La apariencia de las cosas | Estreno en Netflix Heteropatriarcado fantasma

Amanda Seyfried en una imagen de 'La apariencia de las cosas'.

Amanda Seyfried en una imagen de 'La apariencia de las cosas'.

Astutamente ambientada en 1980 y basada en la novela de Elizabeth Brundage, La apariencia de las cosas aspira a hilvanar nada menos que la impugnación del heteropatriarcado con los temas y modos del terror gótico a propósito de una pareja (Amanda Seyfried y James Norton: gana ella por goleada) que se traslada desde Nueva York a una casa (con fantasmas) en una pequeña localidad para que él pueda retomar allí su carrera docente en la Universidad.

Astutamente en tanto que el mensaje de fondo, que habla aquí de la transmisión del poder y la violencia masculina sobre la mujer en clave de relevo histórico y espectral, se acentúa en ese universo aún analógico que hace posible la suspensión de la credibilidad de una manera algo más sólida, aunque a la postre, fruto de un precipitado y delirante último cuarto en modo telefilme, se malbarate gran parte de lo logrado. Y eso era precisamente haber sabido mezclar lo paranormal con la paulatina degradación de la pareja que, fruto de las frustraciones y mentiras de él y las aceptaciones y sospechas de ella, desencadena toda una serie de acontecimientos trágicos.

La cinta de Springer y Pulcini (American splendor, Diario de una niñera, Casi perfecta) se suma así a la nueva oleada de filmes de trasfondo y mensaje feministas desde una perspectiva original en su arriesgado cruce de géneros, pero apenas sale a flote cuando aparca momentáneamente las irrupciones del más allá para quedarse a ras de tierra retratando la mezquindad del hombre o ese despertar del deseo como motor para escapar de un destino inscrito en las leyendas locales y los cuadros románticos.