Anna Karenina. La venganza es el perdón | Crítica Karenina, 30 años después

  • A la historia de lo que se dijeron el hijo y el amante de Ana Karenina tres décadas después del suicidio de ésta le falta garra dramática

Fotograma de la cinta rusa que llega ahora a las carteleras. Fotograma de la cinta rusa que llega ahora a las carteleras.

Fotograma de la cinta rusa que llega ahora a las carteleras.

Karen Shajnazárov es un productor, guionista y director ruso-armenio bien situado en el apparat de la vacilante democracia poscomunista rusa: ha sido director de los estudios Mosfilm y miembro del festival de Moscú además de representante en la Cámara Cívica de la Federación de Rusia y activo partidario de Putin. Se ha dado a conocer en Occidente presentándose a festivales y premios -Ciudad Cero (1989, Chicago), El asesino del Zar (1991, Cannes), American Daughter (1995, Shangai), El día del plenilunio (1998, Karlovy Bari), The Rider Named Death (Montreal), El pabellón número 6 (2010, Oscar)- con una frecuencia sospechosa en alguien tan bien situado en las estructuras cinematográficas de sus país.

Director interesante con poca obra difundida en España, este atrevido juego con el clásico Ana Karenina aporta poco brillo a su filmografía. ¿Qué tendrían que decirse Sergei Karenin y el conde Vronsky años después que Ana se arrojara a las vías del tren si se encontraran en una remota aldea tras la guerra ruso-japonesa? Una idea interesante que requería mejor desarrollo en el guión que se inspira en un relato del escritor Vikenty Veresaev (1867-1945) La guerra con Japón. Y exigía un más vigoroso trabajo en la dirección y la interpretación. El hijo, traumatizado por el escándalo protagonizado por su madre y por su suicidio, indaga en los recuerdos del igualmente atormentado amante, que se culpa del trágico final de la Karenina, quién fue realmente esa madre de la que sólo ha oído contar historias negativas, qué la impulsó a sacrificarlo todo a su amor y si realmente lo fue o se trató de la sucia pasión que la convirtió en un nombre maldito empujándola al suicidio.

Todo -fotografía, ambientación, música- está cuidado. Pero falta la garra dramática necesaria para poner en imágenes de forma convincente lo que el hijo y el amante de Ana Karenina tuvieran que decirse 30 años después del trágico fin de una de las historias de amor, pasión y muerte más famosas de la historia de la literatura. "Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera", decía el célebre inicio de la novela de Tolstoi. Shajnazárov no ha sido capaz de narrar de forma convincente qué heridas dejó la infelicidad de los Karenin y Vronsky.

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