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Canciones de la otra vida

  • José Mateos publica 'Otras canciones', un delicado y hondo poemario que respira vida cierta, es decir, vida única y particularmente extraña.

El escritor y pintor José Mateos (Jerez de la Frontera, 1963). El escritor y pintor José Mateos (Jerez de la Frontera, 1963).

El escritor y pintor José Mateos (Jerez de la Frontera, 1963). / Juan Carlos Toro

Dice José Mateos que para leer y gustar de la poesía hay que haberla recibido antes. Y conociendo su obra, sabemos que no son éstas palabras gastadas, palabras sin más. Él ha hecho de esta afirmación una declaración de vida: es manifiesta su voluntad de estar preparado para recibir la poesía, para buscarla, para encontrarla en la fragilidad del mundo que nos rodea, en esa realidad no siempre visible donde la emoción cobra razón de ser, donde la belleza se unge de sentido. Con su obra literaria -también con sus delicadas acuarelas y dibujos- no busca un destino cierto, sino un camino que sabe jalonado de preguntas.

En 2015 publicó Un año en la otra vida, un libro especial en varios sentidos: por su difícil clasificación genérica, por su voluntad de traspasar el límite que separa el mundo de los vivos y de los muertos, por la precisión, armonía y belleza de su prosa. Durante la escritura de este libro, surgieron una serie de poemas que ahora se recogen en Otras canciones.

Es éste un libro fundamental para entender la escritura de José Mateos. Desde el prólogo del libro, el autor nos cuenta el verdadero sentido de estos poemas, su capacidad para expresar lo que "no puede ser dicho de otra manera". Huye Mateos, como siempre ha hecho, del vocablo hueco. La Palabra es un don, parece decirnos, y encontrar su significado exacto es un pequeño milagro a la medida del hombre. Tal vez por eso, no vacila en utilizar términos caídos en desuso, relegados al trastero por la sociedad biempensante, como amor, belleza, muerte o dolor.

Algunas de estas composiciones -breves todas, a excepción del poema que cierra el libro, Canción de lo que está por decir-, tienen su correlato en otras tantas anotaciones de Un año en la otra vida: "aquellos membrillos, aquella visita al Museo del Prado, aquella buena amiga que falleció por entonces y que aún me solicita desde su ausencia...", nos confiesa el propio autor. Pero lo anecdótico, lo circunstancial, se ha convertido ahora en sustancial. Desprovistos del contexto natural de lo narrado, estos poemas contienen una verdad revelada al poeta, que, como comentábamos al principio, está siempre dispuesto a recibirla.

Tanta verdad es, precisamente, el título de la primera parte de Otras canciones. El poeta la encuentra en la observación minuciosa de lo cotidiano, levantando los ojos hacia lo que dura un instante, contemplado el paso del tiempo en esos recurrentes membrillos que son símbolos de belleza fútil que nos conmueve: "En la penumbra de ébano, / sobre la mesa, un vaso / de vino y tres membrillos: / sólo el silencio puede / decir tanta verdad" (Un bodegón).

Es éste también un libro de homenajes, recogidos en las secciones Lecturas y Paseo por el museo del Prado. En la primera, el autor nos propone un encuentro con autores y libros escogidos, pero sobre todo, nos enfrenta a un hecho que parece incuestionable para él: la capacidad de la literatura para abrirnos la puerta a mundos distintos: "El libro sobre la mesa. / Le abro las alas, / y vuela" (Lectura). La segunda ofrece un paseo personal por la obra de algunos de sus más queridos pintores con el firme propósito de "robarle a la muerte / tanto silencio".

Bajo el título Apuntes del natural, una serie de bosquejos literarios conectan con la obra pictórica de Mateos. Como sus acuarelas, estos poemas son su particular modo de preservar las impresiones vividas durante sus largos paseos por el campo y también de esos trozos de naturaleza que a veces nos asaltan en nuestro deambular por la ciudad. Como sus pinturas, estos versos tienen la transparencia delicada de una emoción sincera: "No quiero, como entonces, / conquistar tu secreto. / Sigo vivo. Y ahora / mirarte es suficiente" (Crisantemo).

Es la última sección, Aquí y más allá, Mateos insiste en su interés por indagar los límites entre realidad y sueño, entre vida y muerte. Son poemas en los que invoca las pocas cosas que nos hacen traspasar esas débiles fronteras: la música, ciertos atardeceres, la belleza de la juventud enfrentada a las decadentes ruinas romanas de la playa de Bolonia; y el amor como un conjuro contra la muerte, como una trampa para aplacar el tiempo: "La muerte tiene miedo / cuando tú y yo decimos / y hacemos tonterías" (Un poema de amor). Cierra el libro Canción de lo que está por decir: la Palabra que es poesía, que es verdad, ambigüedad y certeza, que contiene al mundo y al poeta.

Hay en estos poemas un sustrato de vida cierta, en el único sentido en el que la vida puede serlo: siendo única y particularmente extraña, y, por eso mismo, igual y tan distinta para cada uno de nosotros. Estas canciones suenan al lector a tiempo detenido, a excusa ineludible, a trasiego del pensamiento, a soledad dormida, a certeza descubierta en el mismo instante de la lectura, y también cada vez que se vuelve al poema. Desnudas de artificios, "con la prudencia y la timidez del polvo", estas canciones "son muy poca cosa", pero como la mayoría de las pequeñas cosas, resultan imprescindibles.

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