Saca de las Yeguas

Almonte saca sus tropas

  • Cinco siglos de tradición galopan de nuevo en la ancestral Saca de las Yeguas.

Polvo, arena, barro y agua. Yegüerizos con gorras y sombreros de ala ancha se vislumbran por el horizonte. Acaban de agrupar el ganado tras su paso por el corazón de Doñana. Los potros trotan junto a sus madres, yeguas adultas que se cuentan por centenares. Recorren las marismas y las playas del Rocío, con la Blanca Paloma por testigo.

No es la única. Cientos de personas aguardan el paso de las yeguas por la aldea. El cura de la ermita bendice la raza marismeña. Más de cinco siglos de historia avanzan hacia Almonte entre los pinares. Las tropas avanzan entre el polvo, como si de una caravana del Oeste se tratara, y alcanzan finalmente su destino cruzando su expectante pueblo hasta los corrales del recinto ganadero.

Es el momento de la tusa, que así se llama el corte de las crines y la cola; de la escoba para desparasitar a los animales; y del herrado para marcar a las potras. Al día siguiente se iniciará la venta del ganado y con ella llegarán los tratos a la más vieja usanza, aún conservada en este lugar, cuando se estrechan las manos culmina la conversación y la venta queda cerrada.

La emoción del marismeño

Diego Torres, ganadero y santero, se conmueve al recordar su infancia junto a las yeguas. "Cuando llegaba la feria, el día 26, yo iba de corral en corral. Llegaba a clase y mi maestro, don Antonio Garrochena, me nombraba con cariño. 'Ea, ya va llegando el marismeño', decía. Y no sólo eso. Había también una tradición muy bonita que a los jóvenes les ilusionaba mucho. Después de herrar a un potrillo, se montaba un niño. Y ahí estaba yo, o cualquier otro parecido a mí esperando el turno".

Los yegüerizos durante la bendición en la ermita de El Rocío. Los yegüerizos durante la bendición en la ermita de El Rocío.

Los yegüerizos durante la bendición en la ermita de El Rocío. / Antonio Pizarro

Con voz rota y una emoción que contagia, expresa sus sentimientos. "El marismeño siente una libertad tremenda en esa llanura, monta su caballo y se siente un rey o poco menos. Y cuando entra en el pueblo, lo hace conduciendo su ejército, que son las yeguas. Los sentimientos del marismeño son muy profundos y antiguos".

"El marismeño siente una libertad tremenda en esa llanura, monta su caballo y se siente un rey"

Cuando se le pregunta por el Parque Nacional de Doñana es claro. "Parecía que estorbábamos los marismeños. Actualmente no es así, el marismeño no necesita veredas ni caminos, lo único que ha de saber es a dónde va. Montado en su caballo llega a todos los sitios. Eso es lo que precisamente molestaba antaño a algunas personas, que pensaban que el parque era una finca particular de ellos".

La Saca de las Yeguas fue regulada por el Duque de Medina Sidonia en 1504. Pero su origen es muy anterior. Es sabida su relación con los tartesios, en concreto con Argantonio, el Rey de la Plata, que utilizaba estos animales para transportar minerales desde Riotinto hasta su palacio y desde allí los embarcaba hacia diferentes lugares.

Yegüeros agrupando agrupando hacia el toril. Yegüeros agrupando agrupando hacia el toril.

Yegüeros agrupando agrupando hacia el toril. / Antonio Pizarro

Existe también documentación de la época de Abderramán lll, que proclamó un día de fiesta nacional para poder ver sentado, en la puerta de su palacio, pasar entre 2500 y 3000 potros, que luego eran adiestrados para la guerra.

La Saca, junto con la devoción a la Virgen del Rocío, es la seña de identidad de los almonteños, cuyo carácter se ha forjado con ambas tradiciones durante siglos. Los marismeños llevaron caballos a América. Un claro ejemplo es el mustang, el caballo salvaje de Norteamérica, que se escapó de la guerra y se asilvestró.

Esta tradición ancestral sólo se vio interrumpida el año pasado, por discrepancias sobre el uso ganadero de una finca. En 2018, ha vuelto con fuerza.

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