sonia gaya. consejera de educación

"Hay que escuchar, lo bueno y lo malo"

  • Esta profesora llega al Gobierno de la Junta, tras años de experiencia en UGT, con la misión de atajar el descontento de los docentes que han soportado el peso de la crisis

Sonia Gaya, consejera de Educación de la Junta de Andalucía. Sonia Gaya, consejera de Educación de la Junta de Andalucía.

Sonia Gaya, consejera de Educación de la Junta de Andalucía. / José Ángel García

La nueva consejera de Educación, Sonia Gaya (Huelva, 1969), no ha tenido los cien días de gracia del que suelen gozar los políticos recién llegados al cargo. "Creo que ni unas horas", comenta esta profesora de inglés, que ha sido dirigente sindical de la UGT en la federación de Educación. Llega a uno de los departamentos más complejos de la Junta, también el más extenso, junto al de Salud: en Andalucía hay 1.800.000 alumnos, 4.500 centros y 95.500 docentes que pronto llegarán a algo más de 100.000 con la incorporación de los profesores que son necesarios después de haber reducido las horas lectivas a la plantilla que se implantaron con motivo de la crisis. Desde el año 2008, ella es la sexta persona que ocupa el puesto de consejera de Educación.

-Un compañero suyo de Gobierno sostenía, hace algunos meses, que donde había una crisis larvada por el descontento de los profesionales era en el sector de la educación, menos aparente entonces que el motivado por la fusión hospitalaria. ¿Lo comparte?

-Es verdad que los empleados públicos han soportado también el peso de la crisis, a pesar de que se están recuperando ahora esos derechos.

-Cuando habla de derechos, ¿a qué se refiere? ¿Salarios y horas lectivas de más?

-Las horas en la docencia tienen gran importancia. Cuando se pasa de 18 horas lectivas a 20 o a 21, ya sumas muchas horas con niños que, a veces, están en aulas con ratios muy ajustadas. El profesional sigue con su trabajo fuera de la clase, hay mucho que hacer y eso se no se puede dejar, sino que se añade a esas horas lectivas de más. Pero a los docentes lo que, realmente, le preocupa es la calidad de su trabajo, lo que les gusta es eso: su labor docente, pero en condiciones.

-Eso dicen los profesores, que más que sueldo es la calidad de lo que pueden ofrecer y también explican que las costuras se saltaron hace tiempo.

-Si hay algo roto, hay que arreglarlo. El problema, creo, es que hay que hablar y, sobre todo, hay que escuchar, hay que escucharlos. Su puede tender la mano, pero si el otro no lo percibe como algo sincero, no vale de nada. Hay que escuchar lo bueno y también lo malo, hay que visitar los centros, pero sentarse a puerta cerrada con el equipo docente, con el personal de administración y servicio cuando sea necesario... Y aguantar las críticas, porque ellos son los que están en el centro. Aquí no es fácil ejecutar las decisiones, por las dimensiones, Educación es muy grande, son 4.500 centros, ahora serán más de 100.000 profesores, 1.800.000 alumnos, esto es complicado, pero hay que iniciar los caminos. Muchas veces se toman decisiones desde la consejería, o desde la Junta en su conjunto, que se entienden y se saben que son acertadas, pero que el personal afectado no lo entiende así, y entonces, falla.

-¿Va a tener tiempo para esa bajada al terreno o los asuntos del día a día la van a sepultar en el despacho?

-Lo voy a intentar, porque es lo más importante que puedo hacer aquí. Para eso estoy en este sitio.

-En los nombramientos en esta consejería se han dado muchos bandazos. Su antecesora era catedrática de universidad, usted es profesora, pero sobre todo sindicalista. Da la impresión de que no se acierta.

-Hay momentos y momentos. Si comienza esta legislatura, y se quiere fomentar la investigación, los resultados del informe PISA, pues entiendo perfectamente el perfil de la anterior consejera. Si en todo este proceso, se percibe que además hace falta un acercamiento al profesorado, pues se entiende el mío. Quizás lo mejor sería una mezcla.

-¿Habrá más profesores, cuando terminen las incorporaciones previstas, que antes de la crisis?

-Hay 2.000 profesores más y 40.000 alumnos menos que en 2012. Nunca hemos sobrepasado la cifra de los 100.000 docentes, que es lo que habrá cuando se incorporen 5.100 personas sólo por la reducción de las horas lectivas, a lo que se sumarán las necesidades propias del sistema que se vayan generando. Estos se contratarán en los dos cursos siguientes, con lo que en 2018 estarán todos incorporados.

-De modo global, profesores por alumnos, no es mala.

-De modo global, está por debajo de lo que tiene que estar, pero es cierto que ese concepto tiene sus complejidades, porque hay centros donde no es así. En centros rurales pueden estar por debajo, porque hay que mantenerlos y hay otros, sobre todo en grandes ciudades, que la ratio sube por encima de lo que debiera ser. Y son complicadas de atender, sobre todo si se atiende a la diversidad, a necesidades específicas y a otros factores. Es complicado, lo reconozco.

-¿A qué se debe se debe la preferencia de muchos padres de los colegios concertados sobre los públicos?

-Realmente, no sabría contestar esto. No lo puedo entender. Hace años, la queja de algunos padres se centraba en colegios que estaban situados en determinadas zonas, pero desde la consejería se ha trabajado mucho por la integración y la diversidad también en los concertados, para que la red acogiese a cualquier tipo de alumnado. En ese sentido, lo público y lo concertado. La red concertada ha asumido, porque está obligada, la parte correspondiente de la igualdad. Yo no tengo que dudar de la profesionalidad de los docentes de los concertados, pero mucho menos de los de la pública.

-¿Se van a cerrar más líneas en los concertados?

-La escolarización en tres años ha descendido un 10%, y esto implica cierre de unidades. Hay que hacerlo con lógica, claro, pero lo que debemos garantizar es que en la localidad se escolaricen todos los niños y, si hay hueco en el público, van al público.

-Entiendo que, por tanto, hay una preocupación lógica del empresario de ese sector. El volumen de negocio es menor y ya están bastante ajustados.

-Sin desmerecer sus aspiraciones, hablamos de un negocio. A mí lo que me preocupa, como consejera, son esos puestos de trabajo, pero también en la enseñanza pública hay pérdida de empleo si las condiciones cambian y éste es un sector que debe cambiar a menudo. También hay interinos que salen cuando disminuyen las necesidades del sistema. Estamos en el conflicto entre mantener la estabilidad y dar respuesta a un sistema que es muy dinámico.

-¿A qué obedece esa intención de la presidenta de la Junta de favorecer la educación hasta los tres años? ¿Es educativa o es asistencial?

-La presidenta es una defensora de la igualdad y la equidad de oportunidades, y considera que un andaluz debe tener las mismas oportunidades desde que entre por primera vez en un aula hasta que sale. Se ha dado un paso muy importante con la bonificación de las matrículas universitarias, y hay que dar otro más para favorecer a las familias con niños entre esas edades.

-¿Pero hablamos del ámbito de la educación o del cuidado de niños?

-La educación infantil, de cero a tres, es pedagógica. Tiene un matiz asistencial y de conciliación, claro, pero los estudios indican que esa educación temprana es muy beneficiosa.

-¿Qué hacemos con el aire acondicionado en los colegios?

-Estamos reduciendo el problema a la falta de aire acondicionado, y no es eso o no sólo es eso. Estamos metidos en un programa de climatización, que ya había comenzado, pero que este verano, con esta ola de calor tan temprana, se ha hecho más necesario. Lo primero que hemos hecho es señalar una serie de actuaciones urgentes que van a comenzar este mismo verano, sé que no son todas las que se desearían. Pero no todas las soluciones son las mismas ni todos los edificios ni redes eléctricas están preparados ni todos los pequeños municipios pueden soportar estas facturas. Pero muchas veces el problema se soluciona con un porche, con un toldo o, efectivamente, con aparatos de aire acondicionado, los técnicos de la agencia está trabajando en ello y a marchas forzadas.

-Comenzará el curso en septiembre, ¿retomará el Gobierno central las reválidas para bachiller?

-Esto depende de la evolución del pacto social y político por la educación, pero lo cierto es que los trabajos de la subcomisión del Congreso están muy parados. La reválidas están en suspenso, pero es verdad que el Ministerio no ha tenido pudor para decretar a dos meses de que finalice el curso. El margen de maniobra que tenemos en este caso es el de la presión.

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