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Sinónimos | Crítica La palabra, la identidad y la rabia

El enigmático niño poeta de La profesora de parvulario se ha hecho un hombre, ha pasado por el ejército y ha salido huyendo de Israel con destino a París. Nadav Lapid vuelve a transfigurar la autobiografía en un nuevo y denso relato alegórico sobre la identidad y las raíces, sobre el dolor y la rabia, sobre el sentimiento de la extranjería y la necesidad de reconstruir un nuevo yo a partir de la palabra y el cuerpo.

En uno de los arranques más poderosos que hemos visto recientemente, un hombre desnudo deambula por un apartamento vacío ejecutando una enérgica danza del desconcierto, la cámara lo sigue hasta el baño, donde se ducha para entrar en calor hasta que se queda dormido. Sinónimos se abre así con la materialización simbólica, animal, de una salida al mundo, un renacimiento en un espacio extraño para habitarlo desde cero. Lo que sigue, entre gestos y figuras godardianas, siempre a través de una cámara que parece golpear y sacudir todo aquello que le rodea, no es sino el tránsito abrupto hacia esa nueva condición, un tránsito con ayudantes y cómplices (esa pareja de vecinos garrelianos que lo acogen, visten, financian, aman y abandonan), de reencuentro con esa violenta masculinidad hebrea en el exilio, con el recuerdo convertido en materia literaria, de las historias de vejación y muerte que provocaron la huida, con la indigna venta del cuerpo como modo de supervivencia en una ciudad cada vez más hostil y pornográfica.

Lapid y su personaje no se contentan con abrazar esa nueva identidad renegando de la anterior (y su lenguaje). Sinónimos también golpea los vacuos lemas de la República, los protocolos neutralizadores de la integración, el himno y la bandera. Nuestro protagonista, cuerpo indomable en convulsión, rechazará también, después de conocer el significado de cada palabra, esa nación de acogida que parece haber olvidado su grandeza, su poesía y sus cimientos morales. La imagen de Yoav disparando a Notre Dame resume y condensa las múltiples capas, tropos y lecturas de una obra maestra que pega fuerte en en estómago y la conciencia en esta época de cine que acaricia y da palmaditas en la espalda.