Crítica 'Trash (Ladrones de esperanza)'

Turismo sentimental en las favelas

Trash (Ladrones de esperanza). Drama/aventuras/thriller, Reino Unido, 2014, 115 min. Dirección: Stephen Daldry. Guión: Richard Curtis (basado en la novela de Andy Mulligan). Fotografía: Adriano Goldman. Música: Antonio Pinto. Montaje: Elliot Graham. Intérpretes: Gabriel Weinstein, Rickson Tevez, Eduardo Luis, Rooney Mara, Martin Sheen, Wagner Moura, Selton Mello, André Ramiro, Jesuita Barbosa, Daniel Zettel, José Dumont, Gisele Fróes, Maria Eduarda, Nelson Xavier, Stepan Nercessian.

Stephen Daldry empezó bien con la encantadora Billy Elliott y subió enteros con la hermosa y emocionante Las horas (en la que administró con sabiduría la emoción de la música de Philip Glass y la de las interpretaciones de Nicole Kidman -fabulosa Virginia Woolf-, Meryl Steep, Juliane Moore, Ed Harris y John C. Relly); pero después bajó un peldaño con El lector, otro con Tan lejos, tan cerca y ahora baja tres de un golpe con Trash, ladrones de esperanza. Su filmografía está demostrando que es un excelente calígrafo que se limita a copiar con elegancia y eficacia textos escritos por otros. Si son muy buenos (y sumen aquí guión, música, intérpretes, diseño de producción y dirección fotográfica) él los escribirá pulcramente. Si no lo son, como sucede en este caso, su caligrafía será incapaz de dotar de profundidad a lo que no lo tiene o de tragedia a lo que debería tenerlo. Y éste es exactamente el caso de esta película.

Comete en otro registro el mismo error, gravísimo error, de Ciudad de Dios: utilizar el tema dramático de la vida de los niños y adolescentes en condiciones infrahumanas, para hacer espectáculo. En el caso de la sobrevalorada Ciudad de Dios se trataba de un videoclip falsamente comprometido. Se ha comparado también a la película de Daldry con Slumdog Millionaire, pero allí se jugaba con descarada eficacia al cine comercial, como su final made in Bollywood demostraba. Trash, ladrones de esperanza juega al melodrama lacrimógeno de superación. Rosa Montero escribió un artículo memorable a partir de lo que una anciana dijo a Paul Theroux: "La pena es pura y sagrada". Y así es: hay temas que no dan para complacencias melodramáticas, optimismo de telemaratón o ejercicios de estilo.

Las favelas no son el lugar idóneo para presentar a estos tres modernos Oliver Twist que, además de sobrevivir como pueden entre las basuras y la miseria, se las ingenian para librar su batalla contra los corruptos opresores. La diferencia entre Dickens y Daldry -¿hace falta decirlo?- es la autenticidad de la emoción además del genio. Intenta hacer agradable lo intolerable y digerible lo indigesto. Y eso lo estropea todo. Hasta las muy buenas interpretaciones de los niños.

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