucha permanente. No es ningún secreto que los pedristas quieren presentar un candidato propio cuando se convoquen las primarias para elegir al aspirante a la Presidencia del Gobierno. En la reciente historia del PSOE sólo hubo un caso de bicefalia: el secretario general Joaquín Almunia, elegido por un congreso, tuvo a José Borrell como candidato a la Moncloa, elegido por la militancia. Ambos representaban dos legitimidades, pero terminaron enfrentados, de tal suerte que Borrell no llegó ni a las elecciones.

Si Susana Díaz es la secretaria general, los 'pedristas' la expondrán a otras primarias

El choque sería aún mayor ahora ya que el secretario general sí se elige en primarias, la legitimidad proviene de la misma fuente que tendría el candidato a las generales, si fuesen personas distintas. De convocarse estas primarias para la Moncloa, el nuevo secretario general, el que saldrá elegido el 21 de mayo, tendría que pasar por un segundo examen para ser candidato. ¿Y si pierde? ¿Tendría que dimitir?

La ponencia marco que el PSOE lleva al 39º Congreso subraya este problema, aunque lo solventa con voluntarismo: "Estos modelos pueden convivir sin choque de legitimidades". En este partido hay una elección propia de los sistemas presidencialistas, que son las primarias para elegir al secretario general. Hay un modelo representativo, propio del parlamentarismo, para elegir al omité Federal y a la Ejecutiva, y muchas decisiones se toman de forma asamblearia en las agrupaciones. A ello hay que añadir que el PSOE, donde de modo tradicional el secretario general es el candidato, obligará a su líder a pasar por una segunda elección.

De momento, el PSOE ha resuelto el asunto sin que se celebren las primarias para el candidato a las generales; no es que fuesen desconvocadas, ya que son obligatorias, sino que no hubo nadie que quisiese competir con el secretario general, en este caso, Pedro Sánchez. Tanto en 2015 como en 2016 no se abrieron las urnas.

Eso es algo con lo que deben lidiar la nueva Ejecutiva y el próximo Comité Federal. En el caso de que Susana Díaz fuese elegida, también querría ser candidata a las elecciones generales, está en su hoja de ruta, pero Sánchez, o los de Sánchez con otra persona, podrían forzar las primarias.

Lo mismo podría ocurrirle a Pedro Sánchez si, siendo secretario general, es incapaz de integrar a las federaciones y a los barones territoriales. Se entraría en un cambio en continuo, en una inestabilidad permanente.

Una de las soluciones es que el secretario general reúna a todas las sensibilidades del PSOE en el congreso. Desde el 21 de mayo, que será elegido, hasta el 17 y 18 de junio, fecha de los congresos, hay tres semanas para negociar la integración. Los partidarios de Patxi López se integrarían bajo cualquier líder, pero no parece que Susana Díaz acoja a los pedristas si éstos pierden. Y, al contrario, también sería muy difícil.

El gran problema de esta campaña electoral es que se está planteando en términos de enemigos irreconciliables, y no de contrincantes que tendrán que seguir conviviendo en un mismo partido político.

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