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El mejor Conan

Una imagen de la obra. Una imagen de la obra.

Una imagen de la obra.

Se cumple un año y medio del regreso de Conan a Marvel y el resultado no se acerca ni de lejos al nivel de excelencia que logró el personaje en su primera década de existencia. Por suerte, la editorial ha inundado el mercado con reediciones del material clásico, que, si ya era bueno, comparado con lo actual es poco menos que sublime. Pensarán ustedes que soy un nostálgico, pero no es así. Me gusta muchísimo el trabajo que hizo Roy Thomas con el universo de Robert E. Howard, aunque conservo también en la retina la grandeza de las páginas de Timothy Truman, Tomás Giorello y José Villarrubia para Dark Horse (el último número de su adaptación de Wolves Beyond The Border tiene fecha de 2016). Quiero decir con esto, que estoy deseoso de nuevas interpretaciones, pero es que lo de Savage Avengers me parece una tomadura de pelo, y de Conan 2099 mejor no hablamos.

En fin, a falta de pan, buenas son tortas, así que me he puesto a releer estos tebeos que tienen ya más de 40 años y debo confesar que me siguen pareciendo la hostia de buenos. Pasa, además, que la presente reedición es la mejor que se ha visto nunca, con el único defecto de que faltan algunos complementos de otros personajes por problemas de derechos. En lo que respecta al trabajo editorial, los volúmenes incluyen las ilustraciones, los artículos y los correos de los lectores de la edición original, están llenos de extras, la calidad de reproducción es estupenda, como lo son también la traducción y la rotulación (y es que hemos tenido que soportar cada cosa...). Por ahora, Panini ofrece lo mismo en dos formatos: en gruesos volúmenes de tirada limitada y en los tomos más pequeños y manejables de la recién estrenada Biblioteca Conan. El segundo ejemplar de esta última compila los cuatro primeros números de la mítica revista La espada salvaje de Conan, publicados originalmente en 1974 y 1975, en los que brillan con fuerza las páginas dibujadas a lápiz por John Buscema y embellecidas por las tintas creativas y minuciosas de un inmenso Alfredo Alcalá.

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