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España se pasea en París

  • Los hombres de Vicente del Bosque ganaron con total comodidad a una Francia que era castigada por su público con "olés" Villa y Sergio Ramos fueron los autores de los goles

España dio ayer un nuevo golpe de autoridad al vencer por 0-2 en su visita a Francia, en un partido amistoso que confirmó la tendencia de los dos equipos: el ganador sueña con conquistar el Mundial de Suráfrica y el perdedor está en depresión.

Villa y Sergio Ramos marcaron en la primera parte los goles que reflejaron la incontestable superioridad de España, que ganó en Francia por primera vez desde 1968. A la hinchada local sólo le quedó pedir a gritos la dimisión de Raymond Domenech, su seleccionador.

España jugó con lo previsto, salvo por la incorporación de Cesc Fábregas en lugar de Xavi, quien se recupera de una reciente lesión y no fue forzado en la alineación inicial. Arriba quedó Villa en solitario, un dibujo táctico que le gusta mucho a Vicente del Bosque.

Y España dominó el balón desde el comienzo, aunque no lo distribuyó con la brillantez que acostumbra. Varios jugadores parecieron contagiarse del frío existente tanto en campo como en la grada.

Francia aguantó bien en defensa. Otra cosa fue lo que hizo cuando disponía del balón, que fue muy poco porque le falta un plan de ataque. Todo lo resume en golpear la pelota hacia arriba y que alguno de sus delanteros pesque algo con su inspiración. Un recurso pobre ante un rival como España.

El combinado de Del Bosque se adelantó a los 21 minutos, contando también con la fortuna. Iniesta intentó dar un pase a Silva, pero el envío cayó en las botas de Villa, quien aprovechó el agujero de la defensa francesa para superar la salida desesperada de Lloris. El delantero del Valencia sigue en plena forma.

España pasó a jugar desde ese momento sin prisas, sintiéndose superior a una Francia que quedó en evidencia cuando se vio obligada a buscar el gol. Se escucharon los primeros abucheos hacia Domenech, a quien el pueblo francés no traga. También se llevaron los suyo jugadores como Henry o Gourcuff.

La selección visitante seguía a los suyo, jugando con la defensa adelantada y esperando otra oportunidad para lanzar un nuevo zarpazo sobre su presa. Éste llegó en el último minuto de la primera parte.

Xabi Alonso recuperó un balón y realizó una gran apertura sobre Sergio Ramos, quien entró en el área con decisión y probó un disparo con su zurda. El balón tocó ligeramente en Escudé y entró en la meta francesa. "Domenech, dimisión", gritaba la grada, ya sin disimulo. Con la bronca llegó el descanso.

Del Bosque exhibió su "fondo de armario" y sacó a la cancha en la segunda parte a Fernando Torres, Jesús Navas y Xavi. Pocas selecciones del mundo pueden permitirse estos lujos. Torres añadió velocidad y Xavi puso su clásico fútbol de toque, permitiendo un dominio mucho más amplio. Y la grada seguía a los suyo: "Domenech, dimisión".

España tocaba en el centro del campo y en el Stade de France retumbaban los gritos de "olé, olé" a cada toque que daban los visitantes. ¡Hasta los franceses aclamaban a España!

Daba la sensación de que España actuaba con misericordia, sin sentirse exigida, sin aplicar una quinta velocidad a sus acciones. Mientras, también existían jugadores franceses próximos a presentar su dimisión, como Ribery o Henry.

Especialmente llamativa fue la retirada de Henry, sustituido a los 67 minutos. Recibió una pitada descomunal, casi ensordecedora. Sonó a final de un ciclo, a un fin de la historia.

Cada cambio de Domenech tuvo su ración de abucheos. Qué drama está viviendo Francia. Sólo el veterano Cisse animó a los suyos, recuerdos de otros tiempos y agradecimientos a sus lesiones con la selección.

Fernando Torres y Jesús Navas, excelentes ambos, tuvieron la oportunidad de completar la goleada, mientras Francia pudo encontrar una excusa con un cabezazo al palo de Malouda.

El partido se marchó sin más discurso que el español, que se llevó un triunfo sencillo y sin la necesidad de emplearse a fondo. Constató sin esfuerzo que su nivel está muy por encima del de Francia, que padece una depresión de diván.

España dio, por tanto, un nuevo golpe de autoridad, un refuerzo de su candidatura a luchar por el Mundial. ¡Y olés en París!

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