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Messi reactiva la emoción

  • El Barça gana un espectacular clásico con un gol del crack en el minuto 92 y caza al Madrid, que aún tiene la bala del partido en Vigo

  • Sergio Ramos, expulsado

Keylor Navas se estira para tratar de detener el disparo de Messi. Era imposible, 2-3. Keylor Navas se estira para tratar de detener el disparo de Messi. Era imposible, 2-3.

Keylor Navas se estira para tratar de detener el disparo de Messi. Era imposible, 2-3. / juan carlos hidalgo / efe

Un recital de Leo Messi resucitó al Barcelona en el Santiago Bernabéu, donde se levantó con grandeza de su eliminación europea y, amparado en el fútbol magistral de su líder, remontó un clásico trascendental ante un Real Madrid que nunca se rindió y acabó probando de su propia medicina en el minuto 92. Los azulgrana dan caza a los blancos en la tabla, pero éstos aún tienen pendiente el partido en Vigo, que se retrasa y se anuncia para muy al final.

A la grandeza de un duelo entre Real Madrid y Barcelona le acompañaba el aspecto decisivo del marcador. Lo convirtió en el clásico del miedo y la especulación en el primer acto y de la belleza y fútbol vertical en el segundo. No había escenario más grande para un madridista que asestar un golpe definitivo a la Liga ante el eterno rival. Y salieron a por ello. Fueron pocos minutos de acelerón pero sirvieron para que Cristiano pidiese penalti derribado por Umtiti y para que Carvajal metiese miedo con sus subidas.

Ter Stegen comenzaba a parar. Le sacaba la primera a Cristiano, feliz con espacios y encarando con ventaja a Piqué para regatear de tacón y probar suerte de zurdazo. El 4-3-3 de Zinedine Zidane invitaba a correr al contragolpe. No le importaba dar el balón al rival. Buscaba atacar con velocidad. Fue la razón por la que optó por Bale y se equivocó.

La presencia de un medio más le habría dado el control, pero forzó a un jugador que no estaba en plenas condiciones de jugar un duelo de alta intensidad. A los 37 minutos se lesiono el sóleo sano, el que forzaba por no cargar el recién recuperado.

La ventaja en la clasificación del Real Madrid le invitó a pensar primero en ser fuerte defensivamente. Reculó en exceso y el partido se situó donde quería Messi, que no se cansaba de buscar a Casemiro y explotar su velocidad. Rompía por el centro y generaba desequilibrio.

El contragolpe era el mejor recurso blanco. Benzema la tenía, Cristiano se topaba con Ter Stegen y una mano abajo salvadora y Bale remataba mal un balón en largo de Kroos. Un golpe de Marcelo con el codo en la boca de Messi apagó por momentos al argentino justo cuando llegaba el gol madridista.

Una vez más a balón parado, con otro saque de esquina de Kroos que despejó Piqué, acabó en centro de Marcelo, remate de Ramos al poste y Casemiro, atento para marcar a placer, explotaba el punto débil de los últimos partidos del Barça. Todo se le ponía en contra. Era el momento de que apareciese su salvador y Messi nunca falla.

En una baldosa se fue de Modric y Carvajal antes de batir con facilidad a Keylor por bajo. Dominador absoluto del clásico, provocaba la reacción cinco minutos después de un golpe directo. Se marchaba Bale y Zidane apostaba por Asensio antes que por Isco. Era la recta final del primer acto cuando, ante la firmeza de Ter Stegen, Leo podía sentenciar y, derribado por Casemiro, en la séptima falta del brasileño, pedía su expulsión y provocaba que fuese el primer cambio de Zidane.

Se repetía en la reanudación la salida en tromba del Real Madrid. El partido se abría y se convertía en un espectacular intercambio de golpes. Alcácer perdonaba la suya, chutando de puntera y provocando la respuesta con un pie de Keylor.

Los porteros se imponían hasta que Rakitic inventó un zurdazo imparable a la escuadra para el 1-2.

Con los nervios a flor de piel llegaba la acción polémica del partido. Ramos entraba duro a Messi, con los dos pies por delante, y recibía una dura cartulina roja a trece minutos del final.

Es cuando aparecía el espíritu de lucha madridista. Prohibido rendirse. Tiró de orgullo. Zidane apostó por James Rodríguez y la fe de Marcelo encontró el premio del gol del colombiano. El Bernabéu era una fiesta que llevó al Real Madrid a olvidarse de que estaba en inferioridad numérica y de que el empate era un buen resultado. Buscó el tercer tanto, que lo tuvo a través de James y Asensio, pero lo acabó encajando en el broche perfecto de Messi.

Keylor había salvado ante Piqué, pero nada pudo hacer cuando la subida de Sergi Roberto no fue frenada en falta por Marcelo y el centro de Jordi Alba lo culminaba con maestría Leo en la última jugada. Veintitrés goles en los clásicos le convierten en el jugador con más influencia de la historia del duelo más grande.

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