Quien quiera, que me siga | Crítica Ni contigo, ni sin ti

Daniel Auteuil y Catherine Frot en 'Quien me quiera, que me siga'. Daniel Auteuil y Catherine Frot en 'Quien me quiera, que me siga'.

Daniel Auteuil y Catherine Frot en 'Quien me quiera, que me siga'.

Lo fía todo esta comedia amable al carisma y las prestaciones de sus dos veteranos protagonistas estelares, Daniel Auteuil y Catherine Frot, acompañados para la ocasión por un Bernard Le Coq al que tal vez recordarán por sus anuncios de tónica Schweppes. Lo hace al funcionamiento esquivo de este particular triángulo de personajes en una pequeña localidad costera que se debaten entre las clásicas cuitas de pareja agotada, los escarceos amorosos de ella con el vecino y la llegada inesperada del nieto.

José Alcalá (Coup d’éclat) sirve su enredo en clave de humor blanco y situaciones de conflicto entre simpáticas y bochornosas que pasan de puntillas por la emancipación femenina para resolverla en clave de vodevil cuyo punto fuerte es siempre la caricatura de sus personajes: Auteuil encarna al sesentón cascarrabias y dependiente y la Frot compone a una esposa que lo ha aguantado más de la cuenta y ve una posible vía de escape en una inopinada aceptación de un trío de conveniencia.

No va mucho más allá una película algo avejentada y siempre plana en sus formas que tal vez conquiste algún codazo de complicidad entre públicos maduros y complacientes.