Care Santos | Escritora

"La literatura es el único lugar en el que se puede contar la verdad"

  • Care Santos regresa con 'Todo el bien y todo el mal', una novela sobre las deslealtades y los engaños con los que avanzamos por la vida

Care Santos, en una reciente visita a Sevilla. Care Santos, en una reciente visita a Sevilla.

Care Santos, en una reciente visita a Sevilla. / Víctor Rodríguez

La estabilidad de Reina, que aparentemente lo tiene todo a su favor, se ve amenazada cuando ella se encuentra en un viaje de negocios en Bucarest y sabe por una llamada telefónica de un turbador episodio: su hijo, un adolescente "responsable, de esos que gustan a los adultos", ha intentado suicidarse. La mujer tardará en reencontrarse con su vástago: una ola de frío le impedirá coger el vuelo de regreso a casa y, en la espera en el aeropuerto, Reina empezará a replantearse el modo en que hasta ahora se ha relacionado con los demás. Con Todo el bien y todo el mal, publicada por Destino, Care Santos (Mataró, 1970) retrata las deslealtades y los engaños con los que avanzamos por la vida hasta ese día en que, por alguna razón, el reflejo del espejo nos muestra nuestro verdadero rostro.

-Toma la letra de un bolero como inspiración para el título. El libro se pregunta sobre el bien y el mal...

-Soy muy maniática con los títulos, que en mis obras nunca están elegidos al azar y están siempre muy justificados. La protagonista oye ese bolero en el aeropuerto donde espera un vuelo, y esa canción se la cantaba antes su madre. Y hay una conversación con un personaje secundario, Ulf, en el que se habla de eso, del bien y del mal. Lo que le está pasando a Reina le hace reflexionar sobre en cuál de esos dos conceptos encaja. La novela, lo digo al final de este libro, continuará en una segunda parte que toma su título de un tango, Caminito, y se llamará Seguiré tus pasos. Allí voy a explorar entre otros personajes al padre de Reina, del que aquí se quedan muchas cosas por contar.

-Reina dice de sí misma que nunca ha sido "una mujer fiel por completo a nadie". Ha querido hacer un personaje muy imperfecto, muy humano.

-Creo que es una mujer muy de nuestro tiempo. Aunque me está asombrando que hay lectores que se sorprenden, se escandalizan un poco, con el comportamiento de Reina. Saben que hay una madre, lo leen en la contraportada, y esperan otro modelo de mujer sólo por el hecho de que ella es madre. Eso dice mucho del tipo de sociedad en el que todavía estamos. Por eso es importante escribir personajes como Reina, imperfectos, porque imperfectas son las mujeres reales. Ella se comporta como los hombres de hace 40 años: algunos lo ven como un personaje muy masculino, que no da explicaciones a nadie e incluso hace lo que no debe.

"El suicidio es un tabú, sigue asustando. Se piensa que si no se nombra no existe, que es un error hablar de ello"

-Resulta curioso que el personaje no pueda coger un vuelo debido a una ola de frío, pero en ese aeropuerto haga una especie de viaje -interior- en el que cambiará su perspectiva.

-Sí. Me interesaba mucho ese espacio tan claustrofóbico, tan asfixiante, del aeropuerto. Me gusta porque creo que acentúa la vulnerabilidad de ese personaje, y porque me parece que los lectores se pueden sentir reconocidos en esa situación: todos nos hemos sentidos maltratados alguna vez cuando íbamos a coger un avión.

-Su protagonista y usted casi nacen en la misma fecha -con apenas un mes de diferencia-, ambas tienen orígenes andaluces... ¿Qué hay de usted en Reina?

-Curiosamente, mis protagonistas femeninas van aumentando de edad [ríe]. En Habitaciones cerradas, el personaje cumplía 40 años y yo los cumplí mientras escribía esa novela, y en la siguiente que publique ahora, qué remedio, la protagonista estará cerca de los 50. Uno no puede evitar proyectarse en los personajes. Es más honesto así, me gusta pensar que les prestas tu momento vital a tus criaturas. Y, sí, algo me dice que en mis libros las protagonistas van a seguir envejeciendo [ríe de nuevo].

-En la contraportada se cuenta que ella es madre, pero no se menciona un incidente muy importante en la trama, el intento de su hijo adolescente de quitarse la vida. El suicidio, ¿sigue siendo un tabú?

-Sí, sigue siendo un tema que asusta, más a los adultos que a los jóvenes. Es un asunto en el que hay mucha hipocresía: se continúa sin hablar de él, pero es la causa principal de muerte no natural entre jóvenes. Se sigue creyendo que si algo no se nombra no existe; se piensa que si hablas del suicidio vas a darle la idea a futuras víctimas. Elegí este tema porque conozco muy bien a los jóvenes, escribo libros para ellos, y esta vez me apetecía hacer un libro con un adolescente pero concebido para adultos. Una novela en la que volcase todo lo que he aprendido de los adolescentes en estos años.

-Usted define la adolescencia como "el equivalente biológico de la revolución francesa y la rusa juntas".

-[Ríe] Sí, así lo creo. Es un momento muy convulso para quien lo está viviendo y para quien está a su alrededor. Yo ahora tengo tres adolescentes en casa y eso me brinda mucha información que, inevitablemente, acaba colándose en lo que escribes.

"Los lectores ven que la protagonista es madre y les sorprende que sea infiel, como si fueran rasgos incompatibles”

-En las preguntas que se hace entonces en el libro habrá muchas preocupaciones propias. Como Reina, usted se cuestionará qué se puede hacer para proteger a los hijos.

-Voy notando que con el paso de los años siento cada vez más necesidad de escribir de temas personales, de llevarlo todo hacia mi terreno. Cuando empiezas a escribir quizás necesitas más disfraces; con la edad vas adquiriendo experiencia, y no olvidemos que la experiencia es de lo que nos servimos los novelistas. Y, sí, por supuesto que en esta obra hay mucho de inquietudes propias, de historias que he conocido de primera mano.

-Rumanía, donde se queda atrapada Reina, es un escenario muy atractivo para una ficción.

-Conozco muy bien Bucarest, porque se da la circunstancia de que Rumanía me ha tratado estupendamente, me han traducido mucho allí, tengo una editora maravillosa y cada año presento un libro. Allí son muy lectores, como ocurre en los países que han vivido bajo un régimen comunista, donde conservan un gran amor por la cultura. Una de las veces que estuve allí conocí la tradición del martisor, esta especie de amuleto que representa el triunfo de la luz sobre las tinieblas y que se entrega el uno de marzo para celebrar la llegada de la primavera. Me pareció una costumbre tan bonita que tuve que contarla. Una novela es, entre otras cosas, un catálogo de pasiones personales.

-Uno de los personajes dice que la industria farmacéutica, un sector que se aborda también en la novela, representa "todo el mal del que es capaz la especie humana".

-Sí, eso de mirar sólo los intereses económicos e individuales y desatender problemas que afectan a la humanidad, eso de encubrir sus faltas con estrategias comerciales... Es algo que está ocurriendo en nuestra sociedad y se denuncia poco, porque el económico es el único poder que nos gobierna. En todas partes, la verdad está pasada por un tamiz, y ese tamiz es el poder económico. Y ningún medio de comunicación puede enfrentarse a él. Una novela sí lo puede hacer, porque en realidad los escritores interesamos muy poco. Por eso, tal vez, el único terreno donde puedes contar todas las verdades de la vida es la literatura.

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