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Bacurau | Estreno online Formas de resistencia

Sonia Braga repite con Mendonça Filho en 'Bacurau' tras su papel en 'Doña Clara'. Sonia Braga repite con Mendonça Filho en 'Bacurau' tras su papel en 'Doña Clara'.

Sonia Braga repite con Mendonça Filho en 'Bacurau' tras su papel en 'Doña Clara'.

Casi un año después de su Premio del Jurado en Cannes, Bacurau llega a las plataformas digitales españolas (Movistar, Filmin, Rakuten, Vodafone y Orange) para confirmar a Kleiber Mendonça Filho, acompañado aquí en labores de guion y dirección por Juliano Dornelles, como el más firme valor internacional del último cine brasileño, un cineasta que, ya con Sonidos de barrio y Doña Clara, había demostrado unas nuevas formas y gestos para recuperar cierto espíritu político de aquel cinema novo de los 60 y 70 bajo un regenerado, posmoderno y desprejuiciado paraguas estilístico que permite, entre otras cosas, jugar precisamente con las maneras del cine de género norteamericano que ha colonizado a su manera los imaginarios de medio mundo.

Bacurau nos traslada al interior rural del Nordeste brasileño para proponerse como una gran fábula anticolonialista y política en tiempos de neoliberalismo feroz, venta y expolio patrimonial y peligrosas alianzas entre naciones conquistadas por nuevas formas de populismo sectario. No es difícil encontrar bajo el esquema de este western con pinceladas cósmicas, canciones de Gal Costa y Geraldo Vandre y guiños estilísticos al cine de Carpenter o Peckinpah, un gesto de verdadera resistencia popular en los cuerpos singulares y sudorosos de esos convecinos del pequeño poblado de Bacurau que, fieles a sus vínculos, a su folclore, a sus rituales y a su tradición campesina y luchadora, combaten a ese caricaturesco invasor paramilitarizado (con un Udo Kier autoparódico al frente) que no deja de ser un mercenario de esa corrupta clase política recién aupada al gobierno con el rostro y el verbo infames de un tipo como Bolsonaro.

Bacurau funciona así con seriedad e ironía iconoclasta en una doble dimensión política y metacinematográfica que trasciende viejos rigores formales de la modernidad para abrazar, y habrá quien no se lo perdone, los caminos del exploit como gesto de justicia poética, a saber, devolviendo al amigo americano con sus propias armas y en su propio lenguaje tantas y tantas afrentas y lecciones de sometimiento, menosprecio, superioridad moral y explotación del otro en aras de la aventura inane o el mero entretenimiento.