Crítica 'Mi panadería en Brooklyn'

Bollería 'vintage'

MI PANADERÍA EN BROOKLYN. Comedia romántica, España, 2016, 95 min. Dirección: Gustavo Ron. Guión: G. Ron y Francisco Zegers. Fotografía: Miguel Gilabert. Música: Lucio Godoy. Intérpretes: Aimee Teegarden, Linda Lavin, Blanca Suárez, Ernie Sabella, Josh Pais, Griffin Newman, Ward Horton, Krysta Rodriguez, Franklin Ojeda Smith, Aitor Luna.

Hay que desconfiar siempre de todas aquellas películas que lleven panaderías, pastelerías, heladerías o cafeterías en su título, por lo general garantía de comedietas tontas y románticas con altas dosis de azúcar por cada centímetro de celuloide.

Mi panadería en Brooklyn no sólo no es una excepción, sino que parece diseñada precisamente sobre todos y cada uno de los tópicos del subgénero. Con un Nueva York de postal de fondo, tan aseado que se diría baldeado y barrido dos minutos antes de rodar cada plano, y una boulagerie vintage heredada como centro de operaciones de un puñado de personajes más idiotas que encantadores, la cinta que dirige con vocación exportadora Gustavo Ron (Mia Sarah, Vivir para siempre) se entrega a una inane suerte de enredo familiar en clave de comedia romántica y culinaria por la salvaguarda del establecimiento como simbólico feudo familiar de resistencia y autenticidad ante el imparable empuje de especuladores y franquicias.

Encerrada en su particular máquina del tiempo, a saber, como si no hubiera pasado nada en la comedia más allá de Nora Ephron, la película insiste en un buenismo caricaturesco y costumbrista para todos los públicos, se entiende que anestesiados en la fórmula de la sitcom y fácilmente impresionables con mejores vistas y rincones típicos de la ciudad.

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