Casas vacías | Crítica La materia oscura

  • La mexicana Brenda Navarro reproduce con destreza en su primera novela el dolor de una madre por la desaparición de su hijo autista

La escritora Brenda Navarro (Ciudad de México, 1982). La escritora Brenda Navarro (Ciudad de México, 1982).

La escritora Brenda Navarro (Ciudad de México, 1982).

Casas vacías hace referencia a la mujer, a su arquetipo de envase reproductor, meramente funcional, que se deseca sentimentalmente tras de cumplir su cometido; incluso si dicha función no se ha cumplido o se malogra. La historia que centra esta novela abunda en esa figura, cuya soledad podríamos definir como estructural, y por lo tanto obsede la particular naturaleza de sus protagonistas. Sin embargo, la amarga eficacia de esta novela reside en el carácter, desventurado y libérrimo, de sus personajes. Y en mayor modo, en la destreza con que la autora ha sabido reproducir, no las plurales adversidades de la maternidad, sino una orfandad más vasta o más sencilla, cual es la soledad que penetra a sus criaturas.

La historia que se recoge en Casas vacías es la historia de un secuestro. El secuestro de un niño autista por una muchacha que sueña con ser madre. A partir de ahí, nos adentramos tanto en la atormentada personalidad de la madre, como en el atribulado microcosmo de la secuestradora. También en la intimidad de otros personajes secundarios, que sin embargo triunfan sobre la tiranía del hijo ausente/presente, cuya sombra devora a las protagonistas. No reside ahí, en todo caso, la clave literaria de esta novela. Y ni siquiera su clave dramática.

Portada del libro. Portada del libro.

Portada del libro.

La pericia de Navarro en Casas vacías guarda más relación con la paciente compostura de una imagen del dolor (un dolor trenzado por el deseo, la culpa, la ternura, la desesperanza y el odio). Y ello es válido tanto para quienes se abisman en la aflicción, como para quienes deciden sobrevivir al infortunio.

Navarro dispone, pues, de una acusada habilidad para exponer los mecanismos anímicos por los que alguien se lacera, se destruye, se reprime o se inculpa; mecanismos entendidos como motor último del ser humano, y que operan como impulso y materia oscura, fluctuante, de cualquier vida. En tal sentido, Casas vacías es una incómoda novela sobre la libertad. Sobre el modo en que cada uno escoge abrazarse, en abrazo tenaz, a la desdicha.

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