Juan Jacinto Muñoz Rengel. Escritor

"Introducir lo fantástico abre la puerta a temas de poso filosófico"

  • El autor publica 'El sueño del otro', novela en la que plantea una digresión de la realidad. "Aún no sabemos lo que es la identidad ni la memoria".

-El sueño del otro reflexiona sobre el concepto de realidad, hasta qué punto es algo fiable, dónde empieza lo tangible. El bombón favorito de todo filósofo.

-Realmente, lo que estoy recogiendo es el testigo de algo que ha estado desde siempre en la historia de la filosofía, desde el mito de la caverna de Platón: qué es lo real y qué lo falso. Descartes lo concreta mucho con la hipótesis del dios engañador y la duda metódica, empieza a cuestionar cada uno de los pilares de la realidad, y Kant lo vuelve a retomar, aunque es algo que se ha discutido de continuo... Sin embargo, en literatura no se ha tocado tanto, no se le ha dado la vuelta de tuerca que intento practicar en mi novela. Los protagonistas son dos personajes que se sueñan mutuamente: podía haberme quedado en un relato corto, que habría sido lo natural, pero decidí llevar la historia al extremo, tratar de mantenerle el pulso a la idea durante 300 páginas. El punto de partida es una idea muy fantástica que planteo desde un tratamiento realista, porque todo lo demás en la novela es muy real.

-En la novela, vemos cómo los límites de la realidad de ambos protagonistas se difuminan. Pero el mundo, su mundo, también parece salirse de sus costuras; tanto como parecen estar dinamitándose nuestras propias coordenadas.

-Me interesaba mucho meter nuestra actualidad, esa atmósfera casi apocalíptica cuadraba muchísimo, me hacía falta. La más reciente actualidad resultaba perfecta para crear un clima inquietante, opresivo, así que he introducido lo que está ocurriendo hoy como telón de fondo. Desde las manifestaciones y las cargas policiales, hasta la idea de megaciudad, el clima alterado... Todo forma parte de la trama y de los efectos de lo que les ocurre a los personajes, que cada vez se hunden más, y el mundo exterior se hunde con ellos; y aunque toda la sociedad se derrumba a su alrededor, ellos sólo miran su problema. Hay algo en Kafka que trata esa inversión, darle la vuelta a todo para que lo natural parezca extraordinario y lo normal, fantástico.

-¿Cómo se le ocurrió la idea de la epidemia de "melancovirus"?

-Bueno, eso fue anterior a lo de los suicidios por la crisis y los impagos, así que imagina mi cara...

-"Debo ser Dios"...

-Absolutamente. Escribo un libro en el que la realidad parece algo maleable y pasa esto... Cuando pensé lo del melancovirus, quería plantear lo falso de la realidad que producen los medios de comunicación, y que nos llega a través de ellos. Uno de los personajes, André Bodoc, que trabaja en informativos, se inventa la noticia para dar a entender lo frágil que es el sistema, hasta qué punto pueden fallar los filtros. Y sí es cierto que hay ganas de meter miedo a la gente, miedos pandémicos, como hemos visto. ¿Por qué depresiones? Porque también me parece que es un mal de nuestro tiempo, y el suicidio es algo lógico dentro de un mundo tan decadente, terminar con una realidad que es cada vez más ficticia. Cuadraba con todo.

-Pocos autores de ciencia-ficción o fantástico afirman cultivar el género por evasión, sino cómo un intento de explicación del mundo. Aunque a muchos les pueda resultar raro que para interpretar la realidad se necesiten otro tipo de claves.

-Creo que sí hay autores de fantástico que hacen evasión, literatura maravillosa, de mundos distintos. En el momento en el que estamos creando un mundo alternativo, la dosis de evasión es mayor, porque salimos de nuestro mundo para crear otro. Pero otros autores estamos más dentro del realismo fantástico, en el sentido de que inoculamos la anomalía en un contexto realista. Se trata de un fantástico cotidiano, al estilo de Borges, Cortázar, o en España, Ángel Olgoso, José María Merino o yo mismo. Se parte de unas referencias convencionales y, en un momento determinado, cambias algo, simplemente para trastear. Uno puede pensar que es posible que alguien tenga un sueño recurrente. Parece que es sólo un trastorno del sueño, pero al tiempo te hace empezar a dudar del propio yo, de la identidad personal... se empieza a caer el modelo de realidad. Aquí juego con la posibilidad de que las mentes de dos personas estén unidas, y también pretendo interrogar nuestra realidad, y explorarla: qué pasaría si... Por ejemplo, hay colonias de insectos que funcionan como un organismo vivo, ¿qué pasaría si a nosotros nos ocurriera igual? En estos casos, introducir lo fantástico sirve para desarrollar planteamientos de poso filosófico, no es evasión pura.

-En el libro se plantea el concepto de locura como fisura, literal, de la realidad.

-Pongo ejemplos con anomalías antinatura, como que pájaros de diferentes especies se coordinen en vuelo... Es una forma de retocar los distintos puntos de sutura que tiene la realidad. Ninguno de los escenarios que se plantean es seguro, a veces parece que se juega con la idea de universos paralelos, pero tampoco es ese concepto, aunque la sombra está de fondo. Una de las ciudades, por ejemplo, se podría identificar con Barcelona, pero no se da por seguro. Lo fundamental del libro es la ambigüedad.

-Cuestionar que pudimos ser otro según qué elecciones tomamos tal vez sea uno de los conceptos claves del pensamiento moderno. Un hombre de la Edad Media no se planteaba eso.

-Bueno, hasta cierto punto. Hay relatos orientales anteriores a Cristo que ya planteaban sueños con un doble. Pero he querido aplicarle un filtro moderno, con perfiles más propios de nuestra época. De los protagonistas, por ejemplo, uno lleva una vida desastrosa y el otro no está satisfecho consigo mismo. Sus vidas no tienen sentido, y eso es totalmente moderno. Desde esa postura moderna de incomodidad, introduzco también otros tipos de malestares, depresión, estrés, desmotivación, redes sociales... El siguiente punto era lógico, dudar de esa identidad y darle otra vuelta, porque no sabemos lo que es ni la identidad ni la memoria, ni podemos estar seguros de nuestros sentidos.

-¿Por qué la cuestión de la otra criatura, o del doble, y de la realidad inquietante, que no es lo que parece, pareció abundar en el XIX? Jekyll & Hyde, Dorian Gray, Otra vuelta de tuerca, La piedra lunar, incluso el mito de Edward Mordrake...

-Quizá se tomó más consciencia entonces de esas cuestiones. Precisamente, para no repetir, en vez de dos personalidades integradas en un individuo, introduzco la duplicidad: son dos personas completamente distintas pero unidas como las dos caras de una moneda. Los problemas que se pueden plantear hoy día también son distintos: la novela de Stevenson presenta un problema moral, que plasma las cuestiones de represión, ego, subconsciente... que ya estaban palpitando y eclosionarían luego con Sigmund Freud.

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