Fast & Furious: Hobbs & Shaw | Crítica Otra (y van nueve) de músculo y tuneo

Dwayne Johnson y Jason Statham en la nueva 'Fast & Furious'. Dwayne Johnson y Jason Statham en la nueva 'Fast & Furious'.

Dwayne Johnson y Jason Statham en la nueva 'Fast & Furious'.

Este tipo de películas son un poderoso medio para desarrollar la imaginación. No la de sus espectadores, desde luego, sino la de los críticos. ¿Qué decir de ellas? Son el ruidoso juguete de cacharrería digital que son. Nada se les puede reprochar, si se es justo, porque a nadie engañan: ofertan a los suyos lo que demandan. Nada bueno se puede decir tampoco de ellas porque nada sugieren ni aportan, más que ruido y entretenimiento de parque de atracciones. Y se estrenan tantas en sus diferentes versiones de superhéroes de tebeos, catástrofes, terror, acción frenética o ciencia ficción que el recurso a los capotazos se agota. Salvo para la friki-crítica que se las toma en serio y escribe sesudamente de ellas acumulando palabros.

He aquí otra entrega –en este caso un spin-off (primer y único palabro que pienso utilizar)– de la ya larga serie de las Fast & Furious iniciada hace la friolera de 18 años con The Fast & The Furious (A todo gas) de Rob Cohen. Desde entonces se han sucedido nueve entregas y hay anunciadas tres más hasta 2023. A lo largo de tantos años y entregas a Rob Cohen le han sucedido John Sigleton, Justin Lin, James Wan, F. Gary Gray y, ahora, David Leitch. Son todos pegaplanos chatarreros de éxito en algunos casos –sobre todo en el de James Wan– adorados por sus seguidores y aclamados por la friki-crítica. El director de esta última entrega, David Leitch también tiene sus fans entre el público y la crítica por sus John Wick, Atómica y las dos entregas de Dead Pool.

Dwayne Johnson, Jason Stathaml e Idris Elba dan para lo que dan. Lo suyo es esta unión entre los dos forzudos para derrotar a base de persecuciones en todos los veloces medios imaginables a un ciber-anarquista, evitando que un arma biológica destruya el mundo. Pero ver en otra entrega de esta serie a la gran Helen Mirren es tan doloroso como lo sería ver a Bette Davis dialogando con la Mula Francis, cosa que ni la Warner ni el viejo Hollywood habrían permitido. El mercado es mucho más duro que los antiguos grandes estudios. ¿Espectacular? Sí. ¿Ruidosa? Mucho. ¿Infantiloide? También.

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