Tu fotografía | Crítica Delicada y conmovedora historia de amor

Una imagen de la película. Una imagen de la película.

Una imagen de la película.

Hubo un tiempo en el que era frecuente que el cine contara historias sensibles con sensibilidad, pero sin cursilería; historias delicadas con delicadeza, pero sin amaneramientos. En estos últimos años –en los que los valores dominantes en el cine occidental son la violencia tan brutal como superficial, la rudeza naturalista o la grosería– es bastante infrecuente encontrar este tipo de películas sin que caigan en esos vicios de cursilería y amaneramientos.

Por eso las obras del director indio Ritesh Batra –hoy las películas más delicadamente humanas suelen proceder de las cinematografías antes llamadas periféricas- son una fiesta de sensibilidad y delicadeza. Lo descubrimos en su primer largometraje, The Lunch Box (2013), que tuvo una exitosa difusión internacional gracias a su presentación y premio en Cannes (aún en la era de las redes los grandes festivales siguen siendo el escaparate de los cines no europeos o estadounidenses), precedido por la buena acogida internacional –sobre todo en Sundance– de su cortometraje Café Regular, Cairo de producción egipcia.

Estos éxitos en Sundance y sobre todo en Cannes le permitieron rodar en un solo año, 2017, El sentido de un final (2017) en Inglaterra, con Jim Broadbent y Charlotte Rampling, y Nosotros en la noche, con Robert Redford y Jane Fonda, en Hollywood. Ahora regresa a la India en una coproducción india-germano-estadounidense que es, en su forma y su espíritu, una película india (como lo fueron sus películas en Inglaterra y Hollywood porque Batra, formado entre su país y Nueva York, es un director cosmopolita pero no globalmente aculturado).

Es india por su argumento: un fotógrafo callejero recurre a una desconocida de una clase social superior a la suya para engañar a su abuela, empeñada en que encuentra mujer y se case; entre ambos nacen unos sentimientos que la timidez de ambos y sobre todo la diferencia de clase se empeñan en constreñir si no hacer imposible.

Es india tanto por los caracteres delicados, tímidos, respetuosos, de los dos protagonistas como por el carácter decidido de la abuela, realista experta en supervivencia en las condiciones más difíciles. Y es sobre todo india por la puesta en imágenes que da prioridad a lo sentido sobre lo manifestado, a lo sugerido sobre lo mostrado, a los silencios y las miradas sobre las palabras, a los gestos apenas esbozados sobre los cumplidos; y por la ternura hacia el detalle, hacia los objetos, hacia las pequeñas y para tantos imperceptibles bellezas que hacen el callado esplendor de lo cotidiano.

Es tan deliciosamente visual y tan delicadamente pudorosa esta película –situada en el polo opuesto de los aparatosos romances del popular Bollywood– que obliga a acumular adjetivos. Lo mejor es que la vean. Las interpretaciones de Nawazuddin Siddiqui, una de las mayores estrellas del cine popular indio, la actriz y bailarina Sanya Malhotra y la fantástica octogenaria Farrukh Jaffar son conmovedoras por su autenticidad.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios