Viento de libertad | Crítica Huyendo del 'paraíso': buen cine de suspense

Una imagen de la película. Una imagen de la película.

Una imagen de la película. / D. S.

La filmografía del alemán Michael Herbig ha sido irrelevante hasta ahora. Pero esta más que correcta película lo sitúa en otra dimensión: la de un eficaz narrador de una historia de suspense que durante casi todo su metraje logra mantener una agobiante tensión. El tema se basa en unos hechos reales -la huida de dos familias de la Alemania comunista a la libre utilizando un globo aerostático de fabricación casera- que ya había sido filmada en Fuga de noche, una apreciable producción Disney dirigida en 1981 por Delbert Mann e interpretada por John Hurt y Beau Bridges.

Esta nueva versión se inscribe en los intentos del cine alemán por contar su pasado reciente. Hasta ahora casi exclusivamente abordado por las películas angloamericanas de espías -desde El espía que surgió del frío en 1965 a El puente de los espías en 2015- o por obras maestras de la propaganda americana durante la Guerra Fría como Uno, dos, tres (1961) de Wilder, el cine alemán, poco a poco, nos va contando como era la vida en el paraíso socialista de la Alemania Oriental -La vida de los otros (Henckel, 2006) o Bárbara (Petzold, 2012)- y los desesperados intentos por huir de él -La promesa (Von Trotta, 1994) o El túnel (Suso, 2001)-. Hay paraísos a los que se huye y paraísos de los que se huye. Se levantan muros para impedir la entrada en unos países y muros para impedir salir de otros. El paraíso comunista se cuenta entre los segundos.

Lo mejor de esta película de Herbig es su construcción en dos círculos concéntricos: el de los intentos de fuga y el de la persecución policial. El segundo se va cerrando sobre el primero tras un primer fallido intento de fuga creando una muy conseguida presión angustiosa sobre las familias y sobre los espectadores. Estos, siguiendo el viejo consejo hitchcockiano de que el espectador tenga más información que los protagonistas, saben hasta qué punto la policía está estrechando el círculo de sospechas.

Con muy buenas maneras cinematográficas se filma la opresiva sensación de desconfianza y miedo que poco a poco, conforme son más conscientes de que les pisan los talones, les va ganando. Con detalles sutiles, como las miradas casuales de los extraños que ellos interpretan como espionaje y seguimiento. En una dictadura cualquiera puede ser un policía secreto o un "buen ciudadano socialista" dispuesto a delatar a sus vecinos y cualquier actitud que le parezca sospechosa.

Si en su conclusión cede demasiado a clichés demasiado subrayados por la música, durante casi todo su metraje es una buena pieza de suspense espléndida y sobriamente interpretada por todo el reparto.

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