Javier Castillo | Escritor “La literatura comercial hace que la gente lea más, y eso nunca es malo”

  • Tras despachar 300.000 ejemplares de ‘El día que se perdió la cordura’ y ‘El día que se perdió el amor’, el autor publica el próximo día 14 ‘Todo lo que sucedió con Miranda Huff’

Javier Castillo (Málaga, 1987), con un ejemplar de su nueva novela, a punto de subir al tren de Cercanías que cubre el trayecto entre Málaga y Fuengirola. Javier Castillo (Málaga, 1987), con un ejemplar de su nueva novela, a punto de subir al tren de Cercanías que cubre el trayecto entre Málaga y Fuengirola.

Javier Castillo (Málaga, 1987), con un ejemplar de su nueva novela, a punto de subir al tren de Cercanías que cubre el trayecto entre Málaga y Fuengirola. / Javier Albiñana (Málaga)

Esta historia versa en gran medida sobre números, así que más vale hacerse una idea. Si el libro que cada año se publica en España con una mayor tirada, el ganador del Premio Planeta, llega a las librerías con una primera edición de 50.000 ejemplares, la tercera novela del escritor Javier Castillo (Málaga, 1987), Todo lo que sucedió con Miranda Huff (Suma de Letras) saldrá a la venta el próximo jueves 14 de marzo con una tirada de 100.000 y una abultada orden de preventa en numerosos países de todo el mundo, lo que de hecho ha puesto a prueba la capacidad volumétrica del grupo Penguin Random House en España. De modo que Castillo, admirado por escritores de similar tirón como Joël Dicker y comparado con referentes como Stephen King, ostenta por derecho el trono de la liga best seller en lengua española. Sus dos primeras novelas, El día que se perdió la cordura (2017) y El día que se perdió el amor (2018), publicadas en el mismo sello, han despachado más de 300.000 ejemplares hasta el momento y han constituido un fenómeno editorial sin muchos precedentes a este lado del charco. La primera ha arrasado en las listas de ventas de Italia, México, Colombia, Argentina y Portugal, además de España, y prepara su próximo desembarco en Turquía, Corea y Japón (“En las presentaciones en Costa Rica nos encontramos una media de quinientas personas por librería durante tres días seguidos. Fue una locura, pero al mismo tiempo la posibilidad de irte a otro país al otro lado del mundo y comprobar que tanta gente te sigue y te lee te deja sin palabras. En México pasó lo mismo. Es muy sorprendente. Ahora tengo mucho curiosidad por saber cómo funcionará en Japón, cómo van a responder lectores a priori muy distintos”, apunta el autor al respecto).

Pero toda historia tiene un comienzo: hace cinco años, Javier Castillo trabajaba como asesor financiero y cubría diariamente el trayecto de Fuengirola a Málaga en el tren de Cercanías. En lugar de la consabida cabezada, nuestro hombre decidió aprovechar aquellos viajes durante año y medio para escribir El día que se perdió la cordura. Cuenta Castillo que nada más darla por terminada imprimió cuatro copias y las envió a otras tantas editoriales, aunque tan corta resultó ser su paciencia que aquella misma noche la publicó por su cuenta en Amazon. Cuando el best seller ya se había consumado desde la plataforma virtual con más de 40.000 ejemplares vendidos y la atención ganada de propios y extraños, Penguin Random House llamó a su puerta con las consecuencias ahora celebradas. Eso sí, Castillo, que pudo dejar con gusto su trabajo para dedicarse en exclusiva a la literatura, escribe ahora cada día en una biblioteca pública de Fuengirola siempre que las campañas de promoción no le pillen en un continente distinto (“Tengo dos niños pequeños, uno de cuatro meses, así que en casa lo tengo francamente difícil para concentrarme”, explica). Y ante la inminente publicación de Todo lo que sucedió con Miranda Huff, accede a la invitación de este periódico a volver a completar el viaje entre Málaga y Fuengirola en el mismo Cercanías, escribir un rato y conversar a bordo para esta entrevista, concedida en primicia antes de la aparición de su novela.

"Mi nueva novela trata, esencialmente, sobre una mujer que es capaz de decir ‘basta’ y contar su historia"

Aunque sin renunciar a su querencia al thriller, Todo lo que sucedió con Miranda Huff plantea diversas novedades respecto a su díptico de debut más allá del título. La extraña desaparición de una mujer en una cabaña en medio del bosque conduce a su marido, un guionista de Hollywood de medio pelo, a una búsqueda desesperada y poblada de misteriosos personajes en la que nadie parece decir la verdad. Miranda Huff es un libro de una profundidad psicológica mucho mayor que sus predecesores, con pasajes que evocan tanto el mayor esplendor del género como al David Lynch más alucinado.

-¿Cómo se gestiona la presión a la hora de escribir una tercera novela tras el éxito descomunal de las dos primeras?

-Cuando empecé a escribir Miranda Huff tenía la sensación de que me jugaba mucho, sí, pero a la vez guardaba esta historia en la cabeza desde hacía tiempo y quería contarla. Al final, cuando eres escritor te das cuenta de que lo único que controlas es el libro: no controlas las ventas, ni las listas, ni cómo va a mantenerse en las librerías, no tienes ningún poder sobre nada de esto. Lo único que está a tu alcance son los personajes, la historia y el ritmo. Pero una vez que asumes eso, lo que obtienes es una gran sensación de libertad. Comprendes que puedes hacer lo que te gusta sin pensar en quién va a leer después lo que escribas. En este caso, tenía claro que quería contar una historia que pudiera gustar a mucha gente y que al mismo tiempo contuviera un mensaje. Y el mensaje está ahí, muy claro, muy bonito y a la vez duro.

-Desde una perspectiva general, Miranda Huff trata sobre una mujer que hace lo imposible para contar su propia historia.

-Sí, la protagonista intenta poner pie en pared con su vida para contar su verdad, y esta verdad está confrontada con la que sostiene su marido. Pero en este duelo el lector descubre mucho de los dos. La novela toca diversos temas, el cine, la creación artística puesta por encima de la vida y la muerte; pero el principal es éste.

-¿La considera usted una novela feminista?

-Sí, desde luego. Entre otras cosas, esta novela trata sobre una mujer que es capaz de decir “basta”. De reivindicar su libertad vital, profesional y sexual, de hacer todo lo que quiere hacer. Hay un empoderamiento, si quieres, en la figura de una mujer que está siendo pisoteada poco a poco pero que decide rebelarse, poner freno a este menosprecio y contar su verdad, aunque sea distinta de la de su marido. En el libro, Miranda Huff parece más una sombra que un personaje, porque de hecho su presencia es muy limitada y su desaparición es la que desencadena los acontecimientos. Pero esta sombra me bastaba para transmitir esta idea respecto a ella.

-¿La decisión de mantener a la protagonista en la sombra le ha obligado a cambiar las reglas del juego del suspense?

-Así es. La cordura y El amor, que me siguen gustando mucho, responden más al arquetipo del thriller, hay un recurso del suspense por el suspense. Aquí, tal vez más cerca del thriller psicológico, el suspense va conduciendo poco a poco a la revelación de una verdad con la que quiero conmover al lector, tocarle el corazón. Porque detrás de esa verdad hay una historia de lucha, de superación, de no dejarse anular y reivindicarse.

-¿Han cambiado sus referentes a la hora de crear los personajes con ese carácter introspectivo y su mayor carga psicológica?

-No, la verdad es que no. Siempre he leído de todo, voy probando a autores nuevos, pero nunca he tenido la sensación de que lo que leía estaba influyendo de alguna forma en lo que estaba escribiendo en ese momento. Cuando escribí La cordura, lo que me apetecía fundamentalmente era divertirme introduciendo giros, jugando un poco con el lector al despiste. Allí había 86 capítulos con ochenta giros. Aquí hay cincuenta y pocos capítulos y también hay abundancia de giros narrativos, pero son psicológicos, no de acción. Para enganchar al lector he recurrido a la duda continua de los personajes, la he expuesto y la he proyectado. Es una manera distinta de escribir un thriller. Pero estoy muy contento con el resultado.

"El mayor error que puede cometer un escritor es expresar una idea simple en una frase muy compleja"

-¿Es usted un escritor de mapa o más bien de brújula?

-Yo lo planifico todo antes. Para cuando empiezo a escribir ya tengo bastante claro el camino que voy a seguir. Pero luego, claro, introduzco pequeñas modificaciones conforme voy escribiendo. Y a veces basta prolongar una frase un poco para revelar un matiz distinto y eso puede tener consecuencias en la trama. Pero en todo caso son cambios ligeros, el final se ajusta siempre a lo que yo tenía en mi cabeza de antemano.

-Entonces, ¿estaba asumida de antemano la premisa de escribir una novela distinta de las dos anteriores, al menos en el fondo?

-Sí. Es que además sería difícil hacer la misma novela por tercera vez. La cordura y El amor mantienen el mismo ritmo, los mismos elementos, el mismo tipo de narrador, la misma voz interior, prácticamente la misma historia... En Miranda Huff hay dos narradores que cuentan dos versiones distintas de los mismos hechos y otro narrador en tercera persona que relaciona la trama del pasado y la del presente. Pero es que, insisto, haber escrito de nuevo la misma novela con los mismos códigos habría sido muy, muy difícil.

El autor, a bordo del tren, en plena evocación de la escritura de su primera novela. El autor, a bordo del tren, en plena evocación de la escritura de su primera novela.

El autor, a bordo del tren, en plena evocación de la escritura de su primera novela. / Javier Albiñana (Málaga)

-En alguna entrevista anterior ha afirmado usted que sus objetivos no son literarios, que sólo quiere contar historias y entretener.

-Tengo la sensación de que cada vez se lee menos, fundamentalmente porque hay alternativas de ocio muy potentes y muy accesibles. A mí mismo me apasiona leer, pero hay noches en las que vuelvo a casa cansado y lo que me apetece es ver una serie o una película. El mundo de internet está lleno de luz y color, mientras que una novela, sobre todo si es lenta y reflexiva, requiere un poco más de esfuerzo, aunque luego al final la satisfacción sea mayor. Dicho esto, creo que el mayor error que puede cometer un escritor es contar una idea simple en una frase muy compleja; lo verdaderamente meritorio es contar una idea compleja en una frase simple. Y una fase simple siempre va a ser más fácil de leer. Mis correcciones pasan siempre por simplificar el lenguaje para hacer la novela más accesible, para que sea lo menos densa posible. La gente también necesita libros que sean fáciles de leer para desconectar. Entonces, mi objetivo es entretener: entretenerme escribiendo y entretener a la gente para la que escribo. No me interesa escribir párrafos larguísimos sin signos de puntuación, sino que llevar al lector a una emoción concreta. Que el lector coja el libro con ganas, sin tener que hacer un esfuerzo.

-Pero, ¿ha percibido algún prejuicio desde el sector editorial hacia la novela de género, algún reproche por su presunto menor valor artístico o literario?

-Sí, aunque la verdad es que nunca he entendido por qué. En su tiempo, Dickens era considerado un escritor de folletines y hoy es un referente claro en la historia de la literatura. Lo que sí sé es que los libros de género y la literatura comercial hacen que la gente lea más. Y eso nunca es malo. Es importante que haya libros para todos los gustos, así que tiene que haber libros para esa gente a la que le gusta sentirse enganchada a una lectura con facilidad. Además, esta literatura comercial es la que empuja a todo lo demás. Cuando sale un best seller importante, al mes siguiente se registra un aumento general de las ventas de libros, en todos los géneros. Es útil y además entretiene.

-¿Tener muchos lectores dificulta la relación con ellos?

-Me encanta escribir, pero toda la parte de las firmas y las presentaciones es preciosa. Encuentras historias increíbles en una librería a la que va la gente a contarte cómo y cuándo te ha leído. Los lectores expresan mucho agradecimiento y es un gustazo recibirlo. Además, el contacto con los lectores te permite mantener los pies en el suelo. Escribes para ellos, ése es tu trabajo. Antes los escritores mantenían tal vez una postura más lejana, más retirada, pero ahora es muy distinto. Yo, al menos, firmo ejemplares a todos y cada uno de los lectores que me lo piden en las presentaciones, aunque nos cierren la librería y montemos la cola en la calle. Es lo que tengo que hacer, pero además me encanta hacerlo. ¿Hay algo mejor que reunirse en una librería a hablar de libros?

-Respecto a la calidad de guionista de Hollywood del protagonista de su novela, ¿se trata de un palo que le gustaría tocar?

-Me interesa mucho el mundo del cine, desde luego. Hollywood es un ámbito propicio para el thriller. Y me atrae especialmente esa idea de arrebato absoluto que convierte a una película en algo más importante que la vida misma. Eso está muy presente en la novela. Respecto a los guiones, bueno, me gustaría ver alguna adaptación de mis novelas, pero la verdad es que no es lo mío. Preferiría dejarlo en manos de un experto.

-¿En qué situación se encuentra, por cierto, el proyecto para convertir sus dos primeras novelas en una serie de televisión?

-Bien, aunque estas cosas llevan su tiempo. Hay una intención decidida en hacerlo, aunque quienes lo promueven están buscando financiación. De todas formas, espero poder dar pronto buenas noticias sobre este asunto.

-¿Qué firma se va a hacer cargo de la producción?

-Lo siento, pero no puedo decirlo.

-Volvamos a usted. ¿Qué escritor le gustaría ser en el futuro?

-Tengo claro que seguiré escribiendo. No sé si publicando. Me apasiona escribir, pero hay muchos escritores que no encuentran editorial. En todo caso, tengo la ilusión de dedicarme a esto durante mucho tiempo, igual que cuando tenía catorce años. Dios dirá.

-¿Es ahora el escritor que quería ser cuando tenía catorce años?

-La verdad, no lo sé. Escribo lo que me gusta, pero si pienso en mi siguiente libro pienso al mismo tiempo que sigo en deuda con la gente que me lee. Espero, en todo caso, hablar contigo dentro de veinte años y confirmarte que el viaje valió la pena.

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