'Bel Canto' | Crítica Secuéstrame si puedes

Julianne Moore, en 'Bel canto'. Julianne Moore, en 'Bel canto'.

Julianne Moore, en 'Bel canto'.

Paul Weitz firmó, junto a Chris Weitz, algunas malas comedias de éxito como American Pie, De vuelta a la tierra y Un niño grande. Desde 2004, en solitario, siguió rodando películas tan malas como las anteriores (Algo más que un jefe, El circo de los extraños, Ahora los padres son ellos, La vida de Flynn) y algún injustificado éxito (American Dreamz, Grandma). Ahora remata su carrera con la que tal vez sea la más disparatadamente mala película de su carrera.

Los disparates parten del guion de Anthony Weintraub basado en una novela de Ann Patchet que se inspira en hechos reales sucedidos en Lima en 1996, el secuestro por parte de un comando revolucionario/terrorista de Tupac Amaru durante 126 días de personalidades civiles y militares aprovechando una celebración en la embajada japonesa de Lima. El problema es que tanto la novelista (supongo: ni la he leído ni pienso hacerlo) como el guionista (como confirma la película) logran que lo real parezca un disparate inventado por alguien sin mucha lucidez en el momento de escribir. No solo por el tratamiento del tema, sino sobre todo por la inclusión del personaje de una diva de la ópera (Moore) invitada a la celebración por un magnate japonés (Watanabe).

Todo es tan caprichoso (incluso ocultando todas las referencias reales, supongo que para no molestar a nadie), absurdo, grotesco e inverosímil que, sumado a las pretensiones de estudio de caracteres en situación extrema, deriva a un ridículo propio de las parodias de Leslie Nielsen. Pero tomándoselo en serio.

No se pregunten qué se le ha perdido a Julianne Moore aquí, como si nunca hubiera roto un plato: recuerden que también trabajó en Los juegos del hambre. Y lo mismo vale para ese buen actor que es Watanabe: recuerden que también estuvo en El circo de los extraños a las órdenes de Weitz.

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