Festival de Jerez La danza es ya patrimonio de Jerez

  • Rafaela Carrasco inaugura hoy el Festival de Baile Flamenco y Danza Española de la ciudad gaditana. El Ballet Nacional de España cerrará la cita con un emotivo homenaje a Mario Maya

'Eterna Iberia', una coreografía del Ballet Nacional de España. 'Eterna Iberia', una coreografía del Ballet Nacional de España.

'Eterna Iberia', una coreografía del Ballet Nacional de España. / James Rajotte

Hasta hace poco, hablar de Jerez era hablar de la cuna –una de las principales– del flamenco. Era hablar de cante: de la Serneta, de Tío Borrico…; de bulería, de compás y de olor a bodega.

Y no es que no hubiera buenos bailaores y bailaoras, que siempre los ha habido. Desde la maestra Angelita Gómez, objeto de un libro que se presentará el sábado 22 (a las 13:00 en el Consejo Regulador del vino) hasta los y las jóvenes que se exhiben en las peñas en busca de una oportunidad. Jerezanas fueron La Malena, La Macarrona y tantas otras figuras. Pero hay que reconocer que, en el imaginario popular, siempre estuvo por encima el arte cantaor de Manuel Torre, o el de don Antonio Chacón y todas sus sagas.

Ahora, Jerez de la Frontera sigue siendo todo eso, pero es también algo más. Desde hace casi un cuarto de siglo, hablar de Jerez es también hablar de baile y de experimentación; de una tradición que, como la de la danza clásica en Cuba, tuvo que ser sembrada como una semilla, cuidada hasta hacerla madurar. Y si en la isla caribeña fue la genial Alicia Alonso la principal responsable de ese milagro, en Jerez (a menor escala y sin una Revolución de apoyo) ha sido su Festival, el primer Festival de flamenco y danza española de Andalucía –que es como decir del universo–, creado en 1996 por el espíritu visionario de Francisco López, por entonces director del Teatro Villamarta, y dirigido e impulsado desde 2009 por Isamay Benavente.

En estos 24 años, el Festival no solo ha ido creciendo en cuanto a sus dimensiones y su repercusión en la ciudad –medio centenar de espectáculos en esta edición, exhibidos en una veintena de espacios, amén de las cada vez más numerosas actividades que se organizan en torno a ellos– sino en apertura y universalidad. Así, mientras que en los primeros años no se podían programar montajes demasiado arriesgados, a casi un cuarto de siglo del comienzo, en el Festival de Jerez se pueden ver reflejadas todas las tendencias dancísticas, incluidas las más vanguardistas. En cartel, artistas consagradas como Sara Baras conviven con jovencitas como Paula Comitre, que este año estrena su primer gran trabajo en solitario, Cámara abierta. Artistas apegados a su tradición –aunque del siglo XXI– como los jerezanos El Pipa o Andrés Peña, que estrenan obra en el Villamarta, o como La Lupi o Hiniesta Cortés o Luisa Palicio o Mercedes de Córdoba o Carmen Herrera… y experimentadores natos, como Estévez y Paños, que llegan con su última pieza, El sombrero. Y Olga Pericet, con Un cuerpo infinito. Y Ángel Muñoz, con Iberias (otro estreno absoluto) y Daniel Doña con Psique, o el inquieto Marco Flores, que ha puesto a los jerezanos David y Alfredo Lagos a jugar a su particular Rayuela.

Paula Comitre presentará 'Cámara abierta'. Paula Comitre presentará 'Cámara abierta'.

Paula Comitre presentará 'Cámara abierta'.

En cuanto a la apertura y a la universalidad del flamenco, amén de las más de 500 cursillistas que llegan cada semana de casi 40 países (con la baja obligada en esta ocasión de las 40 chinas inscritas) este año regresa la compañía del japonés Shoji Kijima, que estrena Lorca x Bach con coreografía de Javier Latorre y un conjunto de grandes intérpretes. Y veremos, en Viva, un homenaje que unos magníficos bailaores, travestidos, le rinden a unas magníficas mujeres. Y por si fuera poco, la italiana Mónica Morra, directora de una academia de flamenco en Turín y el bailaor y maestro sevillano Manuel Betanzos, han creado el Concurso Internacional de Baile Flamenco de Turín (Turín de la Frontera). Un autentico certamen con cinco categorías (y varias subcategorías) al que este año se han presentado nada menos que 120 aspirantes de todo el mundo, todos ellos ya en Jerez desde hace unos días para realizar las pruebas de selección. La Gala de los Premiados tendrá lugar el sábado 22 en la Sala Compañía, donde el domingo 23 actuarán los solistas ganadores de la pasada edición, Maise Márquez y el brasileño Gabriel Matías. Este último, además, estará esta noche entre los diez hombres que acompañan en su destino a la Ariadna-Rafaela Carrasco. El montaje de la sevillana, uno de los estrenos más esperados, ha tomado como base el célebre mito griego para, con la dramaturgia de Álvaro Tato, hablar de conceptos tan universales como el abandono, el patriarcado o el miedo.

Sin olvidar el cante ni el toque, que también tienen su protagonismo, este año con figuras como El Cabrero, Rafael Riqueni, María Vargas o Paco Jarana, Jerez será sin duda estos días el mejor escaparate para la última cosecha del baile.

El colofón, el día 7 de marzo, lo pondrá en el Villamarta el sevillano Rubén Olmo con su primer espectáculo al frente del Ballet Nacional de España. Junto a la coreografía Eterna Iberia, del anterior director Antonio Najarro, veremos, con carácter de estreno absoluto, los nuevos trabajos de Olmo: Invocación Bolera, Jauleña y algo que de seguro conmoverá a todos los aficionados andaluces: la reposición, en homenaje al genial Mario Maya, de su primera obra para la que fue la Compañía Andaluza de Danza: De lo flamenco.

Esta fresca y hermosa suite flamenca, compuesta de siete cuadros, vio la luz el 12 de noviembre de 1994 en el sevillano Teatro de la Maestranza y de ella formaron parte muchos de los que hoy son primeras figuras del baile, desde Israel Galván o Isabel Bayón (a la que echaremos muchísimo de menos y esperamos ver pronto de nuevo por el Festival) a la propia Rafaela Carrasco, repetidora de Mario en su tiempo y autora hoy de tres de las coreografías de la obra. Una gran velada para la que no queda, desde hace semanas, ni una sola entrada.

En cualquier caso, el Festival siempre merece una visita. Su oferta es enorme y para todos los gustos y, además, está Jerez: sus peñas, sus barrios, sus bodegas... Una ciudad que huele a buen vino y rezuma flamenco.

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