Programados para crear | Crítica

Máquina y albedrío

  • En 'Programados para crear', el matemático Marcus du Sautoy establece las diferencias y los límites entre la inteligencia artificial, hoy muy avanzada, y el carácter autógeno de la creatividad humana

El matemático y divulgador londinense, Marcus du Sautoy El matemático y divulgador londinense, Marcus du Sautoy

El matemático y divulgador londinense, Marcus du Sautoy

Un viejo miedo de la humanidad, la replicación mecánica de la inteligencia, es el que se aborda en esta obra de Du Sautoy, a la vista de los últimos logros algorítmicos. Unos logros que se infiltran en la realidad más inmediata del ciudadano (la música, la publicidad, los videojuegos), pero que señalan a una doble limitación, al doble extremo en que se ha movido, hasta el momento, la inteligencia artificial: el test de Turing y la Singularidad de Vinge. O lo que es igual, la coherencia o no de una máquina al responder una encuesta, y ese punto exponencial de las computadoras que, una vez ultrapasado, abre la posibilidad de un mundo regido por las máquinas, como el que se fabula en 2001, odisea en el espacio y en Terminator.

Algoritmos publicitarios de Cambridge Analytica influyeron sobre el electorado británico, promoviendo el brexit.

¿Pueden, entonces, las máquinas ser creativas? Para contestar esta cuestión, Du Sautoy ofrece numerosos ejemplos tomados de la industria informática que hoy nos abruma con sus logros. Ya sea la configuración de juegos que aprenden de sus errores, ya sean programas capaces de componer canciones comerciales, replicar un cuadro o escribir notas de prensa con elegante desgana. También es el caso de los algoritmos publicitarios que, como en el affaire de Cambridge Analytica, influyeron sobre el electorado británico, promoviendo el brexit. Toda esta inteligencia artificial, capaz de rectificarse y alumbrar nuevas soluciones (con mayor rapidez y audacia que los humanos), ha ampliado sustancialmente el mundo que hoy conocemos. La diferencia última, para Du Sautoy, no reside tanto en la creatividad de las máquinas, cuanto en el viejo problema del albedrío, que puso fuego a la Europa del Quinientos.

Decía Huysmanns -con muchísima razón- que el problema de los robots es nuestra semejanza a ellos. Du Sautoy, por su parte, nos recuerda que la IA crea siempre desde unos presupuestos ajenos. Es ahí donde entra el viejo albedrío humano contra el que batalló Lutero. Cabe la posibilidad, no obstante, sugerida por Du Sautoy, de que llamemos albedrío a un mero proceso que aún no nos ha sido revelado.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios