Pelé | Estreno en Netflix Un mito brasileño

Edson Arantes do Nascimento, Pelé, en una imagen de juventud. Edson Arantes do Nascimento, Pelé, en una imagen de juventud.

Edson Arantes do Nascimento, Pelé, en una imagen de juventud.

De la favela a la gloria, de limpiar zapatos en las calles a convertirse en un mito nacional, la vida de Edson Arantes do Nascimento, Pelé, reúne todos los elementos para la épica. No la rehúye este ortodoxo documental de Netflix, que recorre sus hitos y momentos estelares, tal vez con exceso de prisa en los inicios y especial detenimiento en los cuatro mundiales que disputó entre 1958 y 1970 para ganar tres de ellos, con el motor siempre en marcha, propulsado por una música constante y guiado por las declaraciones del propio Pelé, hoy octogenario y achacoso, algunos de los que fueran sus compañeros en la selección brasileña y personalidades del periodismo, la política o la cultura.

Entre todos ellos reconstruyen el mito y cimientan la leyenda, esa que habla, con una insistencia que solo puede significar un intento de blanquear tal vez más de la cuenta, de un héroe nacional que sirvió para ilusionar y cohesionar a toda una nación incluso en los años más duros de la dictadura militar, una figura beatífica y casi sagrada cuyos triunfos contribuyeron a apaciguar a las masas y compensar la falta de libertades.

Hasta el propio Gilberto Gil participa de esa insistencia excesiva en la repercusión social de Pelé casi contra su propia voluntad, que sin duda busca hacerle un favor frente a los que han sostenido que, además de un crack y el mayor goleador de la historia, siempre fue el negro bueno, dócil y complaciente con el poder.

Todo ello no ensombrece empero los méritos narrativos de un documental que, como ya es costumbre en este tipo de trabajos, embellece, modela y mejora el material de archivo para hacerlo vibrar y sonar para tiempos de 4K y sonido 5.0. Pelé asiste así a su propia vida entre recuerdos, emociones y sollozos, sentado en una silla viendo pasar uno a uno sus triunfos, también algunas pequeñas decepciones, contento de que se le recuerde como la figura que hizo que Brasil se sintiera orgullosa paseando su bandera por el mundo en la segunda mitad del siglo XX. También, cómo no, por haber sido posiblemente el mejor jugador de fútbol de la historia.