Cinco Llagas

Patio de colegio

  • El PSOE prueba su propia medicina. Nueva bronca en el pleno parlamentario por el estilo camorrista que PP y Cs dedican a los socialistas, copiado de las viejas tácticas del PSOE andaluz

Susana Díaz ríe divertida, mientras Mario Jiménez le revienta la sesión a Marta Bosquet. Susana Díaz ríe divertida, mientras Mario Jiménez le revienta la sesión a Marta Bosquet.

Susana Díaz ríe divertida, mientras Mario Jiménez le revienta la sesión a Marta Bosquet. / EFE

Penosa sesión de control al presidente de la Junta en el Parlamento andaluz, ajena al decoro institucional. Gamberreo del portavoz socialista con la presidenta de la Cámara, intervenciones impropias de los voceros de PP y Cs… Abandono de los diputados de Vox, enfadados porque la Mesa no admitió su pregunta y protesta de su representante. En un patio de colegio hay más compostura. La cosa empezó a ir mal en el turno de los portavoces de los dos partidos del gobierno. Romero (Cs) era reincidente: ya presentó sus credenciales hace dos semanas para hacerse con el papel de Rufián en esta Cámara; sólo le falta venir un día con la fotocopiadora.

Su intervención ayer se centró en una ácida crítica a la gestión sanitaria del pasado Gobierno socialista. Una acción impropia, porque contraviene el artículo 162 del Reglamento que regula estas sesiones de control. El texto se refiere a preguntas de interés general para la comunidad autónoma, dirigidas al presidente. Con ese argumento, la Mesa rechazó una pregunta de Vox, que quería protestar porque se les alude como fascistas o extrema derecha constantemente. Pero en las pasadas legislaturas el portavoz del PSOE aprovechaba para meterse impunemente con la oposición y ahora los de Cs y PP imitan el hostigamiento. Y los presidentes del Parlamento antes y ahora han consentido el desatino.

Sergio Romero hizo un elogio superlativo de los 102.000 profesionales sanitarios del SAS, a los que calificó de héroes y auténticas joyas de la corona, frase con la que la presidenta Díaz adornaba sus referencias al Servicio Andaluz de Salud. Dispuesto a agradar en vísperas electorales, el diputado de Cs dirigió su aplauso universal a todos los trabajadores del SAS, sin excepción. Y después se dedicó a sacudir al PSOE de lo lindo. Consideró una in-de-cen-cia y un escándalo que se haya escondido a medio millón de andaluces en las listas de espera, con el argumento de que eran transitoriamente no programables. Aquí se puso dramático el representante del llamado clan de la manzanilla, por su condición de sanluqueño: "Acaso no tenemos sentimientos, no sufrimos", declamó. Sólo le faltó echar mano de Shakespeare en el Mercader de Venecia: ¿si nos hacen daño, no nos vengaremos? Porque aquello era un vendetta en toda regla de los socios de investidura de Susana Díaz hace cuatro años.

Moreno se sumó encantado al despelleje del anterior Gobierno y después relató medidas contra diabetes, cáncer de colón, protección de los profesionales o eliminación de la subasta de medicamentos. En la misma línea estuvo el popular Nieto. El diputado popular tuvo una intervención impecable hace dos semanas, pero en el segundo asalto, en vez de arrastrar a la corrección a Romero, se dejó contaminar del estilo hooligan de su socio. Su ataque personal al socialista cordobés Ruiz García estuvo fuera de lugar y habría merecido un turno de réplica del interpelado, que la presidenta no permitió. Ruiz había desmentido en una pregunta anterior que se hubiese ocultado a medio millón de andaluces en las listas de espera sanitarias con el argumento de que así se contabiliza a los pacientes en todas las comunidades autónomas. Nieto, engreído, le dijo que debía disculparse y que si no lo hacía, su grupo debería darle otra responsabilidad.

Estos ataques personales jamás tuvieron un turno de defensa del agraviado con el anterior presidente de la Cámara, el socialista Durán. La ciudadana Marta Bosquet repite el estilo dontancredista de su antecesor. Increpada de malas maneras por el portavoz socialista para pedir una de réplica, la presidenta no vio motivo alguno. Jiménez aprovechó para ningunearla, aludiendo a que copresidía la Cámara con Esperanza Oña o que tenía que pedirle permiso a la diputada popular para decidirse, en medio del barullo y la bronca de sus compañeros de bancada y el regocijo de Susana Díaz. La ex presidenta parece haber olvidado su preocupación en el pasado por el respeto institucional.

En cascada, Romero y Nieto se equivocaron de tono. Y Jiménez también. Y, para no ser menos, Bosquet erró en el arbitraje. Espectáculo bochornoso, como para no volver por las Cinco Llagas en un trimestre, hasta que no terminen las dos convocatorias electorales. Se da el caso curioso de que el airado diputado socialista Mario Jiménez estaba haciendo un Neymar. Aparentaba dolerse de una maniobra intencionada del adversario que él tenía por costumbre practicar contra el PP en todas sus intervenciones. Una de sus piezas antológicas, contra Javier Arenas en abril de 2010, provocó que el Grupo Popular abandonase el Pleno. [Dijo entonces que el PP era frívolo, irresponsable, ruin e indolente; que fundamentaba sus esperanzas en las desgracias, problemas y dificultades de los andaluces… Que Arenas era el más irresponsable líder de la oposición que ha tenido esta tierra y si gobernaba, las personas mayores, la sanidad pública, la educación pública, la dependencia estarían en la cuneta de Andalucía]. Nieto y Romero son alumnos aplicados de tan fino y elegante estilo. El PSOE se queja ahora de ser víctima de su propia medicina.

El presidente Moreno, cómplice de la astracanada, pidió al PSOE más autocrítica, con lo que la sesión de control al Gobierno se convirtió en una sesión de control al Gobierno anterior. Un despropósito que supera el sambenito de la herencia recibida. En paralelo a tanta animadversión, Juanma ofreció diálogo a la oposición socialista y anunció que a partir de ahora no habrá contratos en el SAS de menos de seis meses.

Feliz con el camorrismo de su brazo derecho, Díaz calificó la tensión creada de esperpento. Se zafó de toda responsabilidad con la excusa de hacer un homenaje a Pérez Llorca y a un espíritu de consenso del que su grupo actual no tiene vestigio. "No nos van a amedrentar", dijo como toda respuesta a la táctica con la que PP y Cs imitan la que los socialistas practicaban desde el Gobierno y de la que tienen la patente.

La ex presidenta preguntó sobre la violencia de género. También lo había hecho, con un entusiasmo mitinero, la portavoz de Adelante Andalucía, Ángela Aguilera. Ambas hablaron de brecha salarial y en las pensiones, de la precariedad y las mil mujeres asesinadas en los últimos 15 años. Pusieron el foco en Vox y pidieron explicaciones a Moreno, que en los dos casos dijo que sólo se hacía responsable de los dos grupos del bipartito.

Díaz calificó a los ultranacionalistas de "socio del Gobierno andaluz". Cuando en la pasada legislatura Moreno le decía que Ciudadanos era su socio de Gobierno se molestaba. Aquí también se repite la imitación. Como en el asunto de hacer oposición a la oposición incumpliendo el Reglamento de la Cámara. El cambio que traía Moreno parece que no afecta a nuevos modos parlamentarios. Son los mismos de siempre, con los papeles cambiados.

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