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Madrid, interior | La primera película española del Covid-19 Gente (y gestos) en sitio

Tiene cierta lógica que haya sido precisamente Juan Cavestany el responsable del así llamado “primer largometraje español realizado durante el confinamiento por el Covid-19” (que se puede ver on line desde esta tarde en la web de El País), a saber, un ejercicio de improvisación y montaje hilvanado sobre una serie de acciones y gestos cotidianos en los hogares de un nutrido grupo de amigos y colaboradores habituales del dramaturgo, guionista y director de títulos como Urtain, Dispongo de barcos, Gente en sitios, Esa sensación o la serie Vergüenza.  

Y la tiene porque, contra toda posible sospecha de costumbrismo cuñadista de balcón, aplauso, cacerolada y webcam tan propio (e inerte) de estos días aciagos, Cavestany decide observar la situación con su habitual distancia de perplejidad y absurdo, sin renunciar a esa vuelta de tuerca que convierte la experiencia del encierro, el tiempo dilatado o la tendencia al solipsismo o a la nada en un relato coral y polifónico abierto al misterio, a lo inesperado y, por qué no decirlo, a las posibilidades creativas menos obvias en condiciones limitadas.  

Hecha de pequeños gestos cotidianos que cualquiera podrá reconocer como propios después de dos meses de encierro, Madrid, interior es también una suerte de musical (y en vivo, de Aaron Rux a Nick Powell) sobre esos rincones del alma que se van descubriendo poco a poco en las rutinas y las repeticiones, un filme que trasciende su condición realista para encontrar ecos, sueños, pesadillas, ironías e incluso chistes en su catálogo de situaciones y en su relevo de posturas que, desde la apertura de una lata de sardinas a sentarse a comer frente al televisor y las noticias (con el eco de Simón o Rufián), hacen de él un interesante estudio de espacios, movimientos y rostros ante el espejo, a veces ante el abismo de la propia puesta en escena.

Los protagonistas de este particular catálogo gestual son en ocasiones personalidades famosas del cine o la cultura como Coronado, Bermejo, De la Torre, Nieto, Mayorga, Rellán, Millás, Del Pino, Malla, Llorach, Cámara o Millán Salcedo (en una aparición estelar al grito de ¡Encarna!), en otras amistades y conocidos más íntimos del cineasta que se han prestado a su experimento improvisado.  De todo ese material auto-grabado entre el 23 de marzo y el 23 de abril, surge una película silenciosa, sin demasiada palabra, aunque tremendamente elocuente, cómica por momentos, sobre las implicaciones físicas y anímicas de un confinamiento como el que aún padecemos.

Ni documental casero ni sociología de urgencia, Madrid, interior vuela un poco más allá de las circunstancias y los formatos pandémicos y se conecta directamente con el universo personal de Cavestany en nuevos sitios (cerrados) y con esas gentes que, en su mundo, no consiguen esconder del todo sus rarezas y vergüenzas.