Alfonso Guerra, diputado socialista y ex vicepresidente del Gobierno

"Todos los nuevos estatutos, incluido el andaluz, son una copia del catalán"

  • Quien fuera el primer vicepresidente del Gobierno de Felipe González vuelve con su tercer libro de memorias: no adjetiva a ninguno de sus contrincantes, pero casi los deja sin cabeza.

Cuadernos de Guerra. Ése podía ser el título del último tomo de memorias de Alfonso Guerra, un libro de 617 páginas que arranca después de su salida del Gobierno socialista como vicepresidente. El hoy diputado escribió esta relato temporal a mano y en cuatro cuadernos de color ocre. Los escribía sólo en las páginas impares, porque le resultaba más fácil. ¿Y en las pares? Pues le daba la vuelta al cuaderno, y se convertía en una impar, de modo que, cuando uno lee en sus hojas, las páginas están escritas en sentido contrario: una, hacia arriba; otra, hacia abajo. Así lo hacía Antonio Machado.

Cuadernos de Guerra. Hay guerra, o mucha caña, en su libro. El autor niega que sea un ajuste de cuentas. "Con la edad que tengo, yo lo que quiero es hacer amigos", musita. En el libro se echa en falta unas reflexiones más amplias sobre la izquierda, España o Europa, pero tiene una explicación: hay casi otras 650 páginas dedicadas a ello, pero la editorial, Planeta, entendió que un libro de más de 1.000 páginas sería excesivo para un país poco habituado a las biografías. Qué lejos de Inglaterra. No obstante, esas reflexiones quizás formen parte de otro libro.

-En estas Memorias asegura que Andalucía no ha superado el tópico y que, incluso, con gobiernos de izquierdas, esto ha seguido creciendo, y cita, como expresión de ello, al "flamenco, los toros, las procesiones y el narcisismo regional". ¿Lo ve así?

-Creo que sí, que seguimos todavía apoyando la cultura andaluza sobre tópicos, que son reales, es cierto, pero es un error colocarlos como mascarón de proa. Me parece que el flamenco es maravilloso, que las procesiones son fantásticas, pero Andalucía no se puede presentar siempre del mismo modo. Es que los programas de televisión regionales inciden a todas horas en los mismo.

-¿Se refiere a Canal Sur?

-Sí, claro, entre otros, pero hay que poner el acento en otras facetas. Soy un aficionado al flamenco, me gusta muchísimo; conozco muy bien las procesiones, sobre todo las de Sevilla, soy un apasionado de ellas, pero no podemos presentar siempre lo mismo. Ahora hay una teoría que yo no comparto en absoluto que es hablar de la marca España, que también podría valer para la marca Andalucía. ¿Cómo que España es una marca? No estoy de acuerdo, España es un país con 500 años como tal, y muchos siglos de historia antes. Con una cultura inmensa y unas identidades territoriales muy diversas, y la andaluza, probablemente, es la más rica, pero no somos una marca. Somos una cultura de siglos.

-Usted critica que en el penúltimo congreso del PSOE de Andalucía se situara al andalucismo de Blas Infante como una de las ideologías troncales del partido.

-Como una de las troncales, no; se le coloca como el elemento troncal. Y esto no es verdad.

-Bueno, usted es un estratega y, quizás, esto obedezca a un intento de ganar posiciones electorales en otros sectores.

-Sí, entiendo que quieran robar una bandera a otro, pero, hombre, un elemento troncal del PSOE no lo parece. No lo es.

-¿Usted cree que Andalucía ha abierto una nueva vía del socialismo con el Gobierno de coalición de IU?

-Yo no lo he visto, no me parece razonable decir eso.

-¿Le parece sólo un Gobierno de coalición de izquierdas?

-Sí. ¿Por qué se hacen coaliciones? Es un asunto numérico, se busca sumar apoyos que no se tienen solo, pero dudo que esto sea una nueva vía del socialismo.

-¿Pero la fórmula es exportable a otros ámbitos? Por ejemplo, a un Gobierno entre el PSOE e IU en Madrid.

-Dudo mucho que de unas elecciones legislativas para todo el país surja un Gobierno de coalición. España no tiene cultura de coalición. Se intentó en algunas ocasiones con el PNV y CiU, pero nunca fraguó. En el año 1993 se estudió con unos y con otros, también con Izquierda Unida, pero no es fácil en España. Son más probables los acuerdos de legislatura.

-¿Y ve esto probable como resultado de las próximas elecciones generales?

-Bueno, eso son encuestas y las encuestas están maquilladas. El PSOE tuvo una grave derrota; aún no se ha recuperado, pero no veo claro qué puede ocurrir en ese futuro.

-En el libro usted critica que el PSOE ha cometido el error de no enfrentarse al capitalismo, sino de intentar administrarlo para que sea más humano, aceptando al sistema como tal.

-No, es una crítica que hago a la socialdemocracia europea, que a través de la Tercera Vía de Tony Blair llegó a la conclusión de que bastaba con administrar el capitalismo. Y yo pienso que no, que no es suficiente, que el PSOE debe querer transformar la realidad cuando pueda gobernar.

-¿Y es transformar la realidad aprobar una modificación de la Constitución para instalar en el cuerpo legislativo la limitación del déficit?

-No coincidí con ello, y yo más que nadie por que presidía la Comisión Constitucional del Congreso, a la que, por cierto, no fue esa modificación. Fue de lectura única, y no llegó a la comisión, lo que parece aún más chocante.

-El PSOE ha ido perdiendo votantes, las encuestas le dan intenciones de votos que rondan el 25%, el partido parece que ha perdido el contacto con su cuerpo social.

-En España ha habido 11 elecciones generales, y sólo en una ocasión las ha ganado un partido: el PSOE, en 1982. Me explico. En el resto de las elecciones, cuando se ha producido un cambio, no gana un partido, sino pierde el que está gobernando. ¿Qué ocurre en España? Si la izquierda va a votar, gana el PSOE; si la izquierda no va a votar, gana el PP. Porque el PP ganó las pasadas elecciones por mayoría absoluta, pero no ganó votos. El electorado de izquierda es muy crítico, y cuando algo no le gusta, no va a votar, y ganan los otros sin haber ganado.

-Llega a decir que la improvisación se convirtió en la única pulsión de la última legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero.

-En el libro, hablo muy bien de la primera legislatura, pero en la segunda no vio ni reconoció la llegada de la crisis y, sobre todo, puso en marcha la segunda generación de estatutos de autonomía. Eso fue un error.

-¿Todos? ¿El catalán, el andaluz...?

-Vamos a ser serios de una vez, todos fueron copia del catalán, lo que pasa que la gente se tapa y se tapa. Todos copiaron el catalán.

-Y en Andalucía le pusimos la guinda de la competencia sobre el río Guadalquivir.

-Y lo advertí, y ahí está, rechazado por el Tribunal Constitucional. Lo advertí.

-¿Tan poco manda usted?

-Nunca he tenido el poder que dicen que tenía. Era una locura aprobar algo que no iba a pasar el filtro del Tribunal Constitucional. Creo que hubiera sido mejor para Cataluña, para España y para el PSOE que el proyecto de Estatuto de Cataluña no pasase por la Comisión Constitucional para sus discusión, sino que su devolución hubiese sido sometido al parecer del Congreso, que fue lo que se hizo con el proyecto de Ibarretxe.

-En su libro hay algunas reflexiones sobre el futuro, pero muchas más sobre el pasado, hay mucho de espejo retrovisor...

-Claro, son unas memorias, memoria hacia el pasado...

-Ya, pero hay personajes, o al menos eso puedo opinar como lector, a los que tiene clavados como puyas. A Manuel Chaves, Luis Yáñez o Miguel Ángel Pino los cita en un capítulo que titula Leales y traidores. Se supone que son los traidores.

-No les califico.

-Ya, usted lo sabe hacer muy bien, pero los incluye en un capítulo donde habla de leales y traidores.

-Bueno, pero no los califico. No encontrará en 650 páginas un nombre ligado a un adjetivo calificativo. En ningún caso.

-Pero se entiende que de personas como éstas no tiene una buena opinión, al menos política.

-El lector lo leerá.

-Bueno, me he leído el libro entero...

-Usted lee muy bien...

-¿Pero es cierto que usted no acepta ser el candidato a la Alcaldía de Sevilla en 2007 porque piensa que el presidente de la Junta, Manuel Chaves, y su Gobierno, asfixiarían económicamente al Ayuntamiento si usted fuese el alcalde?

-Desde mi punto de vista, eso iba a ser así. Ésa era una razón para rechazar la candidatura, pero no la única. Yo quise ser el candidato a la Alcaldía de Sevilla en 1979, y el partido no lo creyó conveniente porque debía dedicarme a otros destinos. Entonces me olvidé de esto, y cuando me presionaron, dije que no porque creía que la Junta no me iba a tratar como la ciudad merecía y eso no se le podía hacer a los sevillanos.

-¿Tantos enemigos se hace en política como para llegar a esto?

-No sé si enemigos, pero la gente actúa con criterios que yo no comparto.

-Usted mantiene que Manuel Chaves se subía por las paredes cuando oía hablar de esta posibilidad.

-No, no lo afirmo; cuento que eso fue lo que me contaron, y digo quien me lo dijo: el vicesecretario general del PSOE, José Blanco.

-Después en 2011, le vuelven a plantear que sea el candidato al Ayuntamiento, y ya era Griñán el presidente de la Junta. Él no ponía problemas.

-Es en esa conversación, con motivo de ese último ofrecimiento, cuando José Blanco me cuenta eso sobre Manuel Chaves. Exactamente, José Antonio Griñán no se oponía, pero, hombre, para alcanzar una Alcaldía potente, como es el caso de la de Sevilla, no se trata de que los compañeros no se opongan, sino de que enciendan todos los motores. Si un a un avión que está volando se le apaga un motor, sigue en el aire; pero si tiene que despegar, necesita los dos.

-¿Y si Griñán lo hubiese llamado?

-No, no lo habría aceptado.

-En un capítulo del libro, usted detalla su convalecencia a causa de una grave fractura en un pie. Y cuenta que le telefonea el Rey, pero no Felipe González. También le duele.

-No lo digo yo, es que hay dos personas, y las cito, que me preguntan por ello, y yo contesto la verdad. No voy a responder con una mentira. Y cuento que me llama el Rey, y hago una broma, porque también me llama la duquesa de Alba, y digo qué país éste, que te llama el Rey y la duquesa de Alba, y no tus compañeros.

-¿Su concepto del Rey es bueno? Porque durante el tiempo en que estuvo en el Gobierno, mantuvo cierta distancia. ¿Qué le ocurre ahora a al Corona?

-No, siempre he tenido una buena relación, y creo que él tiene un buen concepto de mí. Incluso, en alguna biografía, la Reina ha hablado sólo de un político, y ha sido de mí. Lo que ocurre ahora es complicado, porque sin comerlo ni beberlo, una persona que no es de la Familia Real se emparenta con ella y da la impresión de que tiene un comportamiento irregular y salpica a la institución.

-Cuenta un caso grave, el de Carlos Piquer, que es secretario de Organización del PSOE de Aragón y, tras una denuncia sobre un caso de prostitución y drogas, que se rebela como falso, se termina ahorcando.

-Lo ahorcan.

-¿Lo ahorcan? ¿La opinión pública?

-La opinión pública, los compañeros que fueron a pedirle su dimisión en el cargo...

-Mariano Rajoy, al que usted, como con otros personajes, no le adjudica un calificativo, le sugiere una duda: ¿Cómo es posible que la selección de líderes en España dé estos resultados? Muy fuerte, ¿no?

-El sistema de selección de liderazgos no es bueno, porque encuentras a personas como ésta que no se sabe por qué está ahí. No tiene carisma, no tiene una formación fuerte. Me sorprende que una persona como Rajoy haya llegado a donde está. No tiene pulso, él cree que el tiempo soluciona la cosas, y no es así, el tiempo no las soluciona, las empeora. Él no ha sido llamado para que el tiempo arregle las cosas, sino para que las arregle él. No parece que tenga mucha voluntad. Por ejemplo, es demasiado optimista mantener que un dato de 98.000 parados menos en un mes significa que ya ha solucionado esta crisis.

-¿Y el liderazgo del PP en Andalucía?

-Pues lo mismo, y el tiempo corre en su contra, pero están en la misma línea de Rajoy, creen que el tiempo lo arregla todo. El tiempo lo empeora.

-Su libro termina con un epílogo donde relata cómo le telefonea José Antonio Griñán para proponerle que sea nombrado Hijo Predilecto de Andalucía. Se sorprende de la llamada, asegura que nunca le había telefoneado el presidente de la Junta.

-Había hablado con Griñán en persona muchas veces, antes y después de ser presidente de la Junta, pero nunca recibí una llamada como tal de él.

-¿Es normal?

-Para mí, sí; no sé por qué me tiene que llamar. Yo había conversado con él, y además largamente. Coincido muchas veces con él en el único cine de Sevilla que dan películas en versión original, en el Avenida, pero cuento la verdad: nunca había tenido una llamada de él por teléfono.

-¿Tiene mejor concepto de Griñán que de Manuel Chaves como presidente?

-Yo no estoy para ponerle puntos a la gente. Cada uno tiene su proyecto, su modo de ver las cosas, su formación, son diferentes, yo no soy un maestro de escuela para dar una nota.

-Acaba de cumplir 73 años. En su libro hay bastantes alusiones a la muerte, a fallecimientos de amigo, cuenta el cáncer de próstata del que fue intervenido, ¿usted ya está pensando en un retiro de su vida?

-Políticamente, creo que lo lógico es que ésta será mi última legislatura en el Congreso. Después vendrán las presiones, pero mi intención no es presentarme. Ahora, mi intención no es retirarme de la vida. La vida es larga, pero es rápida. Mi idea es que las personas que te quieren, te conservarán vivo, y cuando mueran, se acabó la inmortalidad.

-¿No se arrepiente de nada en la vida?

-Bueno, uno se arrepiente de lo que no ha hecho. Hay algo que me duele, y es que en los años de Gobierno no consiguiésemos en España una moral de trabajo bien hecho, de austeridad, y no iban las cosas por ahí.

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