Final de la Champions: Real Madrid-Liverpool

Los puñales de la final

  • Cristiano Ronaldo y Mohamed Salah llegan a Kiev como los dos futbolistas más determinantes de esta Champions

Cristiano Ronaldo y Salah Cristiano Ronaldo y Salah

Cristiano Ronaldo y Salah / Grupo Joly

La final de la Liga de Campeones del sábado tendrá uno de sus grandes alicientes en el duelo entre Cristiano Ronaldo y Mohamed Salah, dos astros de cuya determinación dependerá en buena parte el destino del máximo título continental. Será un gran momento para comprobar la dimensión que tienen ambos en clubes históricos como son Real Madrid y Liverpool. Algo pertinaz para el portugués, pero novedoso para el egipcio, recién ingresado en la élite.

Para Cristiano Ronaldo, la cita de Kiev significa una nueva oportunidad de agrandar su leyenda. De ganarla una vez más, sumaría la voluminosa cifra de cinco Ligas de Campeones -cuatro con el Real Madrid y una con el Manchester United-, las mismas que acumulan entidades como el Barcelona, el Bayern o el propio Liverpool en toda su historia.

"Quiero estar bien el sábado, jugar bien y si es posible marcar goles, pero lo más importante es ganar, lo importante es hacer historia", señaló el atacante luso esta semana. Cristiano se inició en una rutina el curso pasado y la ha repetido en el presente. A sus 33 años, decidió racionalizar el uso de su cuerpo y disminuyó minutos durante el resto de la temporada. Y los resultados son explícitos: si a la final de Cardiff llegó como un tiro, anotando un total de ocho goles entre cuartos de final y semifinales, también a la de Kiev parece llegar en plenitud.

Ronaldo se convirtió este año en el primer jugador en marcar goles en todos los partidos de una fase de grupos de Liga de Campeones. Contabiliza 15 tantos en esta edición del torneo. Por lo que, un año más, su ocaso parece lejano. El idilio del portugués con La Orejona no tiene que ver con la casualidad y sí con la autoexigencia. "En este club no te puedes relajar y menos en esta competición. Desde Gento y Di Stéfano es especial, y a mí, a nivel personal, eso me motiva un montón", explica.

Muy distinta es la historia de Salah, perteneciente a otra generación. A sus 25 años, el egipcio asistió a la temporada de su explosión. Dobló la media de goles de su carrera para terminar firmando 44 tantos en 50 partidos. Diez de ellos llegaron en Liga de Campeones, los mismos que su compañero Roberto Firmino y uno más que el senegalés Sadio Mané, el otro componente del temible tridente del Liverpool.

Apenas mide 175 centímetros de altura, pero posee una rapidez endiablada, enorme facilidad para tirar diagonales y, sobre todo, mucha claridad en la finalización, una claridad de la que carecía unos años atrás. En competición europea, Salah sólo necesitó 41 remates para alcanzar la decena de goles. Ronaldo, en cambio, disfrutó de 79 disparos durante el torneo, lo que le permitió multiplicar su cuota goleadora.

No es de extrañar que el Liverpool haya tasado ya al egipcio en 200 millones de euros, un precio galáctico. Aunque quizás no desmesurado después de cómo se ha disparado el mercado en los últimos años.

Al contrario que Cristiano, cuya capacidad para ser decisivo en las grandes citas está suficientemente acreditada, está por testar si Salah pueda responder en una final de esta magnitud. Aunque la expectación es máxima, él prefiere no pensar en ello. "Para mí, cada partido es sólo un partido y me centro siempre en ganarlo, pero no quiero ponerme bajo presión", manifestó.

Caiga quien caiga el sábado, lo cierto es que en Kiev se reunirán dos de los mejores delanteros del momentos, dos hombres que fueron decisivos para llevar a sus respectivos equipos a la final de esta Liga de Campeones. Además, en el camino a ésta ambos grabaron momentos de colección. En el caso del luso, su gol de chilena en Turín, que arrancó el aplauso unánime del público juventino. En el caso del egipcio, su exhibición ante la Roma en Anfield, en la ida de la semifinal. En apenas diez minutos, Salah dejó a los italianos en la lona en un par de contragolpes que resolvió con el temple de un crack.

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