Ahmed Saadawi | Escritor "Los intereses de EEUU y de Irán pueden sumergir de nuevo a Iraq en el caos"

  • El autor acaba de publicar en España su novela 'Frankestein en Bagdad', una sátira coral que retrata la esperpéntica vida cotidiana en la capital iraquí tras el final de la guerra

El escritor Ahmed Saadawi (Bagdad, 1973), en la biblioteca de la Fundación Tres Culturas. El escritor Ahmed Saadawi (Bagdad, 1973), en la biblioteca de la Fundación Tres Culturas.

El escritor Ahmed Saadawi (Bagdad, 1973), en la biblioteca de la Fundación Tres Culturas. / Víctor Rodríguez

Antes de ser escritor, Ashmed Saadawi (Bagdad, 1973) era caricaturista. Y es esa manera de mirar al mundo –formando viñetas de humor negro– la clave de Frankenstein en Bagdad (Libros del Asteroide), una novela que presentó recientemente en España en la Fundación Tres Culturas y en el Hay Festival. En esta obra el autor retrata el esperpéntico día a día de una ciudad arrasada y que, pese a todo, late y da cobijo a ciudadanos de diferentes culturas, identidades y pelaje. Como Hadi, un trapero que compone una criatura cosida con los retazos de las partes del cuerpo de las víctimas de una guerra cuya espita se abrió el 1 de marzo de 2003, cuando George W. Bush afirmó que Sadam Hussein tenía "armas de destrucción masiva".

–¿Dónde estaba usted aquel día?

–En Bagdad, y sigo viviendo allí. Recuerdo tener mucho miedo y temer por la vida de mis familiares. Murieron muchas personas... Es difícil explicarlo en pocas palabras, pero en términos generales la gente quería deshacerse de Sadam; no hemos de olvidar que el régimen autoritario perpetró masacres cuyas heridas aún siguen indelebles en nuestra sociedad. No pocos iraquíes anhelaban su caída aunque supieran que podía conllevar consecuencias nefastas. La élite intelectual albergaba muchas esperanzas en la intervención de las tropas norteamericanas porque creía que iban a instaurar un régimen democrático que permitiera a los iraquíes, por fin, ejercer sus derechos y libertades.

–El mundo contempló el derribo la estatua de Sadam pero luego la guerra dejó de interesar. Su novela va de eso: la vida entre el caos cuando ya nadie mira.

–La caída de la estatua de Sadam es el punto de inflexión. La mayoría creía que lo positivo iba a prevalecer sobre lo negativo, pero siguió habiendo cosas buenas y malas. En el imaginario iraquí las cosas malas prevalecen sobre las buenas, el iraquí es pesimista. Hasta aquí sería la respuesta simple. La compleja sería decir que en tiempos de Sadam el país estaba gobernado por una minoría y con su caída siguió en manos de una minoría, la de los chiíes, que vela por sus propios intereses. Hoy hay zonas donde no se aprecia ningún atisbo de desarrollo. Las promesas nunca han llegado a materializarse.

–El humor y la fantasía son el tamiz por el que filtra la violencia, ¿tenía claro el tono?

–No es una evasión de la realidad, quería ponerme en una perspectiva diferente a la de los medios. He buscado recluirme en una esquina y ver la multiplicidad de la experiencia de la guerra. Por ejemplo, en un barrio de Bagdad, mientras las tropas estadounidenses luchaban contra la insurgencia, era el único momento para que una pareja joven de enamorados se encontrara. En la sociedad iraquí y en la árabe en general una relación de un hombre y una mujer fuera del matrimonio es algo absolutamente prohibido.

–¿Ha temido represalias?

–Realmente no he recibido amenazas de los grupos radicales pero en mi perfil de Twitter sí han llegado a colgar fotografías de mi libro ardiendo y han dicho que me van a quemar a mí también. Y en Facebook hay gente que dice que mi novela va en contra del Islam. Puede que lo que escribo no agrade a las facciones más radicales de la sociedad, pero hoy en Iraq no hay tantas amenazas como entonces. Los escritores que vivimos en Iraq escribimos bajo nuestra responsabilidad.

–¿Qué papel debe tener Europa ante los distintos resultados de las primaveras árabes?

–Tiene que apoyar los procesos de transición democrática y extrapolar la experiencia, basándose en dos claves: la educación y el conocimiento. Si realmente Europa mantiene y fortalece sus valores fundacionales, puede hacer frente a los movimientos extremistas de un lado y otro y también afrontar crisis como la de los refugiados.

–Hadi recoge la tradición de los contadores de cuentos por cafés y zocos, ¿cómo se documentó?

–Todos los personajes están extraídos de la realidad. Me puse en contacto con cada ambiente. Pasé mucho tiempo entre traperos... Quería trasladar el latido de las calles de Badgad.

–Las mujeres también tienen mucho peso, ¿cuál es su papel en el Iraq actual?

–Los años que siguieron a la caída de Sadam no eran propicios para reivindicar la igualdad. Pero en los últimos tiempos se aprecia una mejora. Hace dos años una joven recorrió las calles de Bagdad con su bicicleta y resultó, a ojos de alguna gente, una provocación. Hubo una contrarreacción y muchas chicas empezaron a organizar paseos en bicis. Ya es una normalidad, no una anomalía.

–La cultura es capaz de resistir en las circunstancias más adversas, ha dicho usted alguna vez...

–Después de la guerra empezamos a apreciar un movimiento cultural, sobre todo en la creación literaria. En Bagdad hay una calle muy famosa llena de librerías, Al-Mutanabbi, en honor a una los poetas más grandes de la cultura árabe. Esa calle, que fue arrasada durante la guerra, es la misma donde estaban los libreros en la época dorada de los abbassies. También el cine está experimentando un nuevo tiempo y hay jóvenes haciendo carrera sin apoyo del Estado. Y en la música, gracias a Youtube, hay canciones que son hoy un éxito en todo el mundo árabe.

–Finalista del Man Booker Internacional, ganador del Grand Prix de L'Imaginaire, ¿siente que es parte de un boom de la literatura árabe contemporánea?

–Este libro y sobre todo esos premios han contribuido a dar a conocer la novela iraquí y la árabe en general. Pero no quiero atribuirme el mérito, hay una generación que está reescribiendo la novela árabe, como Muhsin Al-Ramli, afincado en Madrid, profesor de Literatura Árabe que ha publicado Los jardines del Presidente, traducida al inglés.

–¿Cómo ve el futuro del país?, ¿se sigue viendo viviendo allí?

–No podría dar un pronóstico pero sí sé que Iraq está en el ojo del huracán, a caballo de dos potencias: Irán y Estados Unidos. Todo lo que está ocurriendo últimamente, y me refiero por ejemplo a los ataques con drones a las instalaciones petroleras saudíes, tiene que ver con la guerra de intereses estratégicos. Por estar en medio de una zona en ebullición, los iraquíes temían que se fuera a desatar la guerra entre ambos países y que les alcanzaran los proyectiles y los bombarderos. Hemos concluido un ciclo, el de la guerra civil, y ahora estamos ante un nuevo reto, el geoestratégico. Iraq se encuentra entre dos potencias: por una parte Irán y por otra los aliados de Estados Unidos, y cualquier desliz podría sumergir de nuevo a nuestro país en el caos. Ahora bien, en el plano personal la escritura es lo más importante para mí. Por ahora, la situación en Bagdad es propicia para seguir escribiendo, pero cuando vea que no lo es, entonces elegiré abandonarla, sin exilio, sólo abandonarla. Quiero mucho Bagdad.

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