Crítica 'Mi gran aventura sexual'

Ni gran aventura, ni sexual

Mi gran aventura sexual. Comedia, Canadá, 2012, 103 min. Dirección: Sean Garrity. Intérpretes: Jonas Chernick, Emily Hampshire, Sarah Manninen, Vik Sahay. Guión: Jonas Chernick. Fotografía: Gavin Smith. Música: Ari Posner.

Si se mezclara una de esas nuevas comedias americanas en las que los genitales han sustituido al cerebro, una mala y grosera comedia de situación televisiva y algo del hispánico Torrente surgido por error cuando lo que se pretendía resucitar al primer Woody Allen, saldría algo tal vez parecido a esta cosa proyectable.

Un tipo imbécil al que se le duerme su también imbécil amiguita mientras hacen guarrerías españolas, de tan mal amante como es, se entrena con la dedicación y la concentración de quien prepara oposiciones a abogado del estado o notario para convertirse en un amante experto y así lograr que la amiguita pase a novia con expectativas de esposa. Su preparadora, naturalmente, es una prostituta. La cosa da para chistes sobre sadomasoquismo, eyaculaciones precoces, travestismo, entrenamiento con melones partidos por la mitad y otras elaboradas muestras de humor ingle (que no inglés).

Y no se hagan ilusiones: todo, menos el melón, sucede en fuera de campo mientras los actores ponen caras de ir al cuarto de baño con hemorroides. No vayan a creerse que estas son las aventuras de un Indiana Jones sexual. La hipocresía comercial, que es mucho peor que la moral, exige el fuera de campo. Y eso es todo.

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