David López. Director del Fantasmagoria

"Quise traer a la ganadora de la Palma de Oro aun a costa de hipotecar mi casa"

No recuerda ninguna película de terror que no haya podido ver hasta el final porque sencillamente David López reconoce terminar hasta las películas que no le gustan. "He visto cosas aterradoras y que no eran precisamente de terror pero, como aficionado, lo consumo todo". Se siente más cinéfago que cinéfilo: "Me gusta esa expresión, cinéfago es quien lo devora todo". 

-Ha dirigido un festival de cine clásico con Retroback, dirige otro de cine emergente con Jóvenes Realizadores y ahora cine fantástico con Fantasmagoria. Si tuviera que elegir, ¿con cuál se quedaría?

-Como aficionado, el cine fantástico y de terror es uno de mis géneros favoritos. A nivel popular es de los que mejor acogida tiene: vemos las salas llenas con el cine de terror, Sitges reúne a más de 100.000 personas como público... Soy de los que han crecido con determinadas películas fantásticas clásicas tipo Blade Runner o la saga de La Guerra de las Galaxias y evidentemente es algo muy generacional. Fantasmagoria ha surgido de una pasión de un grupo de personas que ha sacado esto adelante porque nos gusta. Creo que puede llegar al público granadino porque es cierto que hay otras ofertas como cine clásico con Retroback, o cine emergente con Cines del Sur o el Jóvenes Realizadores, pero éste cubre otro hueco totalmente distinto y va dirigido al aficionado de toda la vida al cine de terror.

-Fantasmagoria tiene casi tanto tiempo como el que lleva sin ser director de Retroback... ¿Nació quizás por la necesidad del pataleo?

-No tanto por Retroback. Desde hace tiempo quería hacer algo propio y sentir que era nuestro y no depender de la política, de subvenciones institucionales y tener libertad absoluta para programar y decidir cómo queríamos hacerlo. Es cierto que en mayo estuvimos en Cannes seleccionando largos y cortos pensando en el Jóvenes Realizadores y cuando regresamos nos encontramos con un panorama un tanto desalentador. El presupuesto se reducía y no se iba a poder contar con largos. Nos dio un poco de pena  que el trabajo que habíamos hecho con distribuidoras en Cannes se quedaran en el tintero y decidimos echar a rodar esta idea que teníamos hacía tiempo. En tres meses hemos sacado este festival adelante.

-Y ¿cómo se lleva ser director de dos festivales?

-No es que sea complicado, dirigir dos festivales requiere de mucha paciencia. Hoy en día las distribuidoras  cada vez ponen precios más abusivos, ya no se paga por la exhibición de la película sino que hay que pagar por pases. Hay que controlar cosas como los subtítulos, el marketing... Fantasmagoria lo estamos haciendo un grupo muy pequeño de personas que trabajamos por amor al arte. Ninguno está cobrando nada pero creemos que la ciudad puede empezar a tener un papel destacado en el cine fantástico. 

-Nace con la ambición de Sitges pero tiene muchísimo menos presupuesto. ¿Cómo se estiran esos 15.000 euros?

-Es muy poco dinero y la mayoría se lo lleva el pago por los derechos de exhibición. Sólo tener aquí la Palma de Oro de Cannes nos cuesta unos 1.500 euros por un solo pase. Lo gracioso es que Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas fue la primera que cerramos en Cannes y dije la quiero, aunque tenga que hipotecar mi propia casa.

-No cuentan con el atractivo del mito pero sí con el morbo del género fantástico.  ¿Cómo ha evolucionado este género?

-Sí que ha sufrido una evolución desde el cine de serie B de los 50-60 tipo Roger Corman. Hoy vemos thrillers que pueden encajar en la etiqueta de fantástico o películas como la de Apichatpong Weerasethakul en la que lo fantástico es como una aureola que envuelve toda la trama. A veces es más una atmósfera o un pequeño detalle que una adscripción a un determinado género. Lo que vemos es una apertura total: vemos comedia gore con puntitos de terror, vemos películas de suspense tipo psico thriller, ciencia ficción, animación... Hay tres claves en el actual género: apertura, nostalgia por los grandes clásicos y el deseo de utilizar el cine fantástico como arma para la reflexión.

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