Granaíno jondo | Crítica

Clásicos contemporáneos

La presentación de ‘Granaíno Jondo’ coincidió con el regreso de la lluvia a Sevilla. La presentación de ‘Granaíno Jondo’ coincidió con el regreso de la lluvia a Sevilla.

La presentación de ‘Granaíno Jondo’ coincidió con el regreso de la lluvia a Sevilla. / Víctor Rodríguez

Un recital tradicional con pinceladas de los dos referentes contemporáneos del cantaor, los ídolos del Granaíno, Camarón y Morente. Del segundo hizo los tientos, en los que incluyó fragmentos de La leyenda del tiempo del drama lorquiano Así que pasen cinco años, que por cierto también musicó Camarón. Y los tangos sonaron asimismo con aromas morentianos, tanto en su vertiente sacromonteña como en otra adaptación lorquiana, Doña Rosita la soltera que fue, por cierto, la primera que llevó a cabo Morente del escritor granadino. En ambos casos Pedro el Granaíno aligeró algo el contenido literario e incluyó los siempre efectivos coros de Los Mellis, que aportaron también su compás inefable. Se acordó el cantaor de los fandangos de Morente que hizo a ritmo de tangos, que completó con un pegadizo estribillo contemporáneo, en concreto del repertorio de Remedios Amaya.

De Camarón, que por otra parte atañe a todo el cante de Pedro el Granaíno, escuchamos la cita directa en las espectaculares tarantas y cartageneras y en las bulerías. Los trabalenguas y el sentido del ritmo de Camarón son inimitables pero tan sólo artistas superdotados como El Granaíno pueden estar a la altura del envite.

El recital se abrió con una declaración de intenciones, la canción Dicen que para cantar en la que El Granaíno se hizo acompañar del piano de Cristian de Moret, que intervino también en los tientos.

El resto del concierto trascurrió por los parámetros clásicos, en el concepto de clasicismo que se acuñó, para el cante, en los años 60 y 70. De ahí que el acompañamiento de Patrocinio y El Perla resultara ideal para este repertorio porque, pese a tratarse de intérpretes jóvenes, tienen como referentes los estilos nerviosos y muy rítmicos de Melchor de Marchena y Manuel Morao. Impresionante fue la seguiriya en la que El Perla dio la réplica al cantaor con una falsetas esculpidas en piedra. El Granaíno puede ser solemne si dejar de ser directo y su cante siempre suena vivo, recién hecho, jamás huele a moho. También las soleares fueron ejemplares, especialmente en el repertorio gaditano y trianero, en donde El Granaíno siguió de cerca las recreaciones de El Pele. En la soleá el público ovacionó al cantaor en un par de ocasiones cuando aún no había concluido el cante, cosa poco habitual en Sevilla.

La granaína y los cantes malagueños fueron un prodigio de filigrana y lleno de matices.

El cantaor de Granada es capaz de matices impresionantes con un hilo de voz. Eso sí, se trata de un hilo pleno de colorido que, por otra parte, el cantaor maneja son soltura y conocimiento de los estilos. Saca el máximo partido de sus recursos aunque su virtud cantaora principal es su bellísimo timbre. A todo ello une la serenidad y madurez de su puesta en escena. Podríamos hablar por tanto de un recital clásico pero hemos de tener en cuenta que los innovadores de ayer son hoy tradición, y viceversa. Es decir que Pedro el Granaíno resulta tradicional para los que eran jóvenes cuando se creó ese clásico repertorio en los 60 y 70.

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