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Los años que todo lo cambiaron | Crítica

España reconstruida

  • 'Los años que todo lo cambiaron' resumen,desde una posición privilegiada, los años en que se forma y se asienta la democracia española, gravemente amenazada por la involución, el terrorismo y la crisis económica

Alberto Oliart (Mérida, 1928), en su nombramiento como presidente de RTVE Alberto Oliart (Mérida, 1928), en su nombramiento como presidente de RTVE

Alberto Oliart (Mérida, 1928), en su nombramiento como presidente de RTVE

En este segundo volumen de memorias -el primero fue Contra el olvido-, Alberto Oliart recuerda sus años de servicio público al frente de los ministerios de Industria, de Sanidad y de Defensa, bajo los gobiernos de la UCD presididos por Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo. Quiere decirse, pues, que en esta obras se recogen, con el inevitable peaje del tiempo y la memoria, los testimonios de un actor destacado en los años iniciales de la democracia española, y cuyo interés reviste la mayor importancia, tanto para conocer una de las páginas más brillantes y vertiginosas de la reciente historia de España, en sus tres o cuatro aspectos fundamentales, cuanto por conjurar la universal ignorancia que hoy prevalece sobre tales hechos.

Oliart retrata el laborioso deslizamiento desde una sociedad salida de una dictadura a una sociedad moderna, plural, plenamente democrática

Uno primero es la estrecha colaboración de los partidos políticos en los llamados Pactos de la Moncloa, cuya finalidad era sortear la crisis económica producida por el alza de precios petrolíferos. Una colaboración leal, en términos generales, que vino alentada por la posibilidad cierta de una involución política, fruto de la inestabilidad social. Relacionado estrechamente con este aspecto -recordemos que Oliart fue, consecutivamente, ministro de Industria y Energía y de Sanidad y Seguridad Social- es la modernización y asentamiento en Europa de la democracia española. Lo cual pasaba, en aquel momento, por la entrada tanto en la CEE como en la OTAN. Un tercera cuestión, de naturaleza compleja, es el laborioso deslizamiento desde una sociedad y unos estamentos salidos de cuatro décadas de dictadura, a una sociedad moderna, plural, plenamente democrática (lo cual implicaba, entre otras muchas cosas, la promoción de una clase media amplia, educada, influyente). Este es, acaso, uno de los mayores logros de la generación política de aquella hora; logros que, como se encarga de recordarnos Oliart, tuvieron dos principales adversarios: el ejército que había hecho la Guerra Civil y que aún copaba el escalafón; y el terrorismo separatista de ETA, cuya ambición y cuyas acciones fueron encaminadas a provocar la reacción totalitaria de la milicia. Como sabemos, esto ocurrió sólo en parte. Y decimos que sólo en parte, porque el resultado de la tentativa más conocida, aquella que se dio el 23-F de 1981, obró socialmente contra la posibilidad misma de repetirse. Antes y después hubo otras conspiraciones, como recuerda aquí Oliart; pero tras el pronunciamiento de Tejero la imagen misma del Ejército como salvadora del país se resintió. De modo que, paradójicamente, la bárbara ejecutoria de ETA no sirvió para exacerbar al nacionalismo español, pero sí para mostrar la naturaleza criminal y totalitaria de una parte importante del nacionalismo vasco.

Todo lo cual implica (los Pactos de la Moncloa, la modernización y la apertura del país, el triunfo sobre las intentonas golpistas), que quienes aún hoy se refieren a la Transición como una continuación del Régimen por otros medios -”Todo está atado y bien atado”, etcétera-, ignoran radicalmente, por vocación o mala fe, cuanto ocurrió en aquellos años dramáticos y memorables, de los que emergió, en brevísimo tiempo, una democracia madura. Ésta parece ser la aspiración principal de Alberto Oliart al redactar estas memorias, junto al legítimo orgullo de vindicar su ejecutoria como servidor público en puestos de enorme responsabilidad y en una hora determinante. También parece que estas páginas quieren destacar la importancia de personalidades cuyo relieve hoy se desdibuja, se elude o se deplora, y a cuya cabeza figura Juan Carlos I, seguido de Adolfo Suárez. Pero también Carrillo, Tarancón, Felipe González, Gutiérrez Mellado, Torcuato Fernández Miranda, Fernando Abril, Alfonso Guerra, Leopoldo Calvo Sotelo y muchísimos otros valedores del proceso democrático, entonces balbuciente.

Por igual motivo, resulta de enorme interés el carácter liberal, la personalidad diligente y conciliadora que muestra Oliart, así como el fraccionamiento -aquí explicado- de la vasta amalgama de la UCD, que se disolvería poco tiempo después, tras la dimisión de Adolfo Suárez. A ello se añade una cuestión crucial, que sortean oportunamente quienes hoy desprecian o trivializan la Transición: en Los años que todo lo cambiaron se asiste, a veces con angustia, a la fragilidad y la provisionalidad de la democracia en ciernes; democracia cuya consecución es una magna obra de sillería política donde también, naturalmente, han encontrado sitio las aparatosas gárgolas de hogaño.

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