Chaos Walking | Crítica Errática historia de una película fracasada

Daisy Ridley y Tom Holland, en una escena de la película.

Daisy Ridley y Tom Holland, en una escena de la película. / D. S.

Adaptando la novela de Robert Ludlum El caso Bourne publicada en 1980, Doug Liman renovó en 2002 el thriller de espionaje abriéndolo a nuevas perspectivas estilísticas no exentas de referencias a las películas de espías de Sidney J. Furie, Guy Hamilton o Ken Russell en los 60. Tras ella sólo en Barry Seal: el traficante (2017) logró alcanzar esa eficacia.

Sus otras incursiones en el espionaje (Caza a la espía, 2010), la ciencia ficción (Al filo del mañana, 2014) o el bélico (The Wall, 2017) fueron correctas máquinas de entretenimiento. Esta nueva película está incluso por debajo de ellas. Adapta El cuchillo en la mano, primera novela de la trilogía de Patrick Ness –también autor de Un monstruo viene a verme– publicada bajo el título genérico de Chaos Walking. Visto el resultado sería lo deseable que aquí quedara la cosa y no se filmaran las otras dos novelas.

Un nutrido equipo de seis guionistas –entre los que figura el escritor, guionista y realizador Charlie Kaufman, que en principio iba a dirigirla–, que marca la errática escritura y reescritura de este proyecto que ha ido durante seis años de mano en mano para después de su rodaje ser retocado durante otros dos, pone en pie, ignoro si con fidelidad al original novelístico o no, una historia distópica ambientada en un planeta en el que se han refugiado unos terrícolas que se han visto sometidos a avatares que los han dejado sin mujeres y con los hombres afectados por algo que podría llamarse incontinencia de pensamientos: estos pueden ser oídos por los demás provocando que quien pueda controlar estas pedorretas mentales domine a los otros. Allí aterriza una nave con una señorita que será el desencadenante de la revolución hormonal del protagonista y, al no estar afectada por la incontinencia de pensamientos, supondrá un peligro para el poder establecido.

Con una pizca de series de aventuras distópicas de supervivencia para adolescentes tipo Los juegos del hambre y otra pizca de western galáctico, Liman saca a trancas y barrancas esta falsa moneda que de mano en mano ha ido logrando un híbrido entre el cine para adolescentes y la fábula moral antimachista y antipatriarcal de trazo grueso. El gancho de sus famosos intérpretes juveniles –los Tom Holland y Daisy Ridley de las exprimidoras de Spider Man y Star Wars– no funciona porque parecen perdidos en papeles que no acaban de comprender. No menos perdido parece ese buen actor de desconcertante filmografía –una cosa es la flexibilidad y otra el contorsionismo que no distingue calidades– que es Mads Mikkelsen.

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