Volando juntos | Crítica Ecos de las marismas

Especializado como nuestro Gerardo Olivares en ese cine de aventuras, mensaje ecologista y paisajismo espectacular, el francés Nicolas Vanier (El último cazador, Lobo, Belle y Sebastian) nos lleva ahora a las marismas de Camargue y los cielos noruegos para una nueva historia (basada en hechos reales) de superación y valores medioambientales protagonizada por un padre biólogo separado, su hijo y un entrañable grupo de gansos salvajes a los que enseñarán un camino de migración seguro al tiempo en que fortalecen su relación y combaten con humor las trabas burocráticas y políticas que acosan los últimos ecosistemas en vías de extinción.

Blanca, ligera y transparente en su planteamiento, Volando juntos se deja llevar siempre por su entusiasmo naturalista y por ese afán pedagógico que convierte cada elemento en una pequeña lección, especialmente para aquellos espectadores más jóvenes e idealistas que aún confíen en el cine o los documentales como materia impulsora para la acción preservadora y la esperanza planetaria.

Rodada con amplios medios y ánimo viajero y planeador, la cinta regala cielos y horizontes limpios, brillantes puestas de sol y un acercamiento a las criaturas aladas que no puede dejar ningún corazón medianamente sensible sin enternecer.