Petros Márkaris | Escritor "¿Cómo voy a matar a Jaritos? ¿De qué iba a vivir yo entonces, y en plena crisis?"

  • El autor continúa su serie sobre el célebre comisario con 'Universidad para asesinos'.

  • "El personaje no soy yo", dice. "Él no se enfada tanto como yo por los temas sobre los que escribo"

Petros Márkaris, en la Fundación Tres Culturas. Petros Márkaris, en la Fundación Tres Culturas.

Petros Márkaris, en la Fundación Tres Culturas. / Salomón Cejudo

Para conocer los recodos de la Grecia de hoy hay dos vías de acceso. Por un lado convendría leer la Historia de Grecia de Richard Clogg. Aquí se nos muestra la cara más prosaica de un país casi vulgar. Nada de mitos. Nada sobre Micenas y Troya. Nada del fulgor alejandrino. Sólo la Grecia social y cainita, demediada de hecho por la guerra civil que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Se incluye, por supuesto, la Grecia de los grandes carajales políticos, desde su liberación de los turcos hasta el meteorito –ahora mojado– de Syriza.

La otra vía es la que aporta Petros Márkaris (Estambul, 1937), el creador de la saga en torno al comisario Kostas Jaritos. Márkaris acaba de presentar en Sevilla, invitado por la Fundación Tres Culturas, la última novela de su larga serie de negro perfume griego. Universidad para asesinos es el título número doce. No será el último. El autor, que frisa los 82 años (pero se le ve de buen porte y vitalísimo), ya tiene hasta título para Jaritos 13: La edad de la hipocresía.

Por decir algo, ¿le caerá un tiesto encima a Jaritos o sufrirá alguna fatalidad más sutil? Márkaris sonríe. "Me han preguntado muchas veces que cuándo voy a poner fin a mi serie. Pero desde la crisis griega ya respondí diciendo que cómo iba a matar a Jaritos. ¿De qué iba a vivir yo entonces y en plena crisis? Jaritos seguirá", comenta jocoso a este periódico.

En el ámbito doméstico también hay novedades: Jaritos y su mujer van a ser abuelos

Quien quiera conocer los turbios enredos de la Grecia actual debe leer a Márkaris. Universidad para asesinos desvela las tóxicas conexiones entre el mundo de la cátedra y el salto a la política. Jaritos regresa de unas vacaciones en la zona norteña del Epido, su tierra natal. A su vuelta a Atenas conoce que su admirado-odiado superior, Guikas, va a jubilarse. Mientras se dirime si él es o no el perfil idóneo para suplir al jefe, se produce lo obvio en las novelas de Márkaris. Hay cadáver.

En esta ocasión se trata de un ministro del Gobierno, antiguo profesor de Derecho, que aparece muerto, asesinado por una tarta envenenada. "Este personaje muere porque es un glotón en doble sentido. Y el asesino lo sabe. La avaricia personal y la glotonería por los dulces van juntos", dice Márkaris. El lector habituado a la serie recordará que los pasteles con veneno dejaron ya sus buenos fiambres en Muerte en Estambul.

El autor critica el hábito que lleva a muchos profesores de universidad a convertirse en celebrities que saltan de los claustros a la política en busca de fama mediática. Y luego, pasado un tiempo, vuelven a las aulas sin el menor pudor. "En Grecia la relación entre política y universidad surgió con la resistencia de la Politécnica en la dictadura de los coroneles. A partir de ahí toda una generación hizo del poder político, sindical y universitario una especie de lobby. Fue muy frecuente durante la etapa del Pasok."

Petros Márkaris. Petros Márkaris.

Petros Márkaris. / Salomón Cejudo

En otras palabras Márkaris nos viene a decir que hoy por hoy hay quien sigue tocando poder por medio de la nostalgia y el postureo. "En Grecia hay un sistema de puertas principales y traseras que hace que se salga y se entre de nuevo de la universidad. Yo no acuso a ningún profesor porque quiera ser político. Pero sí resulta nefasto que deje tan desvalidas las aulas en su ausencia. En el sistema griego no se suplen estas ausencias. Quienes lo pagan son los alumnos".

En España esta situación podría traducirse por las famosas "puertas giratorias". Un ministro o una ministra, profesores o no, alcanza su escaño azul. Cuando acaba la etapa se les concede a menudo alguna sinecura en forma de consejo de administración en un ente público o privado de postín. "Aquí en España –comenta Márkaris– me han hablado de estas puertas que van más allá del ámbito de la universidad".

Pero volvamos al tipo entrañable: Kostas Jaritos. "Al comisario le gusta involucrarse en los temas sensibles de su tiempo. El que aborda esta novela lo es", afirma Márkaris. Como queda dicho, entre cadáver y cadáver el comisario se halla en una especie de promoción interna para ocupar el cargo de su jefe Guikas. Y, como siempre, Jaritos mantiene el temple y suelta alguna que otra frase para el mármol.

En la novela hay críticas veladas. Leemos que hay que distinguir entre eruditos e intelectuales. Los primeros son los que viven en el tiempo lento, en bibliotecas, entregados al cacumen. Pero los llamados intelectuales, como muchos de los que trepan de la cátedra a los partidos, son los que hablan de todo y saben de todo. Traducido a la española, serían lo más parecido a un tertuliano de radio y televisión.

En el ámbito familiar de Jaritos sucede todo un acontecimiento. El comisario y su mujer, la también inefable Adrianí, van a ser abuelos. Su hija Katerina les concede este estatus. "No creo que vea a Jaritos recogiendo a su nieto en la guardería. Adrianí no lo dejaría. Aparte, en la Grecia más tradicional rige la idea de que hasta que la criatura no alcanza el año de vida la mujer es quien se ocupa de ella únicamente". No es una muestra de patriarcado mediterráneo. Es que es como si oyéramos ya a Adrianí decirle a su marido que no estorbe con el nieto y que se dedique a sus cadáveres.

"No acuso a ningún profesor porque quiera ser político, pero deja desvalidas las aulas. Su plaza no se cubre"

Se le suele preguntar a Márkaris por lo que él tiene de Jaritos y viceversa cada vez que publica una novela de la serie. "Yo no soy Jaritos. Él no se enfada tanto como yo por los temas sobre los que escribo. Él es el policía que resuelve los problemas griegos que tanto me hacen enfadar". No obstante, el rapto agrio de Márkaris es pasajero. Su retranca al griego modo es marca de la casa.

Aparte de la saga del comisario Jaritos, del que se destaca su Trilogía de la crisis (Con el agua al cuello, Liquidación final y Pan, educación, libertad), Petros Márkaris también es un autor extramuros de su famosa serie negra. La espada de Damocles es un estupendo ensayo que da lumbre a la sociedad griega de las últimas décadas. Como literatura viajera, Próxima estación, Atenas recorre la bulliciosa capital a través de un viaje en metro que recorre los distintos estratos sociales y del tiempo en un total de veinticuatro paradas.

Libros, en fin, imprescindibles. Lo propio en un autor de veras imprescindible. Larga vida a Márkaris-Jaritos.

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