Bienal

“No lo puedo remediar, exijo mucho”

  • El músico sevillano Diego Amador presenta a su nueva formación esta noche en el Teatro Central con un espectáculo donde reivindica el maridaje entre su gran amor por el jazz y sus inconfundibles raíces

Camina de la misma manera que se enfrenta al piano. Contundente, seguro, con un aire libre y natural. Diego Amador se aproxima al Casino de la Exposición sevillano balanceando su melena rizada y brillante. Sonriendo a todo el que se cruza y protegido por unas enormes gafas de sol que ocultan si ríen sus ojos. Se sienta y da los buenos días. Y habla (contundente, seguro, con un aire libre y natural) de la actuación que esta noche, a partir de las nueve, protagonizará en el Teatro Central dentro de la programación oficial de la XV Bienal de Flamenco.

“Comencé a tocar el piano porque me enamoré del jazz pero me di cuenta de que soy flamenco”, suelta, sencillo, sin ápice de derrota ni desencanto el pequeño de  la saga Amador. Por contra, el músico asume un destino que aprendió a leer en las teclas blancas y negras de un piano, en el cante y en las laureadas guitarras de su gente, en el piano fogoso de Chick Corea, en las seis cuerdas del maestro Paco, de Sabicas, de Ricardo. “Hago lo que puedo desde mi sentimiento y la libertad”, brinda.

“No me gusta definirme como pianista sino como guitarrista frustrado”, reconoce Amador. “Cierro los ojos y toco y, en mi mente, estoy tocando una guitarra. Cuando abro los ojos veo el piano”, sueña el autodidacta y multiinstrumentalista sevillano que llega al coliseo hispalense acompañado de una nueva formación compuesta por la guitarra de Manuel de la Luz, el bajo de Julián Heredia, la batería de Israel Varela y la percusión de Diego Amador hijo.   

Durante el recital, que tiene descompuesto al músico –“me cuesta dormir y comer, estoy nervioso perdido”, advierte–, Amador se dejará escuchar, al piano y al cante, por soleares, tangos y bulerías, entre otros estilos, procedentes “del disco nuevo –Río de los canasteros–, temas antiguos y composiciones que no se encuentran en ningún disco, además –adelanta– habrá alguna sorpresilla por ahí, me he traído a alguien conmigo, ya verán”, vislumbra con aire misterioso.

Amador no está solo en la mesa del Casino de la Exposición. Le acompaña Domingo González, director del encuentro flamenco sevillano, con el que intercambia miradas cómplices. “Diego Amador tiene una trascendencia más allá de su trabajo porque creo que existe un antes y un después de Diego en el piano flamenco ya que su forma de afrontar el piano es única”, define el regente de la Bienal.

Única y salvaje. “Yo no sé si mejor o peor pero yo tengo mi propia técnica a la hora de tocar el piano”, aduce el artista que debutó en un escenario a la edad de 11 años para acompañar a la batería a sus hermanos en Pata Negra.

Sus hechuras tocaoras parten de su propia raíz, parten “del flamenco puro que es lo que soy”, dice. “Soy flamenco de nacimiento, lo que vivo, lo que como, lo que siento... todo eso es flamenco pero partiendo de ahí tengo muy claro que lo importante es estar al servicio de la música sea la que sea”, asevera, con la seriedad de una declaración de intenciones, el intérprete que antes de dar el salto adelante ha acompañado a artistas de la talla de la Susi, El Potito, Jorge Pardo, Jerry González, Israel Galván, Remedios Amaya o Chick Corea, ese genio que grabó a fuego vivo en su mente otra clase de oscuridad musical, la del jazz.  

Virtuoso músico que se enfrenta “sin miedo pero con el mismo respeto” a un piano, a una guitarra, a un cajón, a un bajo o a una mandola, Diego Amador se sabe “muy exigente” tanto con su propia labor como con la de los músicos que lo acompañan esta noche. “Yo les intento dar cariño, confianza pero con esa misma actitud tengo la poca vergüenza, porque ellos son unos monstruos, de sentarme y decirles por aquí, por allá... no lo puedo remediar, exijo mucho”, se lamenta. Y es que Amador se complica “la vida con la música” y, a veces, se olvida “de disfrutar”. “Mi mujer me lo dice: es que tú sufres mucho”. 

Diego Amador. 21:00. Teatro Central

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