La estafa (Bad education) | Estreno en HBO Desvíos en la galaxia académica

Hugh Jackman y Allison Janney en una imagen de 'La estafa (Bad education)'. Hugh Jackman y Allison Janney en una imagen de 'La estafa (Bad education)'.

Hugh Jackman y Allison Janney en una imagen de 'La estafa (Bad education)'.

Con las hechuras sobrias marca de la casa, siempre por encima del mero formato telefilme gracias a su tono irónico de comedia negra contenida (que nos recuerda un poco a aquella Election de Alexander Payne), La estafa llega a HBO España para contar la historia, basada en hechos reales, de la mayor estafa en el sistema educativo público norteamericano, aquella que involucró al gerente Frank Tassone y a su ayudante Pam Gluckin en un desvío de fondos de casi 11 millones de dólares para su propio enriquecimiento y disfrute desde el centro escolar en el que trabajaban en Roslyn, Long Island.

A partir de un guion basado en un reportaje periodístico del New York Magazine, la película de Cory Finley traza la historia del caso poniendo el foco en su protagonista, un ex-profesor de literatura reconvertido en superintendente de trajes impecables y obsesionado por su imagen que despliega sus dotes de seducción como el más hábil y refinado de los vendedores de coches usados, un personaje al que un Hugh Jackman realmente extraordinario presta la percha, las maneras y modales del perfecto embaucador de madres de mediana edad en clubes de lectura.

A su lado, la no menos sobresaliente Allison Janney, ganadora del Oscar por su papel en Yo, Tonya, conforma la pareja para el engrasado funcionamiento cómplice de la maquinaria del fraude silencioso, una pareja que, por caminos separados, acaba revelando perfiles complementarios en el arte del disimulo, la suplantación, los complejos de clase y la imparable escalada en los peldaños de la corrupción como tentación inevitable nacida de las propias entrañas del sistema.

Porque más allá del serpenteante relato del caso y del estupendo retrato de personajes, La estafa nos habla también de las entrañas de la clase media y de ese sistema educativo que al parecer tanto le gusta al ministro Castells, de cómo su feroz competitividad más propia de la empresa privada forja ya el carácter, los mecanismos y posibles desvíos de las buenas prácticas de una institución, sus dirigentes y clientes.