Crítica 'Betty Anne Waters'

Una buena historia bien contada y mejor interpretada

Betty Anne Waters. Drama, EE UU, 2010, 107 min. Dirección: Tony Goldwyn. Guión: Pamela Gray. Intérpretes: Hilary Swank, Sam Rockwell, Melissa Leo, Minnie Driver, Peter Gallagher, Juliette Lewis. Fotografía: Adriano Goldman.

Si este país nuestro tuviera un cine menos previsible, acomodaticio, ensimismado y escindido entre la pedantería y la vulgaridad, se habrían llevado al cine las historias de los padres que luchan para que se haga justicia a sus hijos asesinados -o siquiera para que se encuentre su cuerpo-, para que se cambien las leyes, para enmendar errores judiciales... En fin, las historias de todos aquellos que luchan dentro o hasta contra el aparato legal para que se haga justicia. Como mucho estas u otras historias reales dan aquí para una tv-movie que copia malamente el peor cine americano, como ha sucedido con la reciente recreación televisiva de la tragedia del 11-M.

En Inglaterra o en los Estados Unidos estas películas, tantas veces precedidas por la fórmula "basada en un hecho real", suelen dar para buen cine de entretenimiento inteligente y a veces hasta para grandes películas. Algunas de estas historias de batallas legales de ciudadanos David contra la administración o las corporaciones Goliat son ficción (Legítima defensa, Acción civil) y otras son reales (Silkwood, Erin Brockovich). Betty Anne Waters pertenece al segundo grupo.

Trata de la larga lucha de una perdedora -una modesta ama de casa sin estudios- que se reinventa a sí misma -hasta logrando licenciarse en Derecho- para demostrar la inocencia de su hermano condenado a cadena perpetua. Se trata de una buena película que cuenta correcta y sobriamente una increíble, aunque real, historia de lucha contra la adversidad. Logra superar el listón de la medianía gracias a las grandes interpretaciones de Hilary Swank y Sam Rockwell; y a la excepcional dirección fotográfica de Adriano Goldman: precisa, nítida, realista, con un eco de los grandes reportajes fotográficos sobre la América de la white trash (basura blanca) que realizó Robert Frank en los 50 o realiza Danny Wilcox Frazier en la actualidad.

El mérito de Tony Goldwyn, nieto del magnate que fue uno de los creadores de Hollywood, hasta ahora un valorado realizador televisivo pero un soso director cinematográfico, es el de crear un sólido y sobrio marco narrativo para las poderosas imágenes de Goldman; y dirigir admirablemente a todos sus intérpretes, especialmente al dúo Swank-Rockwell. Como la fotografía se ordena a la narrativa creando el universo de casas prefabricadas, interiores vulgares, vastos espacios carcelarios o desolados exteriores de arrabal que permiten comprender los condicionantes ambientales que lastran las vidas de los protagonistas, las interpretaciones convierten los caracteres en personas con peso propio en la pantalla. Gracias a estos apoyos, Goldwyn logra una estimable muestra de eso que su abuelo hizo tan bien: buen cine para el gran público.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios