Francisco Bejarano. Poeta

"La poesía ha llegado como un deseo al que he correspondido"

  • Recién cumplidos los 70 años, el escritor repasa su vida y su obra desde su particular santuario: su casa en Jerez de la Frontera.

-¿Ha celebrado de alguna manera su cumpleaños?

-No. Los días son para mí iguales todos y no me gusta que me destrocen la rutina. La rutina da un equilibrio y una templanza y un bienestar al que no voy a renunciar ya el resto de mi vida.

-¿En qué momento se encuentra ahora con respecto a su obra?

-Con la poesía he tenido siempre una relación bastante complicada. O nada complicada, según se vea. No la he buscado nunca. La poesía ha llegado como un deseo al que yo he correspondido. Pero cada vez pasa más tiempo entre el momento en el que eso se produce y el siguiente. Además, ya he escrito la suficiente poesía como para arrepentirme del ochenta por ciento.

-¿Del ochenta por ciento?

-Bueno, no es un arrepentimiento exactamente. Es más bien que no me reconozco ya en muchos de mis poemas. Luego quedan otros de los que me siento bastante satisfecho, porque tengo la sensación de que no los he escrito yo.

-Siempre ha tenido un mundo poético muy personal.

-No, yo escribía sobre lo que me gustaba leer. Sobre lo que me gustaría haber leído en otros y no encontraba. No sé si eso es una respuesta pretenciosa pero es así.

-¿Empieza entonces a escribir impulsado por sus lecturas?

-Sí, yo leo desde que tengo uso de razón. Cuando lees mucho tú también quieres escribir, te sientes inclinado. Luego, ya de adolescente y joven, seguí escribiendo para justificar mi vida. Para que mi vida tuviese un sentido.

-¿La literatura ha sido su forma de vida?

-El ser autor de libros hizo que mi trabajo estuviera relacionado con la literatura, pero no vivía para la literatura, no. La literatura yo la he tomado siempre como un adorno de mi vida. Mi verdadera vida son los libros, salir a pasear, hablar con los amigos, rebuscar en las librerías y en los chamarileros. Lo que la literatura tiene de vida verdadera. La literatura es una manquedad: la persona que se dedica a escribir es porque la vida no es suficiente para darte una satisfacción y entonces tú recreas la vida escribiendo y la recreas como tú quieres que sea, no como es realmente.

-Nunca tuvo prisa por publicar.

-Yo no tenía por qué escribir un libro todos los años, ni siquiera escribir poesía todos los días. Venían rachas de predisposición, y entonces escribía.

-¿Y ahora?

-Ahora estoy dedicado al arreglo y expurgo de mi biblioteca. El destino se cumple. Yo quise siempre heredar una gran biblioteca para ordenarla y he heredado mi propia biblioteca. De todos modos, el destino propio, cuando se cumple, no tiene mucha gracia.

-Durante mucho tiempo su casa estuvo abierta a escritores jóvenes que han aprendido mucho de usted.

-Y no está cerrada. Lo que pasa es que en los escritores jóvenes tienes que ver un destello de inteligencia y de talento. Mi casa la abro a quien llama pero no quisiera verme como en otra época en la que tenía que rechazar a demasiada gente que no tenía ese destello. La mayoría de los poetas que yo conocí cuando no habían publicado nada o muy poco, en los que yo creí, han respondido a la fe que puse en ellos. Pero no me he sentido un maestro en el sentido clásico del término, sino que he sido una especie de guía para ahorrarles tiempo.

-Su labor cultural en Jerez ha sido muy importante. También como director de publicaciones como la revista Fin de Siglo.

-Fue una especie de renacimiento fugaz. Se murió Franco y todos pensamos que íbamos a entrar en una normalidad europea. Y, sí, hubo esa normalidad y se hicieron buenas revistas, buenas colecciones de libros. Eso duró desde el 78 al 90. Un decenio. Pero luego hubo un auge de un neo-izquierdismo de vocación totalitaria que todavía está y tiene el poder en muchísimos sitios. Hemos vuelto a la misma pobreza intelectual de los últimos tiempos de Franco, curiosamente. Con Franco lo bien visto era ser hombre de orden, católico, etcétera. Ahora si no eres todo lo contrario, si no pitas la bandera española, si no juzgas la historia pasada como si hubiera ocurrido ayer, si no usas el castellano de manera espantosa, eres sospechoso de la misma manera y con las mismas consecuencias que cuando eras sospechoso en el último tiempo de la dictadura.

-En esos diez años Jerez estaba despuntando en cuanto a actividad literaria y usted tenía mucho que ver con todo eso.

-Yo tenía que ver todo porque yo era el que daba la norma, digamos. Decidía quién publicaba en la revista y quién no. Los políticos entonces eran también de otra manera: se les explicaba que el director de una publicación tiene que ser el que se equivoque, para bien y para mal, y lo entendían. Naturalmente, a cambio tenía la animadversión de las personas a las que les decía que no.

-¿Es un momento de su vida que recuerda como especialmente bueno?

-Los momentos buenos de mi vida han sido dos: la infancia hasta los 8 años o los 9 y desde que me jubilé hasta ahora. Aquellos fueron buenos tiempos porque conocí a lo mejor de la poesía española y a algunos los traté bastante. Y también a escritores de mi misma generación. Y a los que me siguieron. Gente talentosa.

-¿Cuáles son los rasgos fundamentales de su poesía?

-Aunque sea un tópico, se canta lo que se pierde. Hay dos cosas que, inconscientemente, están en mi poesía: una es que el mundo aparezca como debe ser, no como es. Que yo aparezca como me gustaría ser, no como soy. Y cantar lo irrecuperable.

-¿Con qué libro se siente más identificado en estos momentos?

-Seguramente, con Las tardes en su conjunto. Pero en El regreso hay poemas que a mí me gustan muchísimo.

-¿Y ahora qué escribe?

-Nada, nada.

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