De libros

¿Te sientes relajado y disoluto?

  • 'El sentido interrogativo'. Padgett Powell. Trad. Albert Fuentes. Alpha Decay. Barcelona, 2012. 160 páginas. 17 euros.

Dicen los editores que la última ¿novela? -los interrogantes los pone el autor- de Padgett Powell remite a los formidables compendios homónimos de Joe Brainard (Me acuerdo, Sexto Piso, 2009) y Georges Perec (Me acuerdo, Berenice, 2006), y es verdad que El sentido interrogativo comparte con ellos la intención vanguardista, el procedimiento acumulativo o la reconstrucción de la memoria personal -y colectiva- a partir de detalles más o menos intrascendentes, pero el experimento podría asimismo relacionarse con la tradición del nonsense, las constricciones de los Queneau y compañía, las mágicas variaciones de Cortázar o algún poemario de Neruda. También, por aludir a lo más cercano, con aquel estupendo relato -¿El tren para Irún, por favor?- que Hipólito G. Navarro incluyó en su primera entrega.

Hilando preguntas encadenadas pero inconexas, triviales o muy serias, en todo caso arbitrarias y a menudo cómicas, el amigo Powell -norteamericano de Florida, hasta ahora inédito en España- propone un ingenioso juego retórico que puede seducir o abrumar al lector, pero no, como suele decirse, dejarlo indiferente. Habrá quien extraiga del disparatado interrogatorio sesudas reflexiones a propósito de la perplejidad del individuo contemporáneo, la pasión posmoderna por lo fragmentario o la incapacidad del lenguaje para expresarnos del todo, pero tal vez la mejor manera de disfrutar de este ejercicio de estilo sea dejarse llevar por su ritmo vertiginoso y como enloquecido hasta que el cuerpo aguante. A ello, como siempre, ayuda el humor -"¿Estás hoy con el cuchillo entre los dientes o te sientes relajado y disoluto?" (…) "Si estuvieras postrado en una cama de hospital, ¿aceptarías los favores sexuales de una enfermera?" (…) "¿Tienes una opinión concreta a propósito de los leotardos?"-, que no sabemos si cuestiona, como leemos en la contracubierta, "los pilares de la lógica occidental", pero es en todo caso uno de los grandes alicientes del libro, un artefacto inclasificable que asedia, deslumbra, desconcierta y divierte, aunque de vez en cuando exija tomar el aire.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios