Andalucía

santiago herrero Asalto a la cumbre de la gran patronal

  • El jefe de la patronal andaluza intentará que el sustituto de Díaz Ferrán sea quien más se parezca al perfil de Cuevas: él, sin ir más lejos

Santiago Herrero no es hombre de amagar y no dar. Tiene fama de tenaz, aunque su faceta más destacada es el pragmatismo. Un sexto sentido que le convenció de dejar en 1973 las oposiciones a interventor de la administración local que preparaba desde hacía dos años. Fue su primera opción profesional tras terminar la carrera de Derecho. Un sentido común que le llevó a presentarse, aunque fuese para perder por goleada, contra Díaz Ferrán por el sillón de presidente de la CEOE que dejó en 2007 José María Cuevas.

Aquella derrota por 9 a 2, se ha convertido en triunfo, sólo tres años después: advirtió entonces de los riesgos de poner al frente del empresariado a un patrón cuyos negocios redujeran su dedicación a la confederación o cuya reputación pudiera ensombrecer el prestigio trabajosamente ganado por los empresarios españoles desde el inicio de la transición.

El tiempo le ha dado la razón y seguro que ha guardado religiosamente las pruebas. A Santiago Herrero (Sevilla 1947) le gusta guardar cosas con sentido de futuro y documentos históricos de todo tipo. Guarda, por ejemplo, una entrada de toros del 12 de octubre de 1965 en La Maestranza: ese día fue indultado un novillo del Marqués de Albaserrada, lidiado por Rafael Astola. El nombre del novillo era Laborioso. Toda una premonición. Herrero ha hecho una magnífica carrera en los últimos 37 años como experto en relaciones laborales y asesor de empresas.

Sus comienzos, en los últimos años del franquismo y primeros de la transición no fueron fáciles. En 1973 se decidió a ejercer la abogacía; se dio de alta en el Colegio y empezó de pasante en el despacho del prestigioso letrado sevillano Servando Meana. Actividad que compaginó con su trabajo, desde el 1 de agosto de 1973, en el consejo de empresarios del Sindicato vertical, que presidía Manuel Otero Luna. Un año después era secretario general del consejo. Fue una época de pluriempleo: también llevó la asesoría jurídica de la Jefatura provincial de Minas.

Con la llegada de la democracia, y la legalización de las organizaciones libres e independientes, participó activamente en la creación en 1977 de la Confederación de Empresarios de Sevilla, de la que fue su primer secretario general, con Juan Salas Tornero como presidente. Fue un momento complicado para el mundo empresarial, en la sociedad se tenía un mal concepto de los empresarios y había una alta conflictividad laboral. Hubo una dura crisis económica, con la inflación al 30% y tipos de interés altísimos. En aquellos tiempos se ganó fama de duro negociador.

Mientras Herrero sigue trabajando en la CES, en 1979 se funda la Confederación de Empresarios de Andalucía, con siete territoriales, porque todavía no se había creado la de Cádiz, y dos sectoriales. La dura campaña política de la CEA en 1982, en las primeras elecciones autonómicas, basada en la amenaza de un gusano comunista dentro de una manzana socialista, le coge fuera de la organización y ahora evita criticarla. Eran otros tiempos y otro estilo. En la actualidad uno de los principales estigmas que le atribuyen sus enemigos en la CEOE es su cercanía a los socialistas en Andalucía. Esa cohabitación con el poder político de izquierdas en la región también le ha alejado de Javier Arenas, que es hoy día el hombre fuerte del PP nacional. Es curioso que dos personas tan cordiales en el trato como Arenas y Herrero no tengan química alguna.

La carrera local de Herrero se terminó en 1981: abandonó la CES y se dedicó a asesorar empresas en su despacho de abogado. Y en el 83 empieza su periplo regional; es elegido secretario general de la CEA. Diecinueve años después, en 2002, asciende a presidente de los empresarios andaluces y vicepresidente de la CEOE. Como líder empresarial continuó la tradición de cerrar acuerdos plurianuales de concertación de la política económica andaluza con los sindicatos y la Junta. Lo que ha hecho compatible con críticas al Plan de Ordenación del Territorio de Andalucía o, recientemente, a la subida de impuestos.

Tiene fama de buen anfitrión en El Rocío, donde pone casa con otros amigos. Por parte de padre, desciende de una familia montañesa: su abuelo recaló en Sevilla con 13 o 14 años desde Vejo, en la vega de Liébana, en el camino de Potes a León, al sur de Cantabria. Puso una tienda de ultramarinos y coloniales, en la Puerta Carmona, y se hizo muy sevillano. En este barrio se crió Santiago Herrero, que pertenece a muchas de las hermandades de la zona, como San Esteban, Montserrat o Los Negritos. Su familia estaba tan enraizada en el barrio, que de niño cuando le preguntaban de dónde era, no contestaba "de Sevilla", sino "de la Puerta Carmona". Hoy, por el contrario, es un hombre de mundo, que presume de haber estado en los cinco continentes. Aunque, en materia de cofradías, su hermandad por excelencia es Las Penas, de la que ha sido hermano mayor.

Además de creer en Dios, cree que hay lugares con un sentido mágico especial, como las ruinas de Machu Pichu, la desembocadura del Guadalquivir o el Rocío. Y aunque no lo dice, seguro que también incluiría entre sus lugares de culto el estadio Sánchez-Pizjuán. Es un sevillista tan militante, que se ha preocupado de que lo sean sus tres hijos, ante el riesgo que suponía que su esposa, Isabel Villegas, fuese bética de cuna: nació en Heliópolis. De su abuelo materno, militar, ha heredado la afición a montar a caballo, también hace tandas de ocho kilómetros andando, con tanta diligencia que los colaboradores prefieren quedar con él a horas menos expuestas. Amante de la naturaleza, ha descubierto una afición tardía por la caza, que practica con sus amigos en España y el extranjero.

Sus actividades empresariales, aunque discretas, no son pocas. Preside una sicav constituida en 2006 por un centenar de empresarios y profesionales andaluces, es miembro de los consejos de Azvi, Cartuja Inmobiliaria y San José Tecnología; preside sociedades de logística, mensajería y correduría de seguros, y es accionista de otras compañías del sector logístico o inmobiliario.

Ahora ya ha anunciado que está dispuesto a optar de nuevo a la presidencia de la CEOE, "si las circunstancias lo permiten o lo aconsejan". O sea, si consigue el suficiente consenso o si tiene que presentarse para frenar una posible reelección de Díaz Ferrán. Lo volverá a intentar, como en 2007. Herrero no es hombre de amagar y no dar.

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