Monster Hunter | Crítica Jovovich y la extraña familia

Milla Jovovich, en 'Monster Hunter'.

Milla Jovovich, en 'Monster Hunter'.

Adaptando videojuegos (Mortal Kombat, Resident Evil), jugueteando con Alien (Horizonte final), haciendo refrito de bichos (Alien vs Predator) o destrozando clásicos populares (Los tres mosqueteros, Pompeya), Paul W. S. Anderson ha desarrollado una mediocre carrera –sembrada de algunos éxitos de taquilla– que Monster Hunter no redime. Una vez más adapta un videojuego. Una vez más la interpreta su pareja y musa Milla Jovovich. Una vez más el resultado es una ruidosa nada que no tiene la gracia de la serie B ni la carísima desmesura de Godzilla vs. Kong, su competidora en la taquilla española.

Muy deudora, entre otras muchas, de la brillante Starship Troopers de Verhoeven, enfrenta a un pelotón en misión de rescate a unos bichos asquerosos (inspirados en los poco gratos gusanos y arañas) que viven en otra dimensión. No hay más. Bichos (no muy creativamente resueltos) y gente –en cabeza la capitana Artemis y el misterioso Cazador– luchando contra ellos e intentando que luchen entre ellos. Espectáculo de segunda con un guión de tercera. Ridículo no redimido por el humor. Y nada más.

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