Medio siglo con Borges | Crítica

El príncipe oscuro

  • Vargas Llosa recoge, en un breve y excelente volumen, todas sus aproximaciones a la figura de Borges (entrevistas, notas, artículos, ensayos), desde el comienzo de la década de los 60 del siglo pasado

Un Borges anciano, rodeado de una de las posibles formas del laberinto Un Borges anciano, rodeado de una de las posibles formas del laberinto

Un Borges anciano, rodeado de una de las posibles formas del laberinto

Cuenta d'Ors, en El Valle de Josafat, que Maquiavelo, en su exilio de San Casiano, “se engalanaba con un traje de Corte” para entrar en la biblioteca, caída ya la noche. Esto mismo lo refiere Vargas Llosa, actualizado al XX, de Jorge Luis Borges; el ceremonioso lustre con el que el argentino, de chaqueta y corbata, recibía al escritor peruano para tratar de literatura. Esto es, precisamente, lo que recoge Medio siglo con Borges: los encuentros y aproximaciones de Vargas Llosa a la obra literaria de Borges, sin orillar la cuestión política que acaso le arruinara, al final de su vida, el acceso al Nobel.

En la revista femenina El Hogar, Borges daría pruebas tanto de su imparidad literaria como de su valioso arrojo personal

Según Vargas Llosa, fue la naturaleza impolítica de Borges y su circunstancial asentimiento al militarismo argentino, lo que orilló su defensa de la democracia durante la II Guerra Mundial. En este sentido, y recordando la decisiva postura de Borges contra el nazismo, Llosa señala un aspecto borgiano de superior importancia: sus excepcionales dotes críticas, exhibidas en los artículos que escribió para la revista femenina El Hogar, y donde Borges daría pruebas tanto de su imparidad literaria como de su valioso arrojo personal. También señalará Vargas Llosa, desde el comienzo mismo del libro, algo que haría célebre Foucault en su prefacio a Las palabras y las cosas: “Este libro nació de un texto de Borges”. Nos referimos a la naturaleza lúdica de la literatura de Borges. Un ludismo que no se ciñe, obviamente, a jugar con la erudición del lector; sino que ultrapasa dicho estadio para convertir la erudición misma en materia literaria de carácter fantástico, a la manera de Addison. Todo lo cual (la concisión, el misterio, la falibilidad y la desmesura del conocimiento humano) encontrará su mejor vehículo narrativo, según Vargas Llosa, en el relato.

Un relato que venía de Lugones, de Apollinaire, de Schowb..., pero que situó el lugar del misterio, la fuente del terror, no en los extravíos de la razón, a la manera romántica, sino en la razón misma y su árida sedimentación académica.

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